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Renuncios: Ir a la primera parte para ver los renuncios específicos de la historia. Las palabras entre * estaban escritas en español en la versión original.

Notas de la entrega: Las canciones aquí mencionadas han sido usadas sin permiso. Pertenecen respectivamente a las Indigo Girls, Dada y Deep Blue Something. Especial agradecimiento a Jennifer Dickey por proveérmelas.

 

LEGADO DE SILENCIO
(SILENT LEGACY)

Escrito por Ciaràn Llachlan Leavit
Traducido por Ana P. Alonso (Asrials)

Parte 2 de 11

© Febrero, 1999

Ninguna parte de este texto será reproducido entero, o en parte, sin el expreso consentimiento del autor.

 

Capítulo 10

Jae giró la silla de la oficina estirándose para coger el teléfono. “Cavanaugh al habla.”

“Aquí hay un paquete para usted. ¿Quiere que se lo enviemos o viene por él?”

“Mándeselo a Jennifer, gracias.”

“No hay problema, parece un poco pesado para llevárselo en mano de todas formas.”

Se le hizo un nudo en el estómago al instante de reconocer lo que le había llegado. Inspiró profundamente, entonces se levantó para recibir al mensajero en la puerta de la oficina.

Se le hizo eterno hasta que escuchó el leve crujido de las ruedas de la moto y el rítmico golpeteo de los pasos del mensajero.

Dos cajas de cartón cerradas con cinta aislante fueron apoyadas contra el marco de metal rojo.

Dieciséis pies cúbicos de despojos de relación, destilados en algo tan pequeño.

“Firme aquí, por favor, señora.”

“El boli no le pesaba nada en sus tensos dedos y garabateó su nombre en la libreta electrónica con la pluma. “Póngalos ahí por favor.”

El mensajero los dejó cerca del sofá y después se fue, y Jae cerró la puerta a su espalda. Cogiendo una cuchilla del escritorio atravesó el suelo de parquet y se sentó sobre la alfombra de motivos aztecas frente al sofá, tras esto y con sumo cuidado empezó a rajar la cinta aislante.

Apoyó la mano sobre la tapa, su mente también queriendo por un lado abrir las cajas y comprobar si sus CD's y libros estaban ahí, y por el otro temiendo que los regalos de un cumpleaños, unas Navidades y dos días de San Valentín también estuvieran en ellas.

La tapa de la caja se abrió con facilidad revelando una fila de ordenadas cintas de vídeo y libros, apartando la caja de arriba a un lado rajó la cinta aislante de la caja inferior y la abrió.

Un suave golpeteo la previno de mirar en su interior, y se levantó. “Adelante.”

Reed Lewis asomó la cabeza a través de la puerta, pelo largo color cuervo agitándose con el aire y absorbiendo la luz procedente de la ventana tras el escritorio. La actriz miró entre ella y las cajas y levantó una ceja inquisidora. “¿Vengo en mal momento?"

Ella sacudió la cabeza. "En realidad no, solamente estaba mirando algunas cosas que me han devuelto". Su voz tembló en la última sílaba y Reed la observó con atención con lo que ella le dedicó una sonrisa burlona y pálida como respuesta. “¿Puedo ayudarte en algo?” Jae se sentó sobre el sofá e hizo señas para que la actriz hiciera lo mismo.

"No pasa nada". Sin embargo Reed se sentó al otro extremo del sofá y estiró sus largas piernas hacia delante, cruzándolas a la altura de los tobillos. “¿Llevabais mucho tiempo?”

La astuta pregunta la sorprendió. No sólo era la sentencia más larga que había obtenido de Reed, sino también era la primera vez que la actriz le había preguntado algo remotamente personal sobre ella a pesar de las preguntas que ella le había hecho. Jae pensó como responder. No quería mentirle a Reed, pero tampoco quería meterse en una situación que lamentaría más tarde. "Un año más o menos". Se reclinó sobre los cojines. "A veces me pregunto por qué me molesto."

