Ya que había sufrido un escrutinio tan fuerte, se permitió a sí misma igual oportunidad. Su primera impresión era que Jae Cavanaugh probablemente no fuera tan joven como aparentaba – pero no por mucha diferencia. El cabello corto y rubio que le caía por el rostro le confería una expresión casi infantil, y de forma breve Reed se preguntó cuánto acero debía haber oculto bajo esa esponjosa superficie.
Se escucharon suaves pasos alejándose por el pasillo y Reed se separó de la puerta. Era muy temprano para comenzar el día y muy tarde para volver a la cama. Sus ojos recayeron en el guión. Una nueva dirección significaba una nueva interpretación del material, así que lo cogió de la mesa y se acomodó en el sofá.
Satisfecha con que mientras no cambiasen las frases, se sabía perfectamente las suyas de los ensayos de los próximos días, dejó de nuevo el guión en la mesa. Ociosa, se preguntó si la autora de la novela había leído o no el guión y si lo había hecho, que pensaría de las variaciones. Reflexionó que sería interesante ver a la intrépida Cavanaugh ponerse manos a la obra. Una cosa era segura; prefería mil veces trabajar para Cavanaugh que para Pirsig.
Sonó el teléfono y esperó al segundo timbrazo antes de cogerlo, tensándosele el estómago de manera involuntaria. “Hola.” Se relajó al conocer quien llamaba y escuchó a la dicharachera agente inmobiliaria explayarse en una colorida descripción de una casa disponible en las colinas.
Le cortó. “Me parece bien.”
La agente pareció ligeramente desencantada con que la actriz no estuviera tan excitada como ella con la propiedad pero le siguió el juego, con suficiente entusiasmo para las dos, y Reed se mostró de acuerdo en quedar con ella a la una para echarle un vistazo.
Eran las once y media ya, con lo que se puso las deportivas y se recogió el pelo bajo una gorra negra de Betty Ford, suponiendo que tendría tiempo suficiente para llegar a Hollywood y tomar una liviana comida.
La agente inmobiliaria no se daba cuenta, pero con que tuviera cuatro paredes, un techo y fuera tranquila, Reed la cogería. Sonrió interiormente, y un jacuzzi o al menos una bañera muy grande , añadió mentalmente.
Su mayor preocupación era la intimidad. Los Angeles no era la ciudad adecuada si buscabas soledad, pero estaba determinada a encontrar algún lugar lo suficientemente tranquilo para que no le atacaran los nervios. Volver al remolino que era rodar al estilo Hollywood ya era suficientemente duro como para encima soportar la propaganda y el espectáculo que eso conllevaba. Reed se iba a alejar de la prensa tanto como pudiera.
Hacer la película – recoger el cheque – salir de la trampa. Sencillo.
Capítulo 3
“¿Quiere qué?”
Habló con calma repitiendo su petición. “Quiero que la autora de la novela sea contratada como persona a consultar sobre el guión. Ella hizo la adaptación original.” Encontrándose de lleno con la mirada de Chambers continuó, “y el guión que tiene no funciona – no tiene enfoque.”
Caitlynn le había mandado por email esa mañana las notas que había tomado, incluyendo un comentario diciendo que era imposible saber si estaban rodando una comedia, un thriller, un romance o un comentario social. Básicamente citó, “han hecho una cápsula con él.” Criticar a Roan era lo último que quería hacer, y evitó echar las culpas a nadie vocalmente, en cambio pidió a su ayudante que convocara una reunión con Rod Chambers.
Así que aquí estaba sentada en el despacho de Rod Chambers, exigiendo cosas en su primer día como directora al productor ejecutivo.
“¿Algo más?” Aun no había respondido a la petición.
Jae decidió coger al toro por los cuernos. “Quiero que para estas partes los actores sean escogidos de nuevo,” y le tendió la lista junto con varias posibilidades y alternativas aceptables. Era casi tergiversar todos los extras.
“¿Y a cambio?”
Reuniendo todas las agallas de las que fue capaz le contestó. “Tendrá una película que no le hará perder dinero.”
Pégale al hombre monedero donde más le duele; menciona el libro de contabilidad. No había manera alguna de evadir la propiedad en Hollywood – no importa cual fuera el lema de la industria – pero había maneras de evitar apestar. Por otro lado, todas sus películas habían hecho dinero – incluso si ninguna de ellas había sido un éxito comercial.
