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Renuncios: Técnicamente no los necesito para esto – esto es un Uber – con eso quiero decir – que he usado y me he inspirado por los arquetipos – pero no hay escenas de guerreras envueltas en cuero; el único báculo que se ve es el equipo de grabación; y nada de Dioses. Tenemos una joven, dedicada e intensa directora y una preciosa actriz con algo de mal genio y torturado pasado. Piensa en esto como un Uber a secas o si lo prefieres como un UberMissy. También tendremos interacciones m/m bien definidas, con lo que mamis echar un ojo a los renuncios.

Chakrams de Plata: Todo aquel que lea esto tiene uno. Y me gustaría agradecerle a cierto bardo que permitiese ‘filmar' su novela. Todo el material mencionado de Tormenta Tropical perteneciente a Melissa Good se usó con la autorización de la misma. Por último, pero no por ello menos importante – gracias a la Musa que me dio la idea. Un reconocimiento para aquellos de vosotros que me señalaron que una frase en gerundio es peligrosa. Especial mención para los Merpups, sin los cuales esta historia no sería ni la mitad de lo que es, o no tendría tanto humor como el que tiene. Editado por The Nit-Pickers: L'il Zon y Zane. Búsqueda y lírica. Jennifer Dickey.

Nota de traducción: las palabras entre * estaban en español en la versión original.

 

LEGADO DE SILENCIO
(SILENT lEGACY)

Escrito por Ciaràn Llachlan Leavit
Traducido por Ana P. Alonso (Asrials)

Parte 1 de 11

© Febrero, 1999

Ninguna parte de este texto será reproducido entero, o en parte, sin el expreso consentimiento del autor.

 

Capítulo 1

“Que alguien encuentre a Cavanaugh”, gritó Rod Chambers a lo largo del estudio de sonido. Varios cuerpos se agitaron para llevar a cabo sus instrucciones antes de que el eco de sus palabras dejara de resonar alrededor del gran edificio, cada uno deseando que el encontrar a Jae Cavanaugh les hiciera subir de posición de alguna manera.

Caitlynn agitó la cabeza y se dirigió hacia la parte de atrás, su intuición diciéndole que la rubia co-directora no debía haber vuelto aun del área de filmación. El mustang negro de Roan Pirsig no estaba aun en la zona del parquing marcada con el letrero, ‘Director, Balance de Poder', pero el plateado Saturn aparcado al otro lado del aparcamiento de Blackmon Pictures confirmaba que al menos Jae estaba de vuelta. Se quitó el oscuro cabello de la frente, maldiciendo el calor del verano en Los Angeles. Una figura descuidada llamó su atención y cambió de dirección. Su presa estaba hablando a través de la gruesa puerta de un largo trailer como tratando de convencer a su recalcitrante estrella de que saliese.

El día era un completo desastre. Nadie había visto al director desde que él y Reed Lewis casi llegaban a los puños esa mañana y la tensión más que la excitación regía la atmósfera. Mientras andaba deprisa por el asfalto se le ocurrió que nadie había visto a la estrella desde entonces tampoco. Definitivamente no era la forma más auspiciosa de comenzar a filmar.

“¿No va a salir?”

Jae se giró y le dedicó una descolorida mueca. “Estoy empezando a dudar que esté ahí dentro incluso”. Con un giro de la muñeca se puso su bolsa al hombro y se encaminó hacia su ayudante. “De todas formas, ¿qué pasa esta mañana? Recibí un mensaje en el busca diciendo que volviera y hablara con ella”. Agitó una delicada mano en dirección al trailer. “No es que haya tenido mucha suerte”.

“No lo sé con exactitud. La Helada Reina Amazona y Roan se metieron en él y después se fueron”

“¿La Helada Reina Amazona?”

“La Helada Reina”. Enfatizó Caitlynn. “¿No la has conocido?”. Compasión mezclada con sorpresa sonó en su tono de voz.

Movió la cabeza negativamente. “Aun no”.

“Te espera entonces un placer real”. El tono sarcástico de Cait indicaba que creía más bien en lo opuesto.

“Roan la contrató; ¿cuán mala puede ser?”. Jae se dio cuenta de sus cejas alzadas y suspiró, “tan mal, ¿eh?”.

“Míralo así…”.

Jae alzó una mano. “No me lo digas, lo descubriré por mí misma”.