Una embotada roca color gris en lo alto de una de las cajas llamó su atención por el rabillo del ojo y se estiró para cogerla antes de recostarse de nuevo sobre el sofá y continuar. “¿Crees en las almas gemelas y todo eso?" Jae no supo que la había incitado a hacer esa pregunta y se preparó para oír a la actriz reírse disimuladamente.

"Mi abuela solía contar una historia sobre una raza de seres mitológicos que fueron divididos en dos por el Dios Zeus. Una vez, hace mucho mucho tiempo, todo el mundo tenía cuatro piernas y dos cabezas. Entonces los dioses lanzaron rayos, y partieron a cada uno en dos. Cada mitad entonces tenía dos piernas y una cabeza. Pero la separación dejó a ambas partes con un desesperado anhelo de reunirse de nuevo. Porque cada uno compartía la misma alma. Y desde entonces, todo el mundo se pasa la vida buscando la otra mitad de su alma."

"No parece que te lo creas."

"Ella lo creía."

Los cristales morados en el interior del hueco de la roca brillaban con la luz. En algún lugar ahí fuera está su otra mitad... Cristales luminiscentes esperando su otra mitad que completarán la superficie y protegerán el delicado contenido. "Yo también lo creo."

"Entonces probablemente la encuentres." La actriz alzó su desmadejado cuerpo del sofá. "Hasta luego".

"Gracias."

Reed le dedicó una cálida sonrisa como respuesta y se marchó.

Jae vio marcharse a la otra mujer, y entonces se dio cuenta que la actriz en realidad no le había dicho por qué la buscaba. "La llamaré más tarde."

En ese preciso instante sonó de nuevo su teléfono, y rodeó las cajas para cogerlo. "Cavanaugh".

“¿Te has olvidado de nosotras?"

Jae abrió los ojos de par en par y miró su reloj... Maldición . “ Lo siento Mar, estaré allí en media hora, ¿Me puede sustituir alguien mientras?”

"Considéralo hecho pequeña, ahora mueve tu culo hasta aquí."

**********************************************************************

El club todavía estaba vacío cuando cruzó la puerta de madera y entró en el oscuro interior. Incluso con las luces encendidas se mantenía oscuro y sugerente.

Jae dejo tras de sí la mesa de billar de rigor - donde posteriormente las jugadoras alzarían sus palos como Sir Lancelot podría haber manejado una espada para defenderse o rescatar a su princesa - dirigiéndose al escenario. Oscuras paredes puntuadas por pequeñas bombillas de neón alababan las virtudes de Budweiser 'Rey de las Cervezas'.

La pequeña plataforma de madera que servía tanto de escenario como de pista de baile estaba ya montada y sus amigas estaban pendientes de los altavoces y de ellas mismas, mientras bebían cervezas y bromeaban. Detrás de ellas la pared completamente negra junto con la habitación adjunta parecían un montón de ladrillos unidos con cemento al tun tún por la mano de un niño. Habían puesto velas en los diversos pasamanos y huecos; la cera caía por la pared y se endurecía con formas similares a la lava.

Esto provocaba una atmósfera acogedora y jugar con las luces de las velas y los brillos de neón siempre le hacían sentir especial.

"Ey, Hollywood." Mar se separó de Alison y se encaminó hacia ella.

"Ey a ti también." Se movió para saltar al escenario, pero su amiga alzó una mano y la paró.

"*No, no Chica… una cerveza por favor.*”

Las otras tres mujeres apoyaron la moción y Jae le dedicó a Mar una mirada de fingida indignación. "Cinco cervezas en camino."

"Ey si llegaras a tiempo, no te tocaría pagar siempre." Rió su amiga antes de volver a sentarse con su compañera.

Jae sacudió la cabeza con queda alegría y diligentemente fue a por las cervezas. Invitar a cervezas era un precio pequeño a pagar por no tener que hacer las pruebas de sonido.

Llevaba tres cervezas cuando finalmente apagaron las luces y Jules comenzó a tocar los primeros acordes de 'Galileo'. Reconociendo la ironía de la letra juntó su voz con la del coro, acomodando su voz con la de Mar y Jules.