Esperó, manteniendo su mirada, su postura relajada en contraste con su brazo doblado y tenso hombro. Pero entonces, pensó, yo no tengo nada que perder.
Chambers le devolvió la frase con una pregunta. “Y qué pasa si esta…,” comprobó sus notas, “Holly Wulfenden no está disponible.”
Era una buena señal. Un no en el acto habría sido un problema, pero cuanto más durase la conversación significaría que conseguiría las concesiones. “Deje que yo me preocupe por eso.”
“Aun espero que esté en la fecha prevista y bajo presupuesto.”
“Déjeme filmarlo a mi modo y se lo garantizo.” Alisando el guión y evitando los rellenos excesos que añadió el último guionista garantizaría virtualmente que estaría a tiempo y bajo presupuesto. Desechando tan sólo la persecución de los coches les salvaría una semana entera. ¿Qué tienen los tíos con las persecuciones de coches?
“Grandes promesas.”
“No, tan sólo mi palabra.”
“¿Y si digo que no?”
Jae se había estado preguntando cuanto tardaría en hacer esa pregunta. “Entonces seguiremos hablando hasta que lleguemos a un acuerdo que funcione…,” se detuvo, manteniendo un tono de voz serio y profesional, “… pero no seguiré siendo la directora con el guión que tiene, no sería justo para ninguno de los dos.”
“Quiero ver el nuevo esquema de rodaje en mi mesa dentro de…,” pasó las páginas de su dietario, “… una semana… y las primeras cintas editadas a la siguiente.” La miró expectante, devolviéndole la palabra.
Era más de lo que había esperado, medio esperando que Chambers quisiera controlarla en todo momento. Asintió, “parece aceptable.” Tendría las escenas re escritas aunque tuviera que hacerlas ella misma.
“Buena suerte, señorita Cavanaugh.” Se levantó de la silla y le extendió la mano, dando por terminada la reunión.
Salió del despacho y caminó por el pasillo, planeando mentalmente el siguiente paso a dar. Caitlynn alzó la mirada al verla aparecer de vuelta en su nueva oficina, con una expresión en el rostro que no necesitaba hacer la pregunta en voz alta, aunque esto no la detuvo a la hora de vocalizarla de todas maneras. “¿Cómo ha ido?”
Levantó el pulgar y sonrió. “Llama a Mike, tráele tan rápido como puedas… págale el billete de avión si es necesario.” Caminó de un lado a otro por el duro suelo de la estancia, su excitación obvia. “Has tenido alguna suerte con…”
Cait alzó una mano interrumpiéndola mientras hablaba con el agente aéreo. “Correcto, Michael Hurtowski, sin límite – cualquier ruta, él se pondrá en contacto.” Colgó y miró a Jae. “Lo siento… estaba ligeramente ocupada. ¿Qué decías?”
Con buen humor se dejó caer en la silla y escribió algunas notas en la libreta. “No hay problema – la eficiencia es buena – la vamos a necesitar.” Se dio impulso con un pie sobre la mesa y desplazó la silla de lado a lado. “¿Has contactado ya con Wulfenden?”.
Su ayudante la miró con lo que se podría llamar mueca diabólica.
“Oh no… Cait… lo odio.” Su ayudante era buena con la tecnología, y no por primera vez Jae consideró la idea de que quizás Cait encajaría mejor frente a la cámara en esta película, en vez de detrás. Su ayudante era sumamente organizada, su vida y la de quienes la rodeaban mantenían contacto mediante una impresionante – y para Jae – aterrorizadora fuente de aparatos computarizados y electrónicos. “Por favor dime que no es algo como una vídeo conferencia o correo visual.” Elección de palabras dada su falta de conocimiento.
La mueca de Caitlynn se ensanchó exponencialmente y supo que definitivamente no le iba a gustar lo que su amiga tenía bajo la manga.
“¿Has considerado la total ironía que supone que ruedes una película sobre dos cyber genios que se enamoran?”
“¿Qué parte encuentras particularmente irónica?” Jae arqueó una ceja, taladrando a su amiga con su entretenida mirada.
“¿Te sigue hablando Becky?”
Jae asintió. “Si… bueno, al menos ayer lo hacía.”
