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ORIGEN DE LA GRANADA DE MANO

(EN CONSTRUCCIÓN).

De momento, sólo un pequeño aperitivo, para que veamos que las Granadas de Mano, no son un invento moderno. Ya nuestros antepasados utilizaban artilugios parecidos para matarse entre sí un poquito mejor

Fragmento extraído del libro "DE PAVIA A ROCROI. Los Tercios de Infantería Española en los Siglos XVI y XVII" de Julio Albi de la Cuesta,  Balkan Editores 1999.

Los autores contemporáneos se recrean, con pavorosa fruición, en dar fórmulas para fabricar ingenios diabólicos, destinados a rechazar a los atacantes. Para las "ollas de fuego", se recomendaba una mezcla de pólvora, pez, resina y aceite de linaza. Las "alcancías" se elaboran con pólvora, azufre, vidrio machacado "como granos de trigo", alcanfor, perdigones de hierro como garbanzos" y aguardiente. Las "trompas de fuego", con pólvora, pez y vidrio molido, o con "óleo de linojo", "óleo petróleo", azufre y salitre (existía un método para que no se pudiera apagar "sino con orines, ceniza o vinagre"). Para las balas de fuego, nada mejor que el salitre, alcanfor, azufre, aguardiente y "un poco de unto de hombre" (articulo este último al que además se atribuían propiedades curativas. A veces tras una batalla, los médicos recorrían el campo de batalla, para sacárselo a los cadáveres). Se podía recurrir, así mismo, a mezclar pez, alquitrán, tártaro, "azufre vivo", farsacol, nitro y "doblada cantidad de cal viva". Todo ello, batido con "aceite de yemas de huevos en un vaso de vidrio".

Había, además, dardos explosivos, "balas para tirar con la mano" hechas de forma que "saltará la mixtura encendida, se pegara como liga y abrasará cuanto encuentre", barriles atiborrados de pólvora y balas de arcabuz y "guirnalas turquesas" y las "rosquillas de fuego". Existían, así mismo, "ballestones" y arcos, para lanzar bombas rematadas por un arpón. También, los denominados "venlomeses", globos de bronce cargados con materiales combustibles que causaban tales estragos que hicieron a "los hombres degenerar en fieras", ante el espectáculo de sus compañeros destrozados.