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con naturalidad y alevosía

 

Describía Marvin Harris las costumbres de los Etoros, pueblo de Papúa-Nueva Guinea que tiene como mito la superioridad del hombre respecto a la mujer hasta el punto que se consideraba que ellas les querían robar el semen, líquido de la vida y recipiente del poder, y por ello únicamente tenían relaciones homosexuales para conservar únicamente ellos el gran secreto, dedicando únicamente a las mujeres lo imprescindible para la reproducción. El almirante Cook se sorprendió mucho al ver los entretenimientos de las culturas polinesias, que consideraban el sexo simplemente un juego muy divertido para toda ocasión y que las mujeres tenían el don de quedarse embarazadas espontáneamente sin saber porqué. Y cada año miles de peregrinos viajan a las montañas de Cachemira para unirse espiritualmente al gigantesco pene helado de Shiva que incluso aumenta y disminuye de tamaño según las fases lunares. En los países de cultura europea millones de hombres se gastan millones de dólares en el consumo de productos relativos a imágenes de personas practicando relaciones sexuales o simplemente escenas de mujeres desnudas, mientras que es delito pasear sin ropa por la calle en todos estos países.

 

Si un polinesio pre-ocupación escuchara la conversación de dos miembros cualesquiera del CPS acerca de sexo se reiría de su estupidez y uno de los amigos de Freud se enojaría por su inmoralidad. Está claro que el entorno cultural en el que nos sumergimos tiene mucho que ver a la hora de percibir la sexualidad. Y, entonces, ¿cúal es la esencia de la sexualidad de los seres humanos?, ¿dónde se acaban los tabúes y empieza la naturalidad?, ¿qué es lo femenino y que es lo masculino?.

 

"La anatomía no es el destino", paradigma de los movimientos de liberación sexual de los 60 que corrigió el antropólogo Marvin Harris, "la anatomía humana es el destino bajo determinadas condiciones", después de haber realizado investigaciones sobre diferentes pueblos, uno de ellos el pueblo yanomamo. Este científico no daba nada por supuesto, premisa que a veces se olvida a la hora de hablar razonadamente de sexualidad. Harris definía dos estrategias clásicas empleadas por las sociedades primitivas para hacer a la gente cruel: una estimular la crueldad ofreciendo alimentación, confort y salud corporal como recompensa a las personalidades más crueles, y otra otorgarles mayores privilegios y recompensas sexuales. La primera estrategia es contraproducente desde el punto de vista militar, pues lo que se necesita es gente fuerte y motivada, por tanto la adoptada por los yanomamo fue la segunda. Para este autor, la teoría de Freud  de que la agresividad y los celos sexuales de los hombres son instintivos está probadamente desfasada, al contrario, mas bien es la guerra la que genera estos caracteres, y la guerra viene determinada por tensiones económicas y ecológicas, no por la genética.

 

El mito de la mujer como ser maternal, tierna, pasiva por instinto es simplemente un producto de la mitología machista, hacía falta que uno de los dos sexos fuera el pasivo y el otro el agresivo y dominante, ambos no pueden serlo a la vez desde este punto de vista, pues eso requeriría una lucha entre los dos sexos para el control del uno por el otro como recompensa a sus hazañas bélicas. Así pues, cuando la guerra era necesaria para el control demográfico y económico los estilos de vida machistas ascendieron inevitablemente, fue preciso definir claramente las características de los dos sexos. En el mundo actual las estrategias de los yanomamos ya no tienen sentido y, sin embargo, las relaciones primarias de las sociedades modernas se siguen basando en el mito de la diferencia de los sexos, en la supremacía de un sexo (el masculino) sobre el otro (el femenino), aunque a veces no sea evidente. Ortega y Gasset, en 1927, ya se refiere en sus artículos a cómo los valores estimados por la mujer no son los acuñados por ella, sino, miméticamente, los propios del punto de vista del varón.

 

Hasta ahora lo que está claro es que es el esquema de personas de sexo masculino "masculinas" y sus complementarias, las personas de sexo femenino "femeninas", el que sostiene los modelos actuales de sociedad. Pero ya hace tiempo que surgieron personas que discutían abiertamente este esquema, el movimiento de liberación de la mujer y los movimientos de liberación gays. El movimiento feminista lucha por la total igualdad de las mujeres frente al hombre, partiendo de que entre los dos sexos la única diferencia es la función biológica, y el movimiento de liberación gay lucha por el fin de la opresión, la discriminación y el desprecio hacia ellos. Gay significa alegre, gay es quien no tiene miedo a ser lo que es. Un punto común de estos dos movimientos es la lucha contra el imperio de del hombre "masculino", y la lucha desgraciadamente va a ser muy larga, por que se trata de la lucha frente aun enemigo indefinido, es algo que no se puede cambiar sólo con leyes sino que el enemigo es la cultura, el enemigo somos todas y todos y está muy dentro de todas las personas. Pero ser una minoría oprimida tiene una ventaja, y es el tener conciencia de ti mismo, conciencia de la represión sobre ti.