“¿Mirando el lado bueno de nuevo cielo?”.

Rió. “Alguien tiene que hacerlo por vosotros, sentenciadores a muerte”. Estaban casi de vuelta al estudio de sonido 17. “De todas formas, ¿qué pasa?”.

“El señor Chambers se está desgañitando buscándote”.

“¿Roan no ha vuelto aun?”. La sorpresa se hizo notable en sus delicadas facciones.

“No. Luego, te toca a ti”.

“Jopelines”.

“Menudo lenguaje”. Bufó, regañando burlonamente a su jefa. Jae no podría maldecir a una monja ni aun tratando.

Una suave risa acompañó su bufido, entonces cuidadosamente Jae serenó su expresión antes de ir en busca del Productor Ejecutivo.

***

Reed metió bruscamente tercera, disparando el motor cerrando el paso a un sedan beige, cogiendo a duras penas la salida al Lincoln Blvd. Girando a la derecha en Pico se embaló hacia el océano antes de girar de nuevo a la derecha, esta vez hacia la 4ª avenida. Los frenos provocaron un suave ruido a gravilla, patinando sobre el suelo cuando detuvo en seco al Range Rover frente al hotel. De forma ausente le tiró las llaves al aparcacoches y atravesó las puertas dobles de cristal.

Sin ganas de ser apretujada en cuartos pequeños por la gente arracimada frente a los nada fiables ascensores del Double Tree, subió a la segunda planta por las escaleras. Su habitación estaba al final del pasillo opuesto a la zona en renovación – un acuerdo del que se sentía sumamente agradecida.

Mientras la puerta se cerraba lentamente tras ella, la tensa rienda que había mantenido durante el día se vino abajo. El espejo sobre la encimera reflejaba tan sólo la imagen que ella proyectaba al resto del mundo. ¿Pero por cuanto tiempo más? Reflexionó Reed. De hecho ya podía sentir las grietas.

Se marcharía por una razón. La decisión tomada, sacó una Guiness de la nevera y la abrió, marcando un número en el teléfono con la otra mano. “Ponme con Liz”, ladró la actriz al auricular.

Tomó un gran sorbo del oscuro líquido escuchando las excusas de la recepcionista tan sólo por el tiempo que tardó en tragar. “No me importa si tiene una Villa Amazona ahí dentro. Ponla al jodido teléfono AHORA”.

“Reed, cariño, ¿en qué puedo ayudarte?”. Intercedió suavemente Liz antes de que pudiera decir nada más.

“Quiero dejarlo. No puedo hacerlo”. Encendió un cigarrillo y echó el humo por las fosas nasales, sintiendo que los efectos combinados del alcohol y la nicotina la calmaban.

“¿Ni se ha empezado a filmar y ya quieres dejarlo?. Sabes lo difícil que fue conseguirte ese papel después de…”

Cortando a su agente por el teléfono dijo. “Como si pudiera olvidarlo recordándomelo constantemente”.

Liz adquirió un tono conciliador. “Mira cielo, achaca lo que quiera que haya pasado hoy a los nervios. Si mañana te sigues sintiendo igual veré lo que puedo hacer – pero Reed, esto es lo que hay – estropeas esto y estás acabada – fin de la historia”.

Exhaló violentamente otra bocanada llena de humo, y de mala gana reconoció la verdad en las palabras de su agente. Eso es lo que había. No había más oportunidades. O hacía este trabajo o estaba acabada. No podía dejar que Pirsig sacará lo mejor de ella, no otra vez. “De acuerdo. Probaré otro día”. Dejando el auricular en su sitio se dejó caer en el sofá de la sala de estar, y trató de disipar el miedo que la corroía.

***

“Está muerto”.

Jae se dejó caer en la silla que tenía a sus espaldas, previniendo a duras penas caerse al suelo. “Muerto…” Dijo sin voz.

Chambers la observaba especulativamente e incluso a través de su desconcierto sintió cierta alarma. Sus sospechas se confirmaron un momento después cuando él le tendió los guiones para las escenas de los próximos días. “Es tu proyecto ahora”.

Rabia mezclada con la impresión y la pena. Eso era. Un él ha muerto y es tuyo. No lo siento… nada. Dándose cuenta que perder la compostura ahora no la ayudaría se tragó sus sentimientos, consciente del nudo que se le había formado en la garganta, y se preguntó como Chambers era capaz de actuar como si estuviese hablando del tiempo en vez de la muerte de un hombre.

