—No… —Dar miró el canal que estaba sobre su cabeza—. Lo hiciste tú…reiniciaste el canal de fibra óptica —Agarró a Kerry y la abrazó—. ¡Lo hiciste tú!
Atónita, Kerry se la quedó mirando.
—¿Lo hice yo? —miró alrededor y vio la clavija—. ¡Fue un accidente!
—¡Waaahoo! —gritó Mark a través del teléfono— ¡Increíble, Dar! Dale a esa mujer un beso de mi parte.
Los ojos azules, ahora vivos, miraron traviesamente a Kerry.
—Oh…creo que puedo hacerlo —se levantó y tiró de Kerry con ella mientras un coro de cansados aplausos llenaban la sala.
—Uh…¿Dar? —susurró Kerry desesperadamente—. Um…sabes, adoro cuando me besas…de veras que sí, pero um...podríamos sólo... —Movió la cabeza en dirección a los expectantes técnicos—. Me siento como un video juego.
Dar soltó una carcajada.
—De acuerdo… —aflojó, pasando un brazo sobre el hombro de Kerry y caminando hacia el grupo que ahora hablaba con excitación. Agarró el teléfono que sujetaba Kerry—. Entonces…¿todo está online?
—OH…sí… —dijo Mark con una carcajada—. Oh espera…está el teléfono rojo…imagínate, el sol está empezando a salir —Murmuró—. MIS Operaciones, Polenti —Una pausa—. ¿Hmm? Oh…sí, estamos conectados…no hay problema —Otra pausa—. Sip…eso también…toda la red está conectada —Una larga pausa—. Sí, la tengo en la otra línea…qu…vale…de veras…gracias —Colgó el teléfono—. Hey, ¿Dar?
—¿Sí? —respondió Dar, aceptando los gritos de felicitaciones de la multitud.
—Les me ha dicho que te diga que durmió como un bebé —relató el jefe de MIS—. Dice que lo entenderías.
Dejó que una fugaz sonrisa sin humor cruzase su cara.
—Sí…lo entiendo —respondió—. De acuerdo…déjame salir de esta cosa…me voy a asegurar de que está estable, y luego me voy a dormir un poco —la idea de una cálida cama y acurrucarse junto a Kerry se le hizo abrumadoramente atractiva—. Hasta luego —Colgó y se guardó el teléfono en el bolsillo.
Personal fresco estaba entrando en el edificio mirando cautelosamente alrededor de la puerta de entrada hasta localizar rostros familiares. Un supervisor estaba ocupado haciendo una planificación, y otras dos nuevas caras estaban extrayendo consolas monitorizadotas de las cajas y preparándolas.
—Lo hicimos —declaró Dar, en un tono admirado—. No me lo puedo creer.
Kerry exhaló.
—Claro que lo hicimos —confirmó.
Ambas miraron cuando alguien llamó por el nombre de Dar desde fuera. Un hombre vino apresuradamente hacia ellas, deteniéndose cuando las alcanzó.
—¿Srta. Roberts? —preguntó—. Hay algunas personas fuera…creo que son la gente de medio ambiente…quieren verla.
Dar se puso inmóvil.
—¿Algunas personas como las de anoche? —preguntó cautelosamente.
Él asintió.
—Sí…la misma doctora…pero dijo que su jefa estaba aquí…quiere hablar con usted —hizo una mueca—. Fueron bastante rudas al respecto —Añadió, después se giró hacia alguien que lo había llamado y se marchó.
Kerry miró el rostro de Dar, viendo en él confusión y desgana.
—¿Quieres que me haga cargo? —preguntó sin rodeos.
Unos claros ojos azules se clavaron en los de ella.
—Gracias…pero…um…será mejor que vaya —le dijo Dar pesadamente—. Espera aquí…no tardaré mucho…ya que ahora ya no me importa cuándo van a limpiar el otro edificio…con tal de que mantengan los generadores en funcionamiento.
Kerry no se echó atrás.
—¿Seguro que no quieres compañía? —no tenía ni idea de qué era lo que estaba asustando tanto a Dar, pero maldición si no iba a ver de qué se trataba—. Dos de ellos…sólo es justo si están dos de nosotros.
Dar dudó.
—Su jefa y yo tuvimos un asunto —admitió finalmente.