... Cuanto tiempo pasará antes de que mi alma se recupere... puede cualquier ser humano llegar a tocar esa clase de luz...

A la vez que los acordes de las Indigo Girls se desvanecían quitó la cejilla y empezó a hacer sonar un acorde G grave, sonriendo cuando el público reconoció la canción antes de que Jules añadiera el siguiente ritmo.

Mar caminó a través del escenario y se pusieron espalda contra espalda, apoyándose la una sobre la otra, dedicándoles Alix un descarado guiño tras la batería. Dejó que el palpitante ritmo de Melissa Etheridge la embargara, la música aliviándola de la tensión mientras la energía de sus amigas y las mujeres en el bar la rejuvenecían.

No solían tocar públicamente como hacían antes, sobre todo, como esta noche, tocando por causas benéficas y causas especiales.

Un descanso entre canción y canción le permitió afinar de nuevo la Gibson negra para la última canción del repertorio.

Era una de sus favoritas, un comentario sarcástico sobre las prioridades del mundo, encajando de algún modo para obtener beneficios de apoyo a la asistencia médica accesible para mujeres maltratadas. Eso... y que era divertida de tocar... las subidas y bajadas de tono haciéndola moverse sobre el gastado escenario.

Me acabo de escapar de casa, ahora me voy a Dizz Knee Land... Acabo de estrellar de nuevo mi coche, ahora me voy a Dizz Knee Land... Acabo de robar en un supermercado, ahora me voy a Dizz Knee Land

Los últimos acordes se desvanecieron y habló por el micrófono. "Y nunca adivinarás donde voy..." El público se unió a la música y cantó la última frase con ella, las palabras cambiando levemente su significado. "Volveremos en aproximadamente quince minutos, si tenéis alguna sugerencia escribídselas a Mar y veremos que podemos hacer."

“¿Y que tal escribirlas sobre ti?" Una mujer alta se apoyaba sobre su amplificador, ofreciéndole una cerveza.

"Eso dependería de dónde piensas escribirlo." Cogió la cerveza e inyectó a su voz un tono igual de juguetón a modo de respuesta, mirando unos ojos marrones que por alguna razón no parecían del color correcto.

La extraña morena metió de forma casual los cinco dólares de la donación por la cintura de los vaqueros de Jae y sintió como se ruborizaba, agradeciendo la baja iluminación del local. Incluso con cuatro cervezas no estaba preparada para este nivel de caza.

"¿Dónde quieres que te lo escriba?" Entonces la mujer se rió y garrapateó el nombre de una canción sobre el bíceps derecho de Jae siguiendo la línea del mismo, después se volvió a perder entre la gente, apareciendo de nuevo al lado de la barra y guiñó un ojo al darse cuenta que Jae seguía mirándola.

"Hmm 'Like I do'... Creo que le gustas, Hollywood." Bromeó Mar.

“¿Estáis preparadas?" Cambiar de tema era realmente necesario.

"'Cecelia' para comenzar... después 'Stand by You'... ¿vale?"

"Me parece bien." Esta era su parte favorita de la actuación... tan sólo amoldándose, tocando lo que fuera que el público quisiera escuchar por una donación, redondeándolo después con una subasta por petición.

Otra cerveza y cinco canciones más pasaron antes de que Mar cogiera el micrófono. "Vale, para las que no sepan de que va el asunto... tocaremos lo que quiera que nos pidáis... las mayores apuestas escogen la canción... y consiguen a la cantante." Movió de forma sugestiva las caderas y el público rompió en silbidos estilo lobo.

Jae tocó el comienzo de ‘Ruins', después habló por su propio micrófono, "La apuesta mínima son cien dólares."

Y así se desató todo... Algunas de las ofertas incluían objetos personales y servicios, los cuales Mar tuvo que declinar sonriendo. La cerveza hizo su efecto y abandonó la estentórea competencia para ir al baño.

Un poco inestable al andar, volvió al escenario, consciente del insólito silencio que se había hecho en el bar.

"Mil dólares."

Jae se quedó helada y se giró para ver a la apostante, la mujer de antes alzó su cerveza y le guiñó un ojo. ¿Mil dólares? ... ¿Por oírme cantar? ...