“No me defraude señorita Cavanaugh. Espero que esté lista a tiempo y dentro del presupuesto.”

Asintió y él salió de la habitación. Atontada se quedó mirando las hojas azules en sus manos. Dirigir la Unidad Secundaria era una cosa pero esto… Cualquiera pensaría que estaban grabando una obra escocesa. Primer día y el director había muerto mientras que la actriz principal había desaparecido. Esto estaba adquiriendo la forma de un grandioso desastre.

Las puertas de roble de la vacía oficina al otro extremo del recibidor la señalaban. Las palabras R. Pirsig y el nombre de la película estaban perfectamente estilizadas en el oscuro velcro de la placa. Una oleada de lágrimas comenzaron a oscurecer la silueta de la puerta. Era su desastre ahora.

Tras coger las llaves del coche del desorden de su mesa se encaminó al aparcamiento, morbosamente sorprendida de que su nombre ya hubiera reemplazado el de Roan en su zona de aparcamiento. Jae sacó su coche notando que su nombre había sido pintado pero no reemplazado por ningún otro. Parecía que nombrar a su sucesor, era asunto suyo.

Dejando atrás los Estudios Universal encaminó su coche hacia el oeste en dirección a la autopista de San Diego. Lo primero que tenía que hacer era encontrar a su estrella. Los coches cambiaban de carril adelantándola, relativamente sin tráfico en la tarde noche.

Sin aviso, imágenes de Roan se filtraban a través de la tardía luz solar y el sonido de máquinas en funcionamiento. Había deseado volver a trabajar con él. No a todo el mundo le había resultado fácil trabajar con él pero había sido un buen mentor, enseñándole un montón antes de salirse de su protección y empezar a dirigir películas independientes por su cuenta. De él Jae había aprendido que la dedicación y la seguridad eran dos llaves esenciales para conseguir el éxito en este negocio – bueno, eso y un título en Educación Temprana en la Niñez. Era completamente inusual en él abandonar un estudio sin razón aparente y ahora se había ido. Lágrimas salían lentamente de sus ojos mientras luchaba por mantener el control, la finalidad del anuncio de Chambers empezando por fin a calar en ella.

Sin pensarlo, Jae cambió de carril en la autopista para salir de ella. Varias calles después volvió a entrar en ella, esta vez dirección Norte hacia las Palisades. Reed Lewis podía esperar.

***

La luz roja en el contestador parpadeó ocho veces y miró su reloj. Ocho y cuarto. Eso significaba dos llamadas de su madre, una del señor Anderson que llamaba como un reloj a las ocho en punto, una de Becky, al menos dos mensajes vacíos o números equivocados, dejando dos mensajes no esperados. No valían la pena. Jae le dio al botón de rebobinar del contestador y le quitó el sonido al teléfono.

El apetito le había vuelto durante su solitario paseo alrededor del malecón, la fresca brisa llevándose con ella parte del acuciante dolor. El sonido de las olas golpeando las piedras junto al sonido de las corrientes del viento la había ayudado siempre a calmarla, el latido y la respiración del planeta recordándole que el mundo seguía adelante. Jae había dejado que apareciesen imágenes de Roan y jugó con ellas en su mente, asumiendo su pérdida a la vez que celebraba el tiempo que le había conocido. Sin encontrar nada que le gustase en el mostrador, fijó su vista en cualquier otro lugar.

Un rápido vistazo a la nevera reveló que Antonia había tirado todas las sobras de sus comidas rápidas y las había reemplazado con tupperwares ordenadamente etiquetados. Diestramente cogió un plato, el tupperware, cubiertos y una lata de coca cola, arreglándoselas para meter la cena en el microondas y presionar los botones adecuados sin que se le cayera nada.

Su estómago rugió impaciente cuando el aroma de la comida calentándose comenzó a expandirse por la cocina cosquilleándole la nariz con una combinación de especias y vegetales. Si tenía alguna queja de vivir en el sur de California – esta era la más grande – conseguir filetes o carne era prácticamente imposible.

El insistente pitido del microondas llamó su atención y con cuidado sacó el plástico caliente, una vez más balanceando el puzzle que consistía su cena como una veterana del circo.