—Me lo imaginaba —contestó tranquilamente la mujer rubia—. Esa era la vieja historia, ¿cierto?
Un asentimiento.
—Sí.
—Dar, ha sido una noche muy larga…estás cansada…deja que me ocupe de ellas por ti —alegó Kerry sosegadamente, viendo la sombría indecisión en los ojos de Dar—. O, por lo menos, deja que vaya contigo.
Cedió.
—De acuerdo —Dar se pasó una mano por el pelo—. Acabemos con esto…quiero irme de aquí —Agarró el maletín de Kerry y se lo colgó del hombro—. Después podemos irnos.
Salieron, lado a lado, a la gris llovizna.
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Era casi como si su estómago estuviese retorciéndose en nudos. Kerry caminó al lado de su jefa, observando los músculos de su mandíbula tensarse y relajarse en el lateral de su rostro mientras se dirigían al la oficina de redes. Dos figuras se encontraban de pie bajo el saliente protegidas de la lluvia, y Kerry casi sintió a Dar encresparse cuando las divisó.
Esto era potencialmente muy feo, se dio cuenta, estudiando a las dos personas. Una era la Dra. Simmonds, a quien conocía. La otra, una alta mujer estereotipada con el pelo acastañado por el sol estaba de pie tranquilamente observando a Dar como un halcón cuando ésta apareció. Kerry tuvo un inmediato y muy visceral deseo de patearle las espinillas y tuvo que preguntarse sobre su reciente naturaleza física.
—¡Hey, Dar! —una voz las interrumpió, haciéndolas detenerse y girarse hacia la figura que venía corriendo hacia ellas. Era el gerente regional de Bellsouth, que extendió una mano hacia Dar al tiempo que se acercaba—. Oí que funcionó…¡felicidades!
Dar hizo acopio de una sonrisa y aceptó su mano.
—Vosotros hicisteis que ocurriese —le dijo cordialmente—. Os empeñasteis a fondo…no piensen que lo olvidaré.
Kerry se dio cuenta de que estaban lo bastante cerca de las otras dos mujeres para que los oyesen y vio sus rostros colgarse. Una sonrisa apareció en su rostro al ver aquello.
—Sí…fue estupendo trabajar con vosotros —añadió ella aceptando también su mano—. Tus técnicos son fantásticos…nos trajeron de vuelta sin problema —Se aseguró de que su voz fuese un poco más alta de lo necesario.
—Bueno, gracias… —dijo él sonriendo—. ¿Puedo invitaros a un desayuno a la antigua usanza?
Dar rechazó la invitación con pesar.
—Tenemos que ocuparnos de unos asuntos…pero gracias por la oferta —asintió hacia las dos mujeres que estaban esperando—. Creo que las científicas quieren decirnos algo.
—Cierto…bueno, cuidaros —dijo gesticulando con las manos, después se fue a paso acelerado aclamando a uno de los técnicos que pasaban cerca.
—Sabes, Dar… —dijo Kerry un paso por detrás en cuanto retomaban su caminata—. Si no lo supiera bien, creo que esta gente se quedaron decepcionadas de oír que las cosas hayan funcionado —Sus ojos volaron hacia sus blancos.
—Mm —murmuró Dar—. Puede que tengas razón —dijo como para dentro para sacarse el algodón de la boca e intentar ignorar el batimiento de su corazón, muy consciente de los ojos de Shari puestos en ella. Hizo acopio de su frialdad, su fiereza exterior y las colocó en su sitio.
—¿Dar? —la voz de Kerry descendió a un bajo murmullo.
—¿Hmm? —agachó la cabeza ligeramente mientras cerraba y abría fuertemente los puños.
—Te quiero.
Dar pestañeó y después levantó la vista cuando se encontraron con las dos mujeres. Shari, ¿quién?
—¿Necesitabais hablar conmigo? —preguntó afablemente, sintiendo desvanecerse su temor, apartándolo de un codazo, respirando el conocimiento de que Shari había estado equivocada todos estos años. Sus ojos se encontraron con los de su antigua amante, y le dedicó un pequeño asentimiento de reconocimiento—. Hola, Shari.
—Dar —respondió la mujer en una voz baja y musical. Sus ojos fueron rápidamente a la cara de Kerry y elevó una ceja.
—Lo siento… —Dar sintió una sonrisa aparecer por los cantos de su boca—. Esta es mi socia, Kerrison Stuart…Kerry, esta es Shari Englewood.
—Es un placer —respondió Kerry educadamente extendiendo la mano y devolviendo el fuerte apretón con uno suyo.
Se produjo un silencio embarazoso.
—¿Os importaría dejarnos a solas? —dijo Shari finalmente—. Me gustaría hablar con la Srta. Roberts en privado.
La Dra. Simmonds se alejó de inmediato, aparentemente agradecida de poder salir de la situación, pero Kerry se quedó allí parada durante un largo momento, mirando fijamente a la mujer de pelo castaño antes de agarrar el maletín que tenía Dar y dedicarle a su jefa una rápida sonrisa.
—Te veo en el coche.
Dar medio giró la cara y le guiñó un ojo.
—No tardaré mucho —observó a Kerry caminar a grandes pasos hacia el vehículo, agachando la cabeza bajo la persistente lluvia. Después se dio la vuelta y cruzó los brazos sobre el pecho.
Y esperó. Los ojos grises la estudiaron, y ella devolvió la mirada sin acobardarse, manteniendo una expresión reservada. Shari no había cambiado mucho, salvo que había ganado un poco de peso y su rostro había adquirido una expresión más fría y predadora. Dar se percató de que seguía siendo muy atractiva y la mirada de aquellos familiares ojos le trajo viejos y dolorosos recuerdos que intentó quitarse de encima.
—No has cambiado mucho —dijo Shari finalmente—. ¿Aún andas por ahí haciendo el trabajo sucio?
Dar se negó a tomarlo como ofensa.
—Claro —dijo arrastrando las palabras—. Solo que ahora me pagan más por ello…y tengo un despacho en el ático —Le produjo un poco de satisfacción decir aquello y una pequeña risa burlona asomó por el canto de sus labios para certificar la mofa—. Y dicho sea de paso, si tu equipo de químicos no encuentra rastros de vuestra peligrosa sustancia, te encontrarás la factura de todo esto en tu escritorio.
—Oh, los encontrarán —respondió—. Yo no me preocuparía por ello…me hizo tan feliz oír que la ibas a cagar que tuve que venir a verlo personalmente —Sus ojos vagaron por el cuerpo de Dar—. Pero volviste a sacar el jodido conejo de tu culo, ¿verdad? —Resolló—. Eso apesta, Dar…debí haber venido anoche, cuando Anne me dijo que te estabas desgarrando los cabellos.
—Siento haberte decepcionado —contestó Dar—. Ahora, a menos que tengas algo de decir de verdad, tengo un Jacuzzi y una cálida cama esperándome —Dejó salir una franca sonrisa a sus labios, observando la diminuta reacción en los claros ojos de Shari.
Siguió una pequeña negación con la cabeza.
—Se me había olvidado lo diferente que pareces cuando sonríes —caviló la otra mujer—. Vas a estar mucho tiempo en la ciudad, ¿Dar?
Uh oh.
—Sólo hasta esta noche…después me iré unos días a las montañas —respondió cautelosamente—. ¿Por qué?
Un encogimiento de hombros.
—Pensé que quizá nos pudiésemos sentar y hablar unos minutos —hizo una pausa—. ¿Estás con alguien?
Dar a duras penas podía creer lo que estaba oyendo y sintió una fría rabia empezar a fraguarse.
—Sí —respondió tranquilamente—. A pesar de tu predicción.
Un suave bufido.
—Me encantaría…¿conocerla? —arrugó la nariz al preguntar.
Dar usó su aplomo.
—Ya lo has hecho —contestó suavemente—. Ahora, si me permites, tengo que irme —Hizo un asentimiento a Shari, se dio la vuelta y empezó a caminar hacia el coche.
—Espero que sepa en lo que se está metiendo —gritó Shari tras ella.
Dar se detuvo y se giró.
—Tenías razón en algo —la miró fijamente a través de la helada lluvia—. No tenía ni idea de lo que era el amor —Observó con salvaje satisfacción mientras el comentario era entendido, después se dio la vuelta y se fue.
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Kerry se alegraba de que, por lo menos, fuese de día. Estaba cansada, y sabía que los reflejos estaban resentidos, pero el tráfico estaba muy ligero.
—¿Gira a la derecha ahí arriba? —preguntó suavemente, con una rápida mirada a su compañera.
Dar asintió.
Kerry estaba preocupada. Dar había estado distante desde que había regresado al coche, dejando descansar su cabeza contra el vidrio de la ventana, su reflejo era evidentemente triste a los ojos de Kerry. Indecisamente, se había inclinado hacia ella y le había cogido la mano, animándose cuando los largos dedos se apretaron sobre los suyos inmediatamente.
—¿Estás bien?
—Sí —Dar suspiró—. Sólo estoy cansada —Giró la cabeza y estudió el perfil de Kerry—. Creo que necesito una siesta.
Kerry la miró.
—Yo también —confesó—. Me duele la mano con este frío…¿cómo está tu rodilla?
Dar la frotó con su mano libre e hizo una mueca.
La mujer rubia aguardó un tiempo y tomó una respiración.
—¿Esa mujer aún de preocupa?
Los músculos a lo largo del maxilar de Dar se contrajeron, y se relajaron.
—Es…sólo me ha traído viejos y malos recuerdos…eso es todo.
—Mm… —Kerry esperó, pero no vino nada más—. ¿Algo que quieras compartir?
Dar pensó en ello un largo rato, mientras filas de húmedos y grises árboles pasaban a su lado.
—Yo… —se detuvo y se aclaró la garganta—. Yo nunca…nunca antes he hablado de ello con nadie…quizá un par de orejas amigas ayuden —Interiormente se dio cuenta de que era un abismo descomunal por el que se había lanzado, pero Kerry no podía saberlo.
Los cantos de la boca de Kerry se curvaron, en cuanto guiaba el coche cuidadosamente por la delgada carretera y un largo camino de acceso donde una señal anunciaba la presencia del hotel en el que se alojaban.
—Creo que eso se puede arreglar —introdujo el coche en el estacionamiento exterior y aparcó—. Vamos.
Dar la siguió de buena gana por las escaleras, llevando al hombro su bolsa de noche y dedicando al botones una breve sonrisa mientras Kerry le daba las llaves del coche. Se acercaron al mostrador y Dar dio su nombre tranquilamente al encargado.
—Era supuesto venir anoche, pero…
—Sí, Srta. Roberts…su oficina llamó y nos informó —le dijo la mujer sonriéndole—. Guardamos la habitación…no hay problema…y um… —Rió un ligeramente entre dientes—. Creo que tienen una pequeña sorpresa esperándolas arriba.
Dar y Kerry intercambiaron recelosas miradas.
—¿Una sorpresa? —preguntó Dar—. ¿Qué tipo de sorpresa?
La mujer le sonrió alegremente.
—Ahora…si se lo dijera, ya no sería una sorpresa…pero no se preocupen. No es nada malo —les extendió las llaves del cuarto—. Aquí tienen…tenemos servicio de habitaciones disponible las veinte y cuatro horas, y están en la planta del conserje, así que pueden preguntarle al salir del ascensor si necesitan algo.
Dar suspiró.
—Gracias —tomó la llave y le dio a Kerry la suya, después siguió a la mujer más pequeña mientras se dirigían al ascensor—. Odio las sorpresas —Se quejó.
Kerry le dio unas palmaditas en el abdomen indulgentemente.
—Vamos, Dar…probablemente sea una cesta de fruta —reprendió a su jefa—. ¿Puedes relajarte? Todos los hoteles hoy en día lo hacen con los clientes VIP.
—Mmph —Dar se reclinó contra la pared del ascensor e intentó ahogar un bostezo—. Sí…supongo —Esperó a que las puertas se abriesen, se apartó de un empujón de la pared trasera y caminó pesadamente entre ellas, dedicándole un asentimiento al rosado y ancho conserje antes de pasar por su mostrador.
Su cuarto estaba en la esquina. Dar extrajo la tarjeta llave, la utilizó, y giró el picaporte cuando se encendió la luz de abierto empujando la puerta.
El aroma a chocolate las alcanzó y las hizo pararse a ambas en su camino.
—Whoa —dejó salir Dar al encender las luces.
Era una habitación grande, con una grande ventