|
|
Kameko y William
Historia contada por Eva: Íbamos una tarde paseando por el parque con Golfo, cuando el guarda nos dijo que había una gata que había parido. No podíamos quedarnos con ninguno, así que fuimos hacia el otro parque para ponerle comida. No estaba, nos temimos lo peor, ya que nos dijeron que la habían visto cerca de un desagüe. Seguí yendo a llevarle comida, aunque no la veía, pero sabía que estaba allí, porque me lo habían dicho. Una tarde, fuimos al parque, con la intención de coger algún gatito para ponerlo en adopción, y tras buscar bastante rato, la vi por primera vez. Allí estaba esa mami con sus gatitos, protegiéndolos del frío, de la lluvia, del mal tiempo (había estado lloviendo bastante)…no pude contener las lagrimas, no sabia ni cuantos gatitos eran, pero no podía coger a uno y dejar allí a los demás, me superaba. Le dije a Fran que por favor los cogiera él (ya que el había pensado que mejor coger dos, para que uno no se sintiera solito). Cuando fue a por ellos, que eran 4, dos salieron corriendo, y los otros dos, los más débiles se quedaron allí, quietecitos, junto a su mami, y esos fueron los que cogimos. Cuando los vi, no podía parar de llorar al ver esas dos bolitas pequeñitas. Mi sorpresa fue cuando Fran dijo que eran para nosotros, no me lo podía creer, no pude comer ni siquiera de los nervios que me entraron. Apenas pesaban medio kilo, y les tuve que dar biberón, ya que estaban muy pequeños para su edad y hasta se tambaleaban al andar, vinieron con coccidios.
Poco a poco empezaron a comer pienso y a coger peso y ahora son los gatos más graciosos del mundo. Le dan la lata a Golfo pasándole por encima, tiran el papel higiénico y se quedan extasiados mirando las tortugas. Golfo es un papi para ellos, que los pone firmes cuando se están pasando, pero que también se deja querer. Sus otros dos hermanitos ya están adoptados y ahora solo falta la mami. Kameko se parece a ella, es una gatita mimosa, tranquilita, aunque también le dan los “ataquillos” y se harta de jugar con su hermanito. William es mas “maloso” no para de jugar y de hacer trastadillas, pero es lo más gracioso del mundo. Ahora están felices, cada dia más grandotes. Es curioso como cuando estaban en el parque nadie los miraba, y cuando los cogimos, la gente se paraba para acariciarlos, pero al estar solos la gente ni los veía, dirían: bah! Si son unos gatos callejeros!. Pues estos “gatos callejeros” pueden dar una felicidad que la gente no se imagina, ya que para que te quieran, no hace falta se chato, ni con pelo largo, simplemente ver el cariño que te dan a cambio de nada.
|