Un impulso la había hecho detenerse en el Blockbuster camino de casa y cogió las películas del mostrador, añadiéndolas al precario bulto sobre sus manos.

Con cuidado subió las escaleras del piso, optando por cenar en su habitación, siendo la cama más cómoda que el austero sofá de lino de la sala de estar. Una pila de notas de trabajo llenaban el lado izquierdo de la cama y las juntó todas antes de añadirlas a la existente pila de las mismas que conquistaban su escritorio.

Una vez dispuesta la cena sobre la bandeja, Jae volvió su atención a la fila de videos que descansaban en un cajón. Campion, Rozema, Spielberg, Wertmuller, Scott, Nair. Un título captó su atención y metió la cinta en el vídeo. ‘Más allá del atardecer'. Una película de bajo presupuesto con un inolvidable guión e igualmente inolvidables locales. Aun así, de alguna manera, habían sacado lo máximo del guión y el equipo para crear una película memorable que le había permitido dar el salto y dirigir por sí misma.

Había querido hacer películas desde niña y cuando Roan Pirsig la había tomado bajo su protección durante su último año en la escuela de cine había estado encantada, su reputación sin parangón. Cuando, seis meses después, él le había dado como si nada la mitad de la filmación de una película, había saltado de alegría ante la oportunidad. Viendo el resultado ante sus ojos, determinó poner el mismo entusiasmo para finalizar este proyecto al igual que habían hecho con el primero.

Jae descolgó el teléfono. Podían esperar un día más antes de empezar, había varias cosas de las que tenía que encargarse primero. Por primera vez en varias horas una sonrisa encendió su rostro y se sintió preparada para encarar el reto.

Reposó los ojos sobre la película de alquiler, y la tocó con los dedos, pensativa. “Hora de conocer a La Helada Reina Amazona”.

***

La puerta no se abría. Tras ella el corredor se encogía, baldosas cayendo hacia la nada. El picaporte se le quedó en la mano, la puerta seguía sellada. Alzando una mano golpeó la barrera pero ningún sonido atravesaba el menguante pasillo, y su voz tampoco sonaba. Otro insonoro grito rompía su garganta, las últimas baldosas del pasaje desaparecían y ella comenzó a caer…

Reed se sentó de golpe, el pulso latiéndole tan rápido que podía sentir la piel a ambos lados de su garganta saltar en respuesta. Los tristes números rojos en el reloj se burlaban de ella con el anuncio de que eran sólo las tres de la mañana. Saliendo de debajo de las arrugadas sábanas, se puso un albornoz y salió de la habitación camino del salón.

Tres viajes a través de los tres canales disponibles fallaron en mostrar algo que le interesara y se dejó caer sobre los cojines, el mando a distancia olvidado. Otra mirada al reloj le informó que aun tenía dos horas que matar antes de salir al estudio con lo que se levantó del sofá y cogió su bolsa de gimnasia.

Los años habían sido benévolos, pero no podía contar con ello para siempre. Hollywood no era un sitio magnánimo con las mujeres. Un rápido entrenamiento y un baño caliente. Justo lo que necesitaba. Quizás si quemaba la suficiente energía no sería tan difícil aguantar a Pirsig.

Se encogió al pensar en la pelea que habían tenido el día anterior. Nada podía evitarla ya. Pero Liz tenía razón – tenía que hacer que funcionase – las apuestas eran demasiado elevadas.

Su entrenamiento fue como la seda, la flexibilidad volviendo rápidamente a sus músculos adormilados y se perdió en los repetitivos movimientos, concentrándose en cada movimiento hasta sentir el placentero dolor extenderse por sus extremidades. Los pesos entrechocaron suavemente entre sí cuando los soltó. Otros sonidos empezaron a filtrarse a través de los pasillos cuando otros patronos comenzaron sus respectivos días.

Un hombre rubio y oscuro de piel entró en el área del gimnasio dedicándole una apreciativa mirada antes de adquirir una pose ante la banqueta de abdominales para mostrarle cuan hombre era.

Ella bufó y cogió su toalla. Tenía tiempo suficiente para un baño semi lento y un café con croissant. Primero el baño. El aroma de café recién molido vino del comedor y se sonrió a sí misma. “¿Por qué elegir?”. Se sirvió una pasta de queso junto con un termo de café y se encaminó hacia el ascensor.