Pero fue la siguiente oferta la que casi la hizo caer.

"Mil quinientos." Becky alzó la mano para que Mar la tuviera en cuenta.

Su amiga extendió la mano para ayudarla a subir al escenario, articulando en silencio un "lo siento".

Mil quinientos dólares era un montón de dinero para la causa así que Jae hizo lo único que podía hacer. Cogiendo su clásica Guild se dirigió a la mesa de Becky, recostándose en ella, para comprobar el tono.

“¿Qué quieres escuchar?" Intentó mantener su voz desprovista de todo lo que había sucedido entre ellas.

"Breakfast at Tiffany's."

Asintió, ajustó la cejilla y comenzó a cantar, Alix marcando un suave tiempo en la batería como soporte, recordándola que sus amigas estaban detrás de ella.

Dices que no tenemos nada en común... Nada en común para comenzar... y nos estamos alejando... dices que el mundo se ha interpuesto entre nosotras... Pero yo sé que simplemente no te importa ." Las palabras encajaban con la perspectiva de Becky sobre lo que había pasado más que la suya propia. Pero quizás esa era la cuestión.

" Y yo dije, Que tal Breakfast at Tiffany's"... Ella dijo, "creo que recuerdo la película... Y si no recuerdo mal, creo, a las dos nos gustó."... Y yo dije, "Bien, eso es algo que tenemos ." Miró a lo lejos y se encontró con la mujer morena mirándola y continuó mirándola al cantar el siguiente verso.

" Te veo - la única que me conocía... Y ahora tus ojos ven a través de mí... supongo que me equivoqué... ¿Y ahora qué? Es fácil ver que se ha terminado... Y odio cuando todo se termina... Cuando hay tanto por hacer ." Jae arqueó una ceja y encogió los hombros ante la mujer de la barra, completando el mensaje de la frase anterior. Entonces se volvió de cara a Becky, la cual la observaba con tranquila tristeza.

Jae sabía que Becky lo había hecho para que pensara sobre su relación durante la canción, pero cuando comenzó con el coro de nuevo, se encontró pensando en alguien completamente diferente.

" Y yo dije, Que tal Breakfast at Tiffany's"... Ella dijo, "Creo que recuerdo la película... Y si no recuerdo mal, creo, a las dos nos gustó."... Y yo dije, "Bien, eso es algo que tenemos ." Café, eso es algo que tenemos . Sonrió y luego entonó el estribillo una última vez.

" Dices que no tenemos nada en común... Nada en común para comenzar... Y nos estamos alejando... dices que el mundo se ha interpuesto entre nosotras... Pero yo sé que simplemente no te importa... Y yo dije, Que tal Breakfast at Tiffany's"... Ella dijo, "creo que recuerdo la película... Y si no recuerdo mal, creo, a las dos nos gustó."... Y yo dije, "Bien, eso es algo que tenemos ."

 

Capítulo 11

Ruido de los motores del avión mezclados con el rugido de diversos aviones y los bocinazos de conductores impacientes. Millas de hormigón y asfalto al frente como un océano inmóvil color gris roto de vez en cuando por las andanadas de color brillante y las luces intermitentes.

Los Jumbos ocultaban a los aviones comerciales más pequeños y los signos de residencias globales indicaban que ningún sitio era inaccesible en la era moderna de vuelo. Países con productos nacionales brutos con menor valor que la mitad del coste de un Boeing 747 estaban representados con orgullo junto con leales paisanos.

La limosina del aeropuerto avanzó lentamente por la ajetreada mañana, pasando las terminales hasta llegar a la número seis, el conductor intentando ganar posiciones entre los otros coches y tranvías de mercancías. Finalmente se detuvieron y el conductor abrió la puerta para dejarla salir.

Alegre por el billete en su bolsillo superior izquierdo, Reed se saltó la línea principal y se dirigió al mostrador VIP de la Continental para facturar su bolsa y obtener la asignación de su asiento.