Cait arqueó su propia ceja prudentemente, demasiado familiar con el modelo de actuación. “Entonces es la parte de los cyber genios, sin embargo si no empiezas a prestarle más atención…” dejó la frase sin terminar, habiendo dado ese sermón tantas que veces que no era necesario que terminara. En vez de eso, abrió un programa en su ordenador y le hizo señas a Jae para que se acercara. “Bienvenida al Palace.”
“¿El Palace? Vaaale… picaré… ¿qué es el Palace?” Una pantalla de brillante fondo estaba repleta de circulitos amarillos y verdes que parecían pelotas de tenis. “¿Y qué son esas cosas?” Señaló una bola en la esquina superior de la pantalla. Todo tenía la pinta de ser un cómic o una pizarra – especialmente cuando empezaron a aparecer burbujas de conversación.
“Eso son avatares, avs para abreviar – este somos nosotras.” Dijo señalando una cara amarilla y sonriente con tres ojos cuyo letrero decía ‘cyber-genios'. “El Palace es un chat gráfico a tiempo real. Y esas somos nosotras.”
Era interesante, aunque no podía entender como el resto de la gente podía enterarse de algo con la cantidad de burbujas de conversación que había al mismo tiempo. También, tenía la pinta de ser el día después de un viaje acid para ella. “¿Cait?”
“Umm.” Su amiga estaba tecleando rápidamente y haciendo ruiditos ante lo que estaba leyendo.
“¿Y qué tal una bonita y sencilla conferencia telefónica?” Teclear no era su fuerte y creía que tendría mayor oportunidad de conseguir la cooperación de la autora si pudieran hablar a un nivel más personal.
“Aguafiestas.” Cait le sacó la lengua y salió del Palace. “Le mandaré un mensaje para decirle que la llamaras.” Su mano cubrió el ratón. “Quizás ese sea tu anzuelo – explicarle lo inepta que eres con la tecnología y rogarle que venga y te re - escriba el diálogo.”
“Jar jar jar.” Ciertamente tenía que pensar en algo. Jae no tenía ganas de re – escribir todo el drama, contratar nuevos actores, nuevo equipo y dirigir su primera película de gran presupuesto ella sola.
“Era sólo una idea.”
Una novela en el borde de su escritorio le llamó la atención. “Ey, ¿qué es esto?” Pasó el pulgar por los resaltados relámpagos y el estilizado paisaje de la ciudad en busca del título.
“Ese es el libro.”
“Grueso.” Lo abrió y leyó un par de párrafos. “Definitivamente necesitamos que Holly ataque el guión. Esto es bueno.” Jae sopesó pensativa el libro sobre una mano. “Quizás debiéramos hacer que Reed y Jennifer lo leyeran…”
“Voy por delante de ti.” Caitlynn buscó bajo su escritorio y le pasó una caja de cartón. “Una docena de copias.”
Jae no pudo evitarlo, estalló en carcajadas. “Recuérdame que te aumente la paga,” fue lo único que consiguió decir.
“Ajá, lo creeré cuando vea el último aumento.”
“Ey te acabo de promover - ¿dame un día o dos vale?” Su chanza fue interrumpida por los altos tonos de su móvil. “Cavanaugh.” Jae le dio la espalda a Caitlynn, “No, no recibí tu mensaje… lo siento… vale, puedo estar allí en una hora… de acuerdo… yo también.” Se giró para encontrarse a una sonriente Caitlynn mirándola. “Ni una palabra… ni una palabra…”
“¿Quién? ¿Yo?” Su mejor tono inocente de voz se quedó corto por tres pueblos.
“Sí, tu. Mándame un mensaje al busca o llámame al móvil cuando acuerdes la hora con Holly.” Con eso, reunió sus notas y se encaminó a su coche, preguntándose mientras tanto qué estaría haciendo Reed Lewis y si tendría algún amigo en la ciudad.
Capítulo 4
Reed se quedó de pie observando la vida nocturna bajo ella, consciente del lejano rumor del tráfico y de los invisibles insectos que la rodeaban. Agitó el vino de la copa, las llaves de la casa y una botella de vino rojo le habían sido entregadas por la sobre excitada agente inmobiliaria a cambio de un cheque, y estudió el translúcido líquido al reflejar en él el brillo de las luces del porche.