 

Si te acercas a echar una ojeada a la sección de sexualidad de una biblioteca verás que la mayoría tratan sobre la sexualidad en la mujer, otra gran cantidad sobre relaciones de pareja heterosexuales, y luego un apartado para sexualidad para menores, pero es difícil encontrar un libro sobre sexualidad masculina. La mujer que busca liberarse a veces confunde su liberación con la competición con el hombre, adoptando sus roles, pero de todos modos las mujeres caminan ya hacia el encuentro de su propia esencia, mientras que los hombres aún no se han molestado en desprenderse de sus cadenas. En este camino los que más han avanzado son los gays, su status de minoría oprimida les ha hecho buscar la esencia de la masculinidad por la necesidad de situarse frente a la represión. No es que la esencia masculina no exista, si no que se da por supuesto, la esencia masculina es el anuncio de Martini, y nadie la discute por que es lo que impera, sólo lo discuten los que están oprimidos por este mito, o más bien los que han descubierto que están oprimidos.

 

Todo el ambiente en la cultura occidental sostiene el mito de la falocracia, en la calle, en el bar en la peluquería, en el cine, en el colegio, en la literatura, en la familia, en la izquierda,... , todos y todas nos deberíamos sentir insultados cuando alguien nos dijera que somos masculinos o femeninas por que eso significa nada, simplemente que estamos bien integrados socialmente. Parece que ha sido fácil desprenderse de la alienación que significaba antes la religión, cuando se consideraba consustancial al ser humano, ahora está bien visto definirse como ateo. Y sin embargo muy pocos hombres están dispuestos a definirse como amasculinos y pocas mujeres como afemeninas.

 

Todo empieza con la naturalidad, basta con hacer el experimento de definir a una persona dentro de un grupo de personas del sexo opuesto como amiga/o de una de ellas o como novia/o para descubrir el efecto social del encasillamiento, la naturalidad desaparece para en cada caso adoptar una postura distinta respecto a la persona invitada. Si es atractiva se le intentará atraer en un caso mientras que se si se supone novio/a se le trata de manera victoriana. Existe la necesidad de saber que nadie se sale del esquema para no sentirnos agredidos. El cotilleo, como están descubriendo últimamente los antropólogos, es un ejemplo de instrumento social para asegurarse de esto, y todos hemos caído en ello alguna vez, se necesita saber que nadie se sale del esquema o por lo menos intentar forzarle a que lo siga presionándole desde su entorno.

 

"El desarrollo de la persona exige valentía, confianza en si mismo e incluso osadía" decía Maslow, y  por eso apostaron los de su generación, la Beat Generation norteamericana (Ginsberg, Kerouac, Burroughs,...) y los Angry Young Men británicos (Osborne, Wilson,...), modelos de respuesta personal y lírica frente a la sociedad standard y que ahora se ven como planteamientos estéticos únicamente, la historia se retuerce sobre si misma para que lo no conveniente no se haga visible. Poca gente recuerda que el C.N. Helios surgió como un club naturista deportivo donde nadie usaba bañador, ahora sería difícil crear algo parecido en la ciudad, y eso que nos creemos más liberales que hace 60 años.

 

El nudismo es un hecho característico de la represión sexual en la que vivimos. Racionalmente es ridículo bañarse con bañador en la playa, y sin embargo es lo normal. Los antropólogos manejan dos teorías frente a esto, una que la vergüenza viene provocada por el tabú sexual, y otra por lo contrario, la ropa surgió con la llegada de la complejidad social y el surgimiento de ritos de atracción, la hoja de parra pretende atraer la atención sobre los genitales que ocultan. El hecho es el factor cultural de la desnudez. Quien se ha bañado alguna vez desnudo en un lugar público ha disfrutado de la sensación de libertad que se siente, la libertad de desprenderse de los prejuicios. En frase del psiquiatra R.D. Laing, "más que teorías necesitamos experiencias, que son la fuente de la teoría".

 

Es impresionante lo complicado que es el sexo para todos. Huxley planteaba un modelo de sociedad en su novela "La isla", opuesto al futurista de "Un mundo feliz", en el que a los niños se les enseñaba desde pequeños la naturalidad de la desnudez y el sexo y donde los adolescentes en el liceo tenían profesores y profesoras que les enseñaban en clases prácticas técnicas sexuales para que pudieran disfrutar al máximo de sus relaciones con sus amigos y amigas, como un juego sin malicia ni prejuicios, y desde luego un tipo de educación como esa evitaría muchos de las represiones sexuales que tenemos ahora. Represiones que nos impiden realizar nuestras fantasías sexuales, besar en la boca a nuestros amigos, hablar de sexo en público, ir al médico de cabecera a pedir hacernos la prueba del VIH, acostarnos con nuestras amigas sin quebraderos de cabeza, bañarnos desnudos en el estanque del campus sin que vengan los guardias de seguridad a echarnos,... lo necesario es dotar de naturalidad a nuestra manera de actuar, es difícil no dejarse influenciar por el quedirán pero es necesario, extraer de nosotros y nosotras mismas lo que realmente somos venciendo el miedo a nosotros mismos. Decir que ser machista o maruja es natural en un hombre o en una mujer es decir que la afición al fútbol o el saber hablar en castellano viene definido por el instinto. Necesitamos liberarnos de nosotros mismos. Dejarnos llevar por el signo cuerpo, como lo definía Luis Antonio de Villena,...

 

"el signo cuerpo. Signo que no se ata, que es sentimiento, rabia, deseo, experiencia, júbilo, amor, carne, lectura, palabra, sensación, aspiraciones, imaginación, realización, dolor, ansia, afán de contacto y de comprensión, himno, texto, inteligencia, tacto sobre la piel, pena, intimidad, búsqueda, naturaleza, desnudez, juego,... el hombre que se sabe a si mismo".

 

JOSEANGEL GOMEZ, primavera 1995

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