“¿Ventanilla o pasillo?" Los Labios color rubí se movieron sobre la sonrisa plástica haciendo una pregunta cuya respuesta realmente no le importaba.

"Pasillo."

“¿Es este su equipaje?"

Reed suprimió el impulso de preguntar por qué tendría que llevar el equipaje de otra persona, y asintió de forma educada.

“¿Algo de llevar a mano?"

El distrayente interrogatorio continuó y eso era todo lo que Reed pudo lograr para no azotar a la mujer en la cabeza. Quizás un buen cybergolpe. Alzó su portátil. "Sólo esto."

“¿Funciona?"

Reed se inclinó sobre el contador y susurró. “¿Y usted?"

La morena rió con frialdad y le tendió una tarjeta de embarque azul. "Asiento 2b, Puerta 78. Disfrute de su vuelo."

"Disfrute usted del tuyo." Reed le dedicó a la azafata una sonrisa plástica propia.

"Buenos días. ¿No tomaste el café de la mañana?"

Reed se giró para encontrarse con la rubia directora arqueando divertida una ceja y se encogió de hombros. Se apartó y miró como Jae tomaba su lugar en el mostrador.

"Buenos días." Reed casi se rió cuando la morena comenzó a repetir la letanía de antes.

"Ni una palabra." Le advirtió la directora, habiendo completado su propio interrogatorio y asignación de asiento.

"Ni soñarlo."

Todavía tenían un poco de tiempo antes de su vuelo y Reed se dirigió hacia el quiosco de Starbuck situado entre las puertas de embarque. Bebió a sorbos y de forma ociosa de la caliente bebida y vio como Jae cogía su taza, rodeándola cautelosamente con sus manos. Mirando con más atención podía ver el color carne de las tiritas en el dedo gordo y corazón de la directora. Retiró rápidamente la vista cuando se dio cuenta que Jae la observaba, fingiendo un intenso interés por el desnudo yeso y paredes falsas en construcción.

Un, dos, tres... siete... Lentamente Reed se dedicó a contar los tornillos que encajaban las paredes esperando que pasase una cantidad de tiempo aceptable antes de volverse a girar. Maldición. Jae seguía aun mirándola perpleja, ojos verdes brillantes de contento.

"Puedes preguntar, sabes. Podría considerarse como un inicio de interacción social." Jae meneó sus dedos vendados.

"¿Y...?" Señaló los dedos heridos con su mano libre.

"Botones."

Era una respuesta tan característica de su hijo que Reed rió a pesar de la tensión. “¿Cómo?" Clarificó, pensando que era innecesario hacerlo.

"¿Me creerías si te digo que fue por un acorde agudo en una guitarra eléctrica?" Admitió Jae con vergüenza.

"¿Hacía mucho que no tocabas?" Le vino a la cabeza la letra de una canción de Bryan Adams. Compré mi primera sexta cuerda verdadera ... a cinco con diez ... la toqué hasta que me sangraron los dedos ... era el verano del sesenta y nueve…

"Y tanto. Un grupo de amigas y yo dimos un concierto benéfico anoche... Mi cuerpo no puede aguantar tres conciertos como solía hacerlo.”

Observando a Jae, Reed intentó imaginarse a la liviana, delgada y musculosa directora tocando en un grupo de rock and roll. De alguna manera la música clásica parecía más su estilo pero las apariencias engañan. "¿Tocabas algo que pudiera conocer?" Habían echado a andar y se sentaron cerca de la puerta de embarque, esperando a que llegase el resto del equipo.

"En general música de guitarra. Melissa Etheridge, Indigo Girls y Mar hace una imitación muy buena de Building a Mystery.”

"De Sarah McLachlan, ¿verdad?"

"Umm humm... Tiene este ritmo al principio... me llevó mucho tiempo entender como ella conseguía el tirón y la bajada del combo...."

Se echó para atrás y escuchó a Jae describir apasionadamente la manera de tocar para después demostrarlo con una guitarra imaginaria. Le pareció que la directora hacía todo con apasionada intensidad, entregándose por completo a lo que fuera que estuviera haciendo. Ella había sido así una vez... impaciente por reclamar el mundo y segura de que sería suyo por derecho.

