Había estado trabajando con él doce horas y no me di cuenta
hasta acabar el turno.
-Moisés, tú eres judío.
-Sí que lo soy. ¿Cómo lo has sabido?
-Te he dado la mano y has ido a lavártela, seis o siete veces. Una
vez leí que hacíais eso.
-Si, soy judío.
-Es feo hacer eso. Ya sabes, lavarte las manos porque alguien te ha tocado.
-Eres un gentil, entiéndelo, son costumbres.
-Ya, pero en las películas parecéis todos buenos. Siempre sois
los buenos, nunca sale en una película un judío asesino.
-Nosotros las pagamos, las superproducciones, Hollywood y todo eso. No vamos
a pagar una película que hable mal de nosotros mismos.
-Ya, entiendo.
Nunca había conocido a un judío, y me sorprendió lo
igualito a mi que podía llegar a ser. Ni la nariz judía, ni
la mandíbula judía... Creo que eso son estupideces inventadas
por algún ser estúpido.
-¿Así que no bebes alcohol?
-Eso son los musulmanes. Recuerda que Jesús era judío y transformó el
agua en vino.
-Ah, si, comprendo.
-Bueno, Rubén, nos vemos mañana.
-Nos vemos.
Ya se había terminado la jornada laboral, doce horas, la mitad del
día. Solo me quedaban otras doce horas para dormir, comer, vestirme,
desvestirme, mear, cagar, pagar los recibos del agua y la luz, ver la televisión,
echar un polvo, tomarme una cerveza, llamar a alguien por teléfono,
criticar a los Estados Unidos, compadecer a los negros africanos, escuchar “Quien
me ha robado el mes de abril” de Joaquín Sabina...
Una de dos, o el día debería tener veinticuatro horas más
o trabajar tendría que estar prohibido por Real Decreto.
Me quité el uniforme de vigilante y me fui a casa. Sonia me esperaba
despierta, con café recién hecho sobre la mesa y la radio enchufada:
sonaba “Ella” de Alejandro Sanz.
-Rubén, hoy es nuestro aniversario. Estoy tan feliz de que sea nuestro
aniversario.
-Nena, estoy cansado. Quisiera acostarme.
-Hoy es nuestro aniversario. Es tradición celebrarlo. ¡OH! No
me dirás que estás en contra de las tradiciones.
-No es eso, solo que estoy cansado, llevo doce horas vigilando una fabrica
tan grande como toda Badalona. Entiéndelo, solo es eso.
Por la radio sonaba “Sin ti no soy nada” de Amaral.
-Pero he preparado café y tengo una botella de Jerez enfriándose
en la nevera.
-¡Que diablos!- dije- por diez minutos de sueño que pierda no
se acabará el mundo. Pasemos directamente al Jerez..
Serví el vino en dos copas diseñadas expresamente para el vino
andaluz y las coloqué en la mesa del comedor. Por la radio se escuchaba “Mediterráneo” de
Juan Manuel Serrat.
-¿Sabes? Debería escribir más. El trabajo no es lo mío,
tantas horas y tantas noches, tantas semanas.
-Si el trabajo fuese “lo tuyo” podríamos habernos mudado
a una casita en la montaña, y no seguir viendo en esta pocilga de
barrio bajo y olor a cloaca.
Nos quedamos en silencio. La música de Frank Sinatra con Julio
Iglesias parecía un canto celestial. “Viví, siempre viví...A
mi manera”.
-Tú tampoco es que trabajes tanto como para comprar una casita en
la montaña.
No contestó.
...A mi manera...
-Hay pastel, ¿quieres un trozo?
Dije que sí con la cabeza, ya que mis labios sorbían el Jerez
como sanguijuelas.
Sacó el pastel y lo cortó.
Por la radio sonaba “Quien me ha robado el mes de abril”, de
Joaquín Sabina.