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EL DOCTOR.

-¡Un doctor, rápido, por favor!
-Pase, pase por aquí. Pero Dios, ¿qué le ha pasado?
-Mi mujer que es una bestia.
Por los altavoces del Hospital de Bellvitge llamaban al doctor Escopinyes, rogándole que fuera a la habitación de cirugía en urgencias.
-Por aquí doctor. El paciente presenta una gran herida en el vientre, quizás efectuada por arma blanca. ¡Lleva todas las tripas fuera!
-Deprisa, quítenle la ropa, deberían haberlo hecho ya... Pero hombre, ¿qué le ha pasado?
-Mi mujer, doctor, que es una bestia.
-...¿Qué le ha pasado? ¿Con que le han hecho esto?
-Creo que de esta no saldré, doctor.
-Enfermera, que venga el equipo de guardia enseguida.
-Sí doctor.
-No debería haberle seguido el juego.
-¿Qué ha sucedido?
-Mi mujer, le han gustado siempre los juegos raros. Estuvimos bebiendo.
-Sí, eso lo noto en su aliento.
-Quería que me lanzara sobre ella, desde la otra punta de la habitación. Esa hija de... Creo que necesito una cerveza.
-¿Le duele aquí?
-No, no noto nada.
-No se mueva.
-Siempre le han gustado los juegos raros. Una vez lo hicimos en la cuna de nuestro hijo, cuando aun ella estaba de seis meses. -Doctor Escopinyes, el equipo de guardia esta en camino, los he avisado personalmente.
-Gracias Engracia. Sujete aquí, por favor.
-También quiso en otra ocasión hacerlo en el almacén de un supermercado y el vigilante nos pilló in fraganti. Siempre le han gustado las cosas raras doctor. ¿No me pueden traer un cubata o una cervecilla? Tengo la garganta seca.
-Cuando acabemos podrá beber lo que quiera. Engracia, aguante aquí, por favor.
-Pero hoy ha sido horrible. Desde la otra punta de la habitación. No podía saltar tanto, así que corrí hasta la cama. Nuestra habitación es grande, ¿sabe usted, doctor?
-Enfermera, páseme el bisturí del once. ¿Cómo de grande?
-Mas que esta sala doctor, como dos salas de estas juntas. La cama tiene cuatro pivotes acabados en punta, muy bonitos, uno en cada esquina.
-Engracia, que avisen por megafonía al doctor Villa.
-No me duele nada. ¿Es eso normal, doctor?
-Le he puesto anestesia. No se preocupe y siga hablando.
-Como le decía, en cada esquina hay un pivote. Yo corrí hasta la cama y cuando fui a saltar resbalé y caí en el extremo de la cama, justo encima de la varilla... Dormiré un rato si no le importa.
-No, mejor que no se duerma. Siga contando.
- ...
-Señor... ¡Oiga! ¡Señor!
-No tiene pulso. Doctor, creo que lo hemos perdido.

©Rubén Parra y Martínez, 2.002.