Pero eso fue hace mucho.

La rubia había comenzado una discusión sobre melodías alternativas y Reed dejó asomar una pequeña sonrisa, sin tener ni idea de lo que estaba hablando la otra mujer. Llevaba la melodía o no la llevaba… ¿cómo puede tener una melodía alternativa? No es que la fuera a contradecir, en vez de eso dejó que el sonido de la voz de Jae enmascarara el zumbido de la gente a su alrededor, disfrutando de la espera a pesar de que los sitios repletos de gente no eran sus favoritos.

Tan perdida estaba en el sonido más que en el significado de las palabras que se quedó momentáneamente aturdida cuando notó que Jae la miraba de nuevo como si esperase una respuesta. Avergonzada intentó pensar en algo que decir antes de darse cuenta que la razón por la que Jae había dejado de hablar era la llegada de los otros miembros del rodaje que viajaban en el mismo vuelo que ellas.

Al igual que Reed, Sarah se había recogido el pelo en una cola de caballo y había optado por ropa holgada, con pinta de no ser nadie importante. Su compañera estaba vestida más al estilo de Jae, con pantalones kakis informales y una camisa sencilla.

Justo en ese momento el auxiliar de vuelo anunciaba que debían embarcar, salvándolas de tener que pensar en algo que decir. Recitar el guión escrito por alguien era fácil… la vida sería mucho más sencilla con un guión.

Si esto fuera una película, estarían aterrizando sanas y salvas en Orlando ya, las escenas del vuelo simplificadas para ahorrar tiempo y película. No tendría tanta suerte. Quizás no estuviera lleno el avión. Si claro y toda esta gente está aquí esperando a ver si venden libros de cocina y se ganan unas panderetas . Mis ganas.

“¿Estás bien?" Jae apoyó una cálida mano sobre su brazo.

Se apartó el pelo de la cara con un soplido y pensó como contestar. Su instinto era desestimar la gentil pregunta, pero en cambio se escuchó a sí misma contestando. "Realmente odio los espacios pequeños... sobre todo espacios pequeños atestados de gente."

Dos delicadas cejas se juntaron para después volver a separarse. "Un segundo."

Perpleja siguió con los ojos a Jae cuando la directora se acercaba a Parker y Gellar y charlaba con ellos un momento para terminar sonriendo y volver a dónde ella seguía esperando. Alzando una ceja esperó a que le diera una explicación.

“¿Tenías el 2b, verdad?" Preguntó Jae, como si estuviera recordando en ese mismo instante un importante detalle dentro del plan.

Todavía confundida asintió con la cabeza.

"Bien, ahora tienes el 4b. Significa que tendrás que sentarte conmigo, pero como compensación significa que estás en la última fila de la clase business... los asientos en esa fila son un poco más espaciosos, y hay una partición tras de ti en vez de gente."

Jae les estaba dirigiendo hacia la puerta de embarque, tomándose su tiempo y dejando a los demás pasajeros pasar delante de ellas. La directora la sonrió y dijo bromeando, "Esta es la parte donde me dices piérdete no voy a compartir asiento contigo... o gracias."

Normalmente Reed odiada que le tomaran el pelo, pero por alguna razón dejó que Jae se saliera con la suya. Admítelo. Te gusta. Le devolvió una respuesta astuta de estilo propio. "Recuérdame que no me diste una tercera opción después de que me mareé en el avión." Reed cruzó la puerta, entregando su tarjeta de embarque al hacerlo.

“¿No será cierto?... Reed... Reed... ¿estás bromeando verdad? ¿Verdad?"

Rió en su interior. Dos pueden jugar a esto.

A través de párpados entreabiertos Reed miró a la esbelta azafata articular las palabras de la charla sobre seguridad y se preguntó si estas líneas aéreas tenían un servicio secreto de mujeres de plástico. Probablemente… y esto da fin al argumento sobre si es buena o no la clonación.

En el asiento junto a ella, Jae ya se había abrochado el cinturón y observaba la actividad en la pista con ávido interés. El rugido de los motores aumentó en intensidad y empezaron a desplazarse hacia delante, el avión engullendo el asfalto de la pista mientras cogía el impulso necesario para despegar.

Observando cómo se movían por la pista sobre el hombro de Jae, vio cómo la pequeña mujer apretaba la mandíbula y se ponía lívida. Sintió caer su propio estómago cuando el avión se separó del suelo y sintió como una mano pequeña se cerraba de forma convulsiva sobre la suya. Sorprendida, se quedó tiesa, permitiendo que Jae casi le rompiera los dedos.

El avión continuó su ascenso para finalmente estabilizarse. Jae parecía no darse cuenta que seguía agarrando la mano de Reed y la actriz no estaba segura sobre qué decir, con lo que se mantuvo callada.

Un pitido electrónico acompañó el apagado de la señal del cinturón de seguridad y la directora cambió de posición en su asiento, abriendo por fin los ojos. Ojos verdes se movieron desde el rostro de Reed hasta sus manos unidas para volver a mirar su rostro de nuevo, un débil rubor coloreaba las mejillas de la rubia.

"Lo siento." Jae soltó su agarre de la muerte.

Reed abrió y cerró la mano, devolviendo la circulación al abusado miembro. "No hay problema, tengo otra." Todavía podía sentir la leve marca de la cálida mano que había cubierto la suya en busca de apoyo y se sintió conmovida por el inconsciente acto y el contacto casual. Había notado que Jae solía tocar a la gente con frecuencia, pero hasta ahora la propia Reed había sido la excepción. Al menos parece que no cree que soy un ogro. Era un equipo pequeño y había oído a algunos de los mozos y ayudantes imitándola y especulando sobre su discusión con Roan y su muerte. Aparentemente su reputación había sobrevivido su hiato del rodaje.

"Tienes un interesante sentido del humor."

Reed hizo una escena de mirar de un lado al otro antes de susurrar con complicidad. "Shhh, si descubren que la operación de quitar el humor fue un error vendrán a por mí."

Una vez olvidado el miedo, la directora rió y sacudió la cabeza, luego siguió el juego mirando la rejilla para las revistas, los cojines del asiento y el cenicero antes de contestar en un fingido susurro, "hay un hombre en la furgoneta oscura... " Ambas estallaron en risas antes de que Jae pudiera terminar la frase.

Las lágrimas surcaban las redondeadas mejillas de Jae y Reed pensó que se asfixiaría antes de recobrar el aliento. Con una última temblorosa inspiración, la directora volvió a recobrar la compostura. "Oh Dioses, lo necesitaba."

Se le ocurrió una maldad a Reed y rebuscó en la rejilla de las revistas descartando el panfleto de las instrucciones de emergencia, dos relucientes revistas y la tarjeta Skylink antes de encontrar el objeto que buscaba. Lentamente sacó la bolsa de papel de la rejilla, utilizando sus habilidades como actriz para parecer más que un poco mareada y con mal color.

Mirando de reojo a su lado vio como Jae abría los ojos de par en par y la rubia se apretujó contra la ventanilla.

"Reed... no va en serio..."

Acercándose la bolsa a la cara abrió su parte superior y tiró el chicle en ella, después la cerró eficientemente y sonrió abiertamente a Jae.

"Lo retiro. Tienes un sentido del humor retorcido." La otra mujer se había recostado en su asiento, echando el respaldo hacia atrás y estirando los pies frente a ella.

"Mejor para llegar ahí, querida." Parafraseó una frase de una fábula infantil. Presionando el botón bajo el reposabrazos, movió el respaldo de su asiento para ponerlo a la altura del de Jae.

Cerró los ojos por un momento, sonriendo al recordar la mirada en el rostro de Jae. No solía jugar a menudo, en general sólo con Rio o raras veces con Heidi, pero descubrió que esas rígidas barreras auto-impuestas se desmoronaban cuando estaba cerca de la mujer a su lado.

Una repentina sombra hizo que Reed abriera los ojos.

“¿Desean algo para beber?" Otra de las robóticas féminas uniformadas se inclinó sobre ellas.

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