La barandilla crujió levemente al apoyarse en ella, pero se mantuvo firme permitiéndole asomarse y estudiar las terrazas de los apartamentos bajo ella. Las casas estaban amontonadas y colocadas de tal manera que se dispusiera del mayor espacio posible a la vez que proveían de la mayor intimidad posible. Podía, si agudizaba el oído, oír retazos de conversaciones provenientes de las casas más cercanas.
No era perfecto, pero bastaría por los dos meses que estarían rodando en Los Angeles. El vaso ya vacío, volvió a la cocina para enjuagarlo y dejarlo secar sobre el escurridor.
Atravesó el apenas amueblado salón y encendió la televisión. Enseguida salió la cofia rubia de rizos de Mary Hart en la pantalla de 28 pulgadas y una foto de Jae Cavanaugh llamó su atención. Reed subió el volumen a tiempo de escuchar el anuncio del hombre de plástico – como quiera que se llamase – que había reemplazado a John Tesh.
El sofá de cuero crujió bajo su peso al sentarse sobre sus cómodos cojines. El sutil aroma del cuero y betún perennes en la antigua pieza.
Fotos de Jae y Roan aparecieron en la parte superior de la pantalla, pero fue la inscripción la que fijó su mirada en el televisor. “Director muerto a los 37.”
El resto de la noticia se le hizo un revoltijo en el cerebro, cuando empezaron a narrar los esparcidos detalles al estilo más puramente Hollywoodiano. Hart añadió la información de que había sido sustituido por la aclamada directora de cine independiente y antigua alumna Jae Cavanaugh.
Pirsig estaba muerto. La noticia la dejó sorprendentemente vacía. Ni siquiera el hecho de que podía haber muerto poco después de su disputa de ayer hizo impacto alguno. Se había ido. Se había acabado, otro capítulo de su vida cerrado con una finalidad que no había esperado.
Reed hizo girar los hombros, liberando el dolor que de repente se le había formado. El suave repiqueteo de su móvil cortó el parpadeo eléctrico hiper activo del anuncio de coches. Sacó la antena y apretó el botón de aceptar.
“¿Es cierto?” No un hola – sólo demanda de información.
“Sí.”
“Bien.” La vehemencia en la voz de su amiga en contraposición a su total indiferencia. Debía haber sido completamente al revés. “El porqué accediste a trabajar de nuevo para ese hombre es algo que jamás entenderé.”
“Era el único que había en la ciudad.”
No había muchos directores que se arriesgaran a contratar una actriz que una vez se había marchado del estudio para no volver jamás. Y fue a Pirsig a quien se lo hizo para más inri. Sin embargo Liz lo había conseguido, transmitiéndole tanto la oferta de contacto como la amenaza de hundirla si no trabajaba a su modo, todo en la misma llamada.
“Rio te echa de menos.”
Se le formó un nudo en la garganta, odiaba dejar atrás a su hijo, pero no tenía elección. “¿Cómo está?” Susurró.
“Aguantando. Hoy ha dormido mucho, estuvieron ayer los niños de Dani y creo que eso le agotó.”
“¿Está despierto ahora?” Probablemente no, había tres horas de diferencia con Maine, pero tenía que preguntarlo.
“Puedo despertarle.” Ofreció Heidi.
“No, déjale dormir, lo necesita. Dile que Mami le quiere y que le llamaré mañana.” Sus ojos se fijaron en el portátil sobre la mesa y se le ocurrió una idea.
“Lo haré. Cuídate, ¿vale?” La preocupación era evidente en las palabras.
Colgó y dejó el teléfono sobre el mostrador. Céntrate. He de estar centrada. El portátil captó de nuevo su atención y Reed cogió de nuevo el teléfono activándolo a la vez que el ordenador. Conectándose a través del móvil a internet navegó a través de algunos marcadores hasta encontrar lo que buscaba.
Pinchando en mandar vio como la barra de estado le indicaba que su mensaje estaba en camino, entonces cerró el ordenador. Un baile hámster de camino.
Cerró el teléfono y lo dejó sobre la mesa por segunda vez en cinco minutos, después cogió el vaso del escurridor sirviéndose un gran vaso de vino rojo Tyrell's Long Flat en el cristalino recipiente.
En silencio observó la simple raja de luna que asomaba en el oscurecido cielo antes de concentrarse en la cena.
***
El camarero miró desaprobadoramente su arrugada y descuidada chaqueta, sus pantalones chinos mostrando el nivel de actividad de su día en cada arruga. La Boheme estaba llena, el famoso restaurante italiano era una bulliciosa colección de quién es quién y quién quiere llegar a ser alguien.
