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LA POBREZA EN CATALUÑA.
Según el último informe
presentado por la Organización
Caritas y la Fundación FOESSA,
un 16,1% de la población catalana
-cerca de un millón de personas-
vive en la pobreza. El informe utiliza
el criterio más aceptado comúnmente
en la Unión Europea, que considera
pobres a "todas aquellas personas
y familias que se sitúan por
debajo del umbral del 50% de la Renta
media disponible neta en el conjunto
del Estado (RDN)". El estudio
revela que en Cataluña la tasa
es inferior a la media del conjunto
del Estado español, pero que
por sus condiciones demográficas,
existe un mayor numero de personas
que sobrepasan el temido umbral. Además,
la provincia de Barcelona tiene el
dudoso merito de poseer el índice
más alto de toda España.
El sentimiento de pobreza se intensifica
en Cataluña, según el
informe, al vivir en un "contexto
socio- económico caro y prospero,
lo que hace más dura su situación".
Los peor parados son los niños
y los jóvenes -menos de 25
años-, los que ocupan el 44,1
% del total de personas pobres en
España, alcanzando el 65% en
el colectivo de la pobreza extrema-
menos del 15% de la RDN-.
Las personas de etnia gitana e inmigrantes,
aunque son una minoría, se
encuentran en desventaja frente a
los demás sectores de pobreza.
El informe recoge también algunos
diagnósticos de relevancia:
-Diferencias abismales entre comunidades
autónomas y provincias, que
tienden a perpetuarse en el tiempo.
-Fenómenos variables que muestran
conexiones con la pobreza, como son
el analfabetismo, la tasa de envejecimiento
de la población y el creciente
desempleo en el sector industrial.
También afirma el estudio que
contrariamente a lo que sostienen
los políticos, primero debe
repartirse "la tarta" y
después aumentarla, ya que
es preciso ocuparse de su distribución
con anterioridad. Remarca que "menores
tasas de pobreza tienden a corresponderse
con valores más elevados del
Producto Interior Bruto".
Este informe demuestra que la realidad
dista mucho de la coletilla popular
añadida a las famosas palabras
de Aznar "España va bien"
"y Cataluña mejor".
Casi un millón de pobres no
es una cosa que pueda tomarse a la
ligera; es una cosa seria y debe abordarse
desde el planteamiento más
sensato y justo que pueda existir.
De momento, la erradicación
de la pobreza no es un asunto que
defienda el gobierno de la Generalitat,
más bien al contrario. Siempre
ha sido algo espinoso, incomodo, una
molestia que han solucionado mirando
hacia otro lado o aumentando el nivel
de efectivos policiales.
El estudio apunta que la pobreza se
da más en las zonas urbanas
que en las rurales. La provincia de
Barcelona tiene la suerte o la desgracia
de poseer mucho urbanismo; un cinturón
que abarca grandes ciudades como son
L´Hospitalet de Llobregat, Cornella,
Santa Coloma de Gramanet, Badalona...
Las inversiones en bienestar social
en este cinturón metropolitano
son escasas, pero aun así no
existe una intención clara
por parte de la Generalitat para remediarlo.
Toman la posición de que es
un asunto menor, un problema de segundo
orden. Son números, estadísticas,
no piensan que detrás de esto
hay problemas personales y conflictos
familiares que necesitan una solución
urgente por parte de las administraciones
publicas.
Es preocupante sin duda, que casi
la mitad de estas bolsas de pobreza
estén representadas por niños
y jóvenes. Y más aun
cuando el informe señala que
los pobres cargan con la mayoría
de los males como el analfabetismo,
las toxicomanías, la delincuencia
y la marginalidad en general.
La ONG Acció Directa, en su
página acciodirecta.com sostiene
que "el cuarto mundo que convive
entre nosotros, no solo es cuantitativamente
importante, sino que es permanente".
Esto indica la dificultad que tienen
en el momento de intentar salir de
ese circulo vicioso que es la pobreza,
y la falta de ayudas que reciben para
lograrlo.
Una mayor inversión de recursos
por parte de las administraciones
publicas podría frenar la incorporación
de más personas a estos sectores
y reducir de manera drástica
los ya existentes. Pero las teorías
del capitalismo aseguran que no existe
ningún beneficio lucrativo
a corto plazo, que no es rentable
económicamente. Creen preferible
condenar a la miseria a casi un millón
de catalanes y culparlos de incompetencia
y vagancia, cuando resulta que los
mayores ineptos son ellos mismos y
sus políticas. Es sencillo
acusar de la inseguridad ciudadana
a estos sectores de pobreza cuando
resulta que son sus normas neoliberales
las que les han llevado a esos extremos.
La pobreza se extiende en nuestro
entorno, a lo largo y ancho de Cataluña,
por lo que debemos actuar señalando
a los culpables y demostrando el fracaso
de sus ideas, exigiendo como mínimo
una corrección inmediata de
las mismas.
Ante este tema que nos preocupa a
todos solo cabe luchar por y para
la creación de movimientos
revolucionarios que obliguen a las
autoridades competentes a frenar y
recuperar esa pobreza. Y a exigir
por derecho a que lo hagan ya.
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