La lava negra y vitrosa que se encuentra en los
escarpes de las montañas está formada por capas superpuestas,
las coladas oscuras y basálticas vertidas en la inmensa llanura
al pie del Teide, así como los innumerables conos eruptivos que
se levantan alrededor, ofrecen, ya sea por su color, ya sea por
su forma, un inaudito contraste con las vivas tonalidades de las
rocas próximas, que han sido lavadas y excavadas por las aguas.
El Teide está rodeado en tres de sus caras por paredones
montañosos, conocidos como las Cañadas, y parece surgir de un
profundo circo.
A través de la atmósfera diáfana, se diría que los objetos
pierden sis dimensiones, y, al estar junto a la imponente
montaña, es imposible calibrar la altura de las demás.