Le devolvió la sonrisa y le permitió cogerle el abrigo de las manos, después le siguió a la sección de la esquina donde Becky y sus padres la esperaban.
“Aquí estas.” La recibió con alegría la fuerte voz de su padre. Buena señal, si sus padres no estaban enfadados entonces Becky lo tendría más difícil para regañarla por llegar tarde delante de ellos.
“Hola papá.” Le besó en la mejilla para después agacharse y darle un abrazo a su madre. “Hola mamá. Siento llegar tarde.”
Su padre sacó la silla para que se sentase, besándole en la cabeza cuando la volvía a colocar en su sitio. Por debajo de la mesa apretó la mano de Becky y le dedicó una sonrisa que esperaba fuera una mezcla de correcta disculpa y cariño. La falta de expresión en el rostro de su compañera, combinada con la no devolución del apretón de manos por parte de la otra mujer era toda la información sobre sus habilidades como actriz que necesitaba. Sigue dirigiendo niña.
“Bueno Jacqueline, ¿qué te ha retenido?” Jae se encogió, como siempre, al escuchar a su madre usar su nombre completo.
“Tuve una reunión con el Productor Ejecutivo de ‘Balance de Poder', después Caitlynn y yo tuvimos que revisar el guión.” Miradas desconcertadas acompañaron sus palabras y se le ocurrió pensar que probablemente no supieran de la muerte de Roan, y ella no había tenido tiempo para llamarles. Estaba ideando qué decir cuando metió baza Becky.
“¿Ahora haces de muchacha de los recados a Roan?” Becky había considerado que volver a trabajar con Roan sería muy sencillo, teniendo en cuenta su creatividad en las series de Hollywood pero no había logrado convencer a Jae.
“Roan… ha muerto.” Era la primera vez que lograba decir las palabras en alto.
Silencio. Incluso Becky parecía adecuadamente apenada.
Por supuesto fue su madre quién rompió el silencio. “Siento escuchar eso cariño. Sé que él era una gran influencia para ti.”
“Te recuperarás calabacita.” Ofreció consolador su padre. “Estoy seguro que el nuevo director te mantendrá en el equipo.”
“Yo soy la nueva directora.” Su móvil eligió ese momento para sonar. “Perdonad.” Contestó la llamada. “¿Qué pasa Cait?… tienes una puntería…” fue cortada.
“Lien ha dimitido.”
“¿Por qué?” Jae se levantó de la mesa y se dirigió a la zona de más tranquilidad próxima a los baños.
“Supongo que su agente le aconsejó que se saliera mientras pudiera.”
“¿Podrías convocar una audición por mí?” Usó el término de la calle para referirse a una audición masiva. El papel de Dar era fundamental, todo lo que necesitaban era alguien creíble que se le opusiera.
“Sin problemas. Roan tenía una lista de candidatas, podemos probarlas.”
“Hmmm mándamelas a mí. ¿Tuviste suerte localizando a Wulfenden?”
“No. Creo que quizás debieras usar la vía tecnológica.” El asombro de Cait al pensar en su jefa navegando por Internet fue notable para la directora.
“Bien.” No tenía tiempo para discutir sobre su tecnofobia. “¿A que hora se había quedado en un principio?”
“A las nueve.”
Miró su reloj, eran casi las ocho. “¿Podemos hacerlo desde tu casa?” Caitlynn vivía en Studio City, mucho más fácil de llegar que el estudio o su casa.
“Sip.”
“Genial, te veo enseguida.” Terminando la llamada se recostó contra la pared. Becky no iba a estar contenta. Captó la mirada de la otra mujer y la saludó con la mano, preparándose para la escena que la esperaba.
“Te vas a ir, ¿verdad?” El tono de voz de Becky era llano, acusador, más una afirmación que una pregunta.
“Necesito…”
“Hacer el papel de Directora de Hollywood.”
“No hagas esto Becky, por favor, aquí no.” Varios comensales habían empezado a girarse en su dirección ansiosos de obtener algún cotilleo o rumor. La información era la moneda de cambio en el poderoso mundo del cine.
“No queremos que se descubra tu pequeño y obsceno secreto, ¿verdad?”
“Becky…” Jae pudo escuchar el dolor mezclado con la rabia en la voz de su amante.