El agua se había enfriado para cuando terminó de tomarse el café y la pasta. Reed estiró por última vez su cuerpo antes de levantarse y echar la cortina de la ducha. Una rápida pasada bajo la ducha y salió de la bañera, después se secó vigorosamente las gotas de agua de su piel y se sacó el pelo de la cara.

Un golpe sonó en la puerta de la suite, sorprendiéndola por un instante. “Espere un minuto”, anunció a través de la puerta abierta del baño. Reed se puso una sudadera, se abrochó los vaqueros y fue a abrir la puerta, aun descalza.

“¿Quién es?” Tenía la puerta medio abierta antes de decir estas palabras.

“Jae Cavanaugh. ¿Podemos hablar?”

 

Capítulo 2

Caitlynn dejó el auricular del teléfono en su sitio, la última de sus llamadas terminada. Cuatro zonas horarias, siete actores, una multitud de técnicos y un productor – miró su reloj – y no son ni las seis de la mañana aun.

La próxima vez que decidas promoverme un jodido puesto hazlo durante el día como el resto del mundo, ¿de acuerdo? . Regañó mentalmente a su amiga y jefa. Estaba holgazaneando en el baño cuando Jae la llamó anoche y le dio instrucciones para cancelar ensayos y convocar reuniones.

Tenía que pasar otra hora hasta que pudiera hacer la siguiente ronda de llamadas y ponderó su siguiente movimiento. La agenda de rodaje tenía que ser revisada – no mucho porque perdieran un día – pero si porque cada director tenía su manera de aproximar el orden de las secuencias y la grabación. Jae tendía a ser muy cronológica y juzgando por la agencia de Pirsig que había visto, su estilo era distintivamente más al azar.

Reorganizar la agenda de rodaje significaba reorganizar guiones y posiblemente modificar escenarios que podían no estar disponibles si esperaban demasiado. Como Disney World – no te apropias de un parque de entretenimiento en un momento.

Anduvo por la cocina del estudio y rellenó su taza de café. Podía haber sido peor; podía haber sido ella quien tuviera que enfrentarse a la Helada Reina en vez de su jefa. Había destinos peores que escuchar la voz de Sean Connery a primera hora de la mañana. Te lo mereces Jae, por arruinarme una encantadora y perfecta sesión de baño. Cogiendo su guión del mostrador le echó una ojeada, la colección multi color de páginas un signo definitivo de que ésta no sería una película fácil de filmar. Colores múltiples significaban múltiples correcciones, y normalmente eso conllevaba a una historia inconexa y desenfocada.

Portátil y guión en mano, se sirvió otra taza de café y se encaminó al sofá para acomodarse y hacerle algunas notas sobre el rodaje a Jae. Media hora después se detuvo, incrédula.

Levantándose del sofá se acercó a la saturada estantería junto a la pared y señaló con el dedo los títulos… aquí. Tomando el libro con ella se encaminó a la cocina donde rellenó la cafetera con granos frescos, la puso bajo el fuego y abrió el libro, empezando a leerlo mientras esperaba que empezase a hervir el agua.

Varias tazas de café, 356 kb de apuntes y dos horas después se reclinó exhausta. Jae podía convertir esto en una estupenda película sin problemas. El material necesario para rellenar el extravagante guión Hollywoodiense estaba en el libro y no dejaría de decirle a su jefa que hiciera leérselo a los actores principales. Realmente era una buena historia – sólo un mal guión. Pensativamente, observó la lista de actores, musitando que no la sorprendería en absoluto ver cambios de última hora respecto a ellos.

Quizás tuvieran suerte y Reed Lewis fuera la primera en irse.

***

Ver a Reed Lewis en la pequeña pantalla de su televisión Sony no había preparado ni de lejos a Jae para la realidad que estaba ante ella.

La cámara normalmente creaba la ilusión de presencia o altura, pero mirando a la mujer bajo el dintel de la puerta del hotel, la Directora se dio cuenta que en este caso no era una ilusión. Reed Lewis tenía la presencia.

Intensos ojos azules la enfocaron, y una voz de grave tenor respondió a la pregunta de Jae con otra. “¿Y usted es…?”

“Jae Cavanaugh”. Extendió una mano.

