En aquella altura es excesiva la sequedad, que
apremia de tal modo la cabeza, que considero (por aquello que yo
mismo experimenté), que nadie podría vivir allí veinticuatro
horas. El pan fresco y otros alimentos que suben arriba, en el
acto se ponen tan duros como piedra; y he visto algunos
campesinos que, para poderlos comer, ponían el pan para
ablandarlo, en los agujeros del fuego, que son en número
infinito en aquella llanura, y también por la parte de fuera, en
dirección del Levante. En esta altura, la tierra es pastosa y
blanda, y de tal naturaleza que, sin darse uno cuenta, enciende
los trajes, si se le acerca demasiado; y en las partes más
secas, teniendo un poco la mano allí, sale agua clara y
caliente.
Encima hay vientos muy fuertes y muy secos, sin ninguna humedad
durante el mes de junio; de lo cual inferí que está en la parte
más alta de la primera región del aire.