“No, Jae. No más lo siento, no más te recompensaré. Quieres ir a hacer tu película, entonces ve. Pero no esperes que te esté esperando.” La alta morena giró sobre sus talones y salió del restaurante, dejando a Jae mirando como se iba.
Las lágrimas amenazaron con salir de sus ojos, y tan sólo las curiosas miradas de los otros comensales la mantuvieron de romper a llorar. Tomó una calmante inspiración, después otra hasta que se sintió lo suficientemente calmada como para sentarse y excusarse ante sus padres.
Jae rompió el incómodo silencio. “He de ir a trabajar, tengo una reunión con la autora del libro dentro de una hora.”
Su padre asintió, comprensivo. “Estaremos bien. Felicidades calabacita.”
Una sonrisa reemplazó la mueca de preocupada tensión que se había quedado congelada en sus labios. “Gracias papi.” Se volvió hacia su madre y vio que no sería tan sencillo librarse de ella.
“Tú y Becky sois más que buenas ‘amigas', ¿verdad?” Era la pregunta que Jae había estado esperando pero no el tono con el que la escuchó.
Las lágrimas empezaron a rodarle por las mejillas y su madre la envolvió en un abrazo, ignorando a la gente que las miraba de reojo. Asintiendo contra el pecho de su madre susurró, “Ahora ya no lo sé… se ha ido.”
Un gentil dedo le alzó la barbilla, “Llámame mañana, ¿de acuerdo? Y hablaremos… tan sólo recuerda que tu padre y yo te queremos mucho, ahora vete antes que llegues tarde.”
Jae sonrió. “Yo también os quiero.” Apretó la mano de su madre y besó suavemente su mejilla. “Gracias.”
“Buenas noches calabacita.” Su padre le dio otro beso antes de sentarse y coger un menú, Jae supuso que había alcanzado su límite de conversación sensible.
Mientras esperaba que le trajesen el coche pensó en su vida con Becky, las señales de aviso habían estado ahí, demonios incluso Caitlynn se había dado cuenta. Con lo que el anuncio de esta noche no tendría que haberla pillado tan de sorpresa, y ahora sentía que la impresión inmediata se había desvanecido, estaba más preocupada por hablar con Holly Wulfenden que por intentar arreglar las cosas con Becky.
Era, musitó, otro romance fallido en un racimo de ellos. Jae incluso empezaba a dudar que alguna vez lo consiguiera. Sabiendo que su carrera sería un problema, de forma intencionada empezó una relación con alguien de la industria, esperando que Becky entendiera la agenda y demandas de una directora. Sospechó que la novedad había dejado de ser interesante para su amante. O quizás tiene razón, quizás soy demasiado intensa en lo que se refiere al trabajo.
Cambiando un billete de cinco dólares por sus llaves, se sentó tras el volante del Saturn y se encaminó a la casa de Cait.
Treinta minutos después estaba frente a la reja de seguridad y metió el código de invitados. El ascensor indicaba que era en la sexta planta, con lo que se metió en las escaleras, subiéndolas de dos en dos, hasta alcanzar la tercera planta y el piso de su ayudante.
La puerta se abrió revelando el cuerpo de su amiga cubierto por un albornoz color bronce. “Te ves fatal.”
“Gracias. Becky me ha dejado.”
“Ouch. ¿Estás bien?”
Un vaso alargado y congelado le fue puesto en las manos. “Bien. No exactamente sin pena. ¿Qué es esto?”
“Té de Long Island. Ey… esta vez… la rutina de estoy bien no importa no funcionará, ¿recuerdas?”
“Es de lo más extraño Cait… creo que me siento más aliviada que otra cosa.” Hizo una pausa y puso una torcida mueca en su rostro. “Aunque nunca pensé que saldría del armario delante de mis padres por una ex.”
“¡No me digas!”
“Fue inevitable. Creo que la mayoría en La Boheme lo escucharon.”
“Doble ouch. ¿Se lo tomaron bien?”
“Creo que si no se lo hubiera dicho a mi madre, ella me lo hubiera dicho a mí.”
Caitlynn había estado ocupada preparando el software de la conferencia mientras charlaban, y estaba esperando una señal del otro lado. Sonrió a Jae, sus marrones ojos brillando. “¿Crees que llevar el año pasado a Robin a la boda de tu primo les dio alguna pista?”
