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Marx aseguraba que la manera de acabar
con las clases sociales, era paradójicamente,
la instauración de una dictadura
de la clase obrera, y así lo
pretendió teóricamente
Lenin en la revolución bolchevique.
Si bien la realidad fue distinta,
ya que en ningún momento llegó
la clase obrera a gobernar en la URSS,
ni con Lenin ni con su sucesor Stalin.
Lo cierto es que sí hubo una
dictadura y que ésta se alcanzó
gracias a la lucha del obrero y el
campesinado, que surgió más
o menos de forma espontánea
en ciudades y aldeas, creando a su
vez consejos de la revolución
que intentaban derrocar al Estado
para crearlo de nuevo bajo las fórmulas
del marxismo.
Pero estos consejos ciudadanos de
la revolución, o soviets, no
eran del interés de Lenin,
el cual prefería que fuesen
regidos por la élite del pensamiento
marxista. Periodistas, políticos
de vanguardia, intelectuales, y muy
pocos obreros, gobernados por Lenin
desde el exilio, fueron los encargados
de administrar la lucha de clases.
El proletariado había fracasado
en su intento de gobierno, ya que
los soviets, contrarios a las tesis
marxistas, estaban regidos por la
pequeña burguesía que
no tardó en traicionar los
valores del comunismo como se vio
a lo largo de la dictadura imperialista
de la Unión Soviética.
Una vez Lenin en el poder, lejos
de ahuyentar a la burguesía
contra la que el pueblo había
luchado, la absorbió como militares
de alta graduación, patriotas
o técnicos de las ideas, quedando
así la clase obrera relegada
a la producción y explotación,
bajo el yugo de la antigua burguesía,
la que se sustentaba gracias a los
beneficios generados por el proletariado.
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