La duda cruzó brevemente el rostro de la actriz antes de alzar una estilizada mano y envolver la suya en un agitar breve y cálido. “Eso ha dicho.”

La otra mujer seguía en la puerta y no hizo movimiento alguno para invitarla a entrar con lo que lo intentó de nuevo. “Soy de Blackmon Pictures…,” se detuvo, fallándole una explicación sobre quién era ella.

La sorpresa se mostró claramente en las cinceladas facciones y una oscura ceja se arqueó sobre un ojo de azul imposible. “¿Esto es sobre lo de ayer? Dígale a Pirsig que seré buena. No tiene por qué gustarme para rodar su película – o que me guste lo que esté rodando.”

Oh chico. Si la pelea era por el contenido entonces estaban en problemas. “De hecho, señorita Reed, ahora soy yo la Directora.”

“¿En serio?” Por primera vez parecía que tuviese la completa atención de la actriz, la curiosidad asomando claramente en su tono de voz. “Esto tiene que ser el récord por el menor coste detrás de una cámara – la cinta ni siquiera ha empezado a rodar.” Reed Lewis había dado un paso atrás y con la mano le indicaba imperiosamente que pasase.

“Ha habido… un accidente… y me pidieron que lo reemplazase.” Todavía no era capaz de decir que había muerto. Tomó asiento en la silla saturada de cojines más próxima a la ventana, sintiendo calor donde los rayos del ascendente sol tocaban su piel. Jae se centró en la sensación, permitiendo que la energía la reforzase.

“Hubieran hecho mejor desechando la película en vez de contratar a un nuevo director.” Ninguna pregunta sobre los detalles o evidencia de preocupación acompañaron sus duras palabras.

“¿Por qué?.” Jae se echó un poco hacia delante para evitar que el sol le diera en los ojos, feliz por la oportunidad de conversación natural.

“¿Asumo que al menos ha leído el guión?”

Luego era un problema con el contenido. La pregunta era… ¿qué contenido? “Lo requiere el empleo.” Sonrió Jae, sin dejar que la acosara.

“Pirsig lo ha cambiado ya una docena de veces.”

Jae parpadeó. Había intentado alejarse de esa parte de la producción. La mayor parte de su trabajo consistía en depurar los detalles y el matiz de los rodajes, así como los extras. La revisión de guiones no era su departamento. A Roan le gustaba partir sus guiones – algo así como rodar dos películas diferentes, y sus secciones no habían sufrido una mayor revisión. “¿De eso trataba la disputa de ayer?”

“Apenas… Pirsig no es el primer director en rodar una jodida escena.” Un suave bufido acompañó a sus melodiosas palabras.

“¿Entonces qué?”

“Quería que alcanzase al menos el grado R.”

Bingo. Contenido. Esperó, manteniendo su expresión abierta con la esperanza puesta en que la otra mujer continuara. Había algo más ahí también, pero Jae no podía captarlo.

Prevaleció el silencio un minuto mientras la otra mujer la medía. Jae podía sentir el peso de su mirada evaluativa e imaginó los engranajes girando en la mente de la actriz.

Finalmente habló Reed. “Estuve de acuerdo en filmar una película de… lesbianas, no en hacer escenas de desnudo completo.” No había lugar a dudas sobre lo que pensaba respecto a ese grupo demográfico.

Jae revisó sus palabras, pensando sobre qué tipo de respuesta darle. Decirle que ella era una de ellas no era probablemente la mejor manera. “No se me conoce por filmar pornografía.”

Estaba claro que la actriz no esperaba una respuesta tan simpática.

“Cavanaugh… Cavanaugh… dirigió la película muda que revolucionó Sundance el año pasado, ¿verdad?.”

“El sonido del Otoño, si.”

“Impetuosa.” En este punto y de mala gana el respeto reemplazó algo del antagonismo que había marcado la mayoría de las palabras de la actriz. “¿Por qué está aquí?.”

Quizás se estaba acostumbrando a la aspereza de Reed Lewis pero esta vez no la pilló tan desprevenida, su franqueza extrañamente refrescante en una ciudad conocida por sus aduladores chupaculos. “He cancelado los ensayos de hoy…”

“Podía habérmelo dicho por teléfono o haber mandado a algún mandado para eso.”

‘¿Me pregunto que dirías si supieras que Sean Connery obtuvo la llamada del mandado y tu me tuviste a mí?' Reed la estaba mirando con atención. “Podría haberlo hecho… pero quería conocerla antes de mañana.” Tras verla como Diana en ‘Equilibrium', sabía que de todos los actores con los que tenía que trabajar – Reed era a la que lincharían.

“Bueno ya me ha conocido.”

También estaba siendo aparente porqué la llamaban la Helada Reina. La parte de Amazona había sido necesario en el segundo que fijó la vista en la actriz de casi seis pies de altura.

Los fríos ojos azules por sí solos ya eran suficientes; añade el comportamiento y Jae tan sólo podía imaginar cómo sería trabajar en condiciones que no le gustasen a la actriz.

Esto no estaba saliendo en absoluto como lo había planeado, y se le ocurrió que presentarse sin previo aviso en el hotel de una completa extraña a las 5:30 de la mañana, no había sido una idea tan maravillosa después de todo. “Sería agradable que usted me conociera a mí también.”

Para su sorpresa la actriz se rió. Una grave y placentera carcajada que alcanzó hasta sus ojos, haciéndolos más cálidos. “Dejé que entrara, ¿no?”

“Cierto.” Sonrió levemente y se reclinó en la silla. Cuando la otra mujer no siguió comentando su respuesta Jae tomó la oportunidad de estudiar más de cerca a la actriz. Reed iba vestida con la ropa casual y común en un set de rodaje. Después de todo no tenía sentido arreglarse para que dentro de una hora en los camerinos repitiera el proceso de una manera completamente diferente.

El silencio que reinó entre ellas dejó de ser tenso, habiendo alcanzado algún tipo de tregua no hablada, con lo que dejó que sus ojos dejaran de mirar la ropa para estudiar la mujer bajo ella y de nuevo sintió su atención centrada en la presencia que irradiaba Reed, incluso pareciendo en reposo. Un suave movimiento de la carótida era el único signo que revelaba que la actriz no estaba tan calmada como parecía.

Jae pudo sentir los primeros síntomas de anticipación y excitación aparecerle en el estómago al ver cómo se movía Reed, comparándola mentalmente con la caracterización que había sacado del guión. Combinada con la actuación que había visto anoche, el áurea de Reed hacía obvio porqué Roan la había elegido a ella para el papel. El truco sería hacerlo funcionar.

De hecho varias posibilidades se le iban ocurriendo, ideas y ángulos de cámara y pintando mentalmente las imágenes las transformaría en película. Consciente de que quizás el silencio se había prolongado por mucho tiempo, se levantó y estiró la mano.

Reed no había indicado que hubiera algún problema entre las dos y Jae se sentía optimista por haber conseguido su propósito – el antagonismo de la actriz parecía ser exclusivo de Roan. Ciertamente se sentía más a gusto con el casting. “Gracias por recibirme, tengo otros asuntos que atender, pero la veré en el estudio mañana.”

Siguió a la actriz hasta la puerta, contenta con el asentimiento en señal de afirmación que obtuvo al decir que la vería en el estudio.

La puerta sonó levemente tras ella y se recostó contra la pared, y parte de la tensión del encuentro se le fue al relajarse un poco, tomando pausadas y profundas inhalaciones. ‘Una fuera… a por las otras dos.'

Apoyándose contra la cara interna de la puerta de la habitación, Reed dejó escapar la tensa respiración que había mantenido de manera inconsciente desde que abriera la puerta. Consciente de que la otra mujer seguía en el pasillo, le dio cierta satisfacción descubrir que la directora no estaba tan calmada como pretendía. Las temblorosas y profundas inhalaciones de la rubia se filtraban a través de la puerta junto con el aroma del café recién hecho y el sonido de los platos entrechocando en los carritos al ir haciendo sus rondas los del servicio de habitaciones

Se preguntó brevemente si los objetivos de la visita de Cavanaugh habían sido alcanzados – si superó o no la prueba.

Ojos verde mar la habían repasado de arriba abajo y Reed se movió ligeramente con el recuerdo de la intensa mirada de la directora. Los motivos de cualquier otro director que la estudiara tan de cerca no habían sido difíciles de adivinar, pero Cavanaugh la había confundido. Hombres directores… sin problema, pero nunca antes había trabajado con una mujer directora y no tenía ni idea de cómo eran.

 

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