Le devolvió la sonrisa. “Quizás. Fue más o menos esa época en la que dejó de preguntarme que cuando sentaría cabeza.”
“Estamos dentro.” Caitlynn se sentó, con el portátil abierto para tomar notas. El guión había sido introducido en un procesador de texto y se le había mandado una copia a Holly por si las moscas.
“Hola, soy Jae.” Sonrió a la autora, y se sintió aliviada al obtener una sonrisa de vuelta. Holly Wulfenden parecía estar en la treintena con cabello ondulado que caía suavemente sobre su rostro, casi tocándole las gafas, y una sonrisa abierta que le llegaba hasta sus cálidos ojos.
“Holly. Caitlynn me ha dicho que querías hablar sobre el guión. Es un trato… con una condición.”
Jae aguantó la respiración, esperando a escuchar lo que quería la otra mujer. “¿Qué es…?”
“Si quieres que sea de grado R búscate a otra persona para escribirlo.” La sonrisa quitó la espina de las sarcásticas palabras.
“Trato. ¿Empezamos?” Alzó su guión.
“Sip.” Un suave sonido de tecleo, después un chirriante sonido seguido de una suave voz computarizada. “Prueba esto.”
Un pitido en su terminal la sorprendió. “Qqquuu…”
“Email.” Le dijo Caitlynn, abriendo el programa.
Jae leyó la sección, por segunda vez antes de alzar la mirada. “Perfecto.” Dudó, “Esto fue rápido. Pensé que llevaría más tiempo y sería más difícil tenerte a bordo.”
Holly se encogió de hombros. “Vi ‘El Sonido del Otoño'. Alguien capaz de cautivar a la audiencia con una película completamente visual tiene mi respeto. Creo que puedes conseguir la calidad que los personajes y la historia necesitan. Así que trabajé en esa parte tras la llamada de Caitlynn – me dijo que estabais cortos de tiempo.”
“Gracias.” Con Holly participando en la obtención del mejor guión posible se le quitó un peso de los hombros y sonrío agradecida a la autora. “Hay algunas escenas más que me gustaría revisar esta noche para poder empezar con los ensayos… ¿tienes tiempo?” No mencionó que incluso les faltaba una actriz principal con la que ensayar.
Eran casi las cuatro de la madrugada cuando cortaron la conexión, Holly necesitando ir a trabajar, pero una parte sustancial del guión había sido re escrita. Jae se echó hacia atrás y estiró los brazos, ella misma tenía que estar en el estudio dentro de una hora más o menos.
“Toma.” Cait le acercó la taza de café.
“Mmm gracias.” Tomó un largo sorbo, saboreando el rico brebaje.
“Luego… ¿crees que Chambers nos dejará seguir adelante?”
Jae tragó, considerando la pregunta. “Lo hará si no se entera de lo que estamos rodando”.
Una ceja arqueada se cruzó con su mirada. “Si lee el guión se enterará.”
“No si rodamos estas escenas primero y se las damos el día anterior a la entrega del esquema preliminar de rodaje”. Pasó las hojas impresas y sacó un par de escenas. “Apuesto que ni se preocupa de leer antes el guión.”
“Pícaro pero, ¿tenemos el tiempo suficiente?”
“La mayoría de los actores tiene experiencia en rodajes para la televisión… están acostumbrados a grabar cuarenta y cinco minutos de cinta en una semana.”
“Buen punto.”
“Y si rodamos estas escenas con Reed antes de que el resto de los actores y el equipo se familiarice con ella, le añadirá más realismo.”
“Asumes que ella se ablandará, o mejor debo decir, se derretirá.”
El recuerdo de cálidos ojos azules mostrando desconcierto atravesó su mente y no fue consciente de la pequeña sonrisa que asomó a sus labios. “Creo que estará bien.” Cuanto más habían trabajado en el guión, más convencida estaba de que Reed era perfecta para el papel. La mente de Jae le había suministrado imágenes de Reed en acción, aumentando y haciendo más reales las escenas mentales que Holly y Cait habían escrito, ayudándola a prepararlas para el rodaje.
“Tú eres la jefa.”
“Sip.” Se levantó y cogió su abrigo. “Te veré en el estudio a eso de las nueve. Duerme un poco, te lo has ganado.”
“Por supuesto señora jefa.” Arrastró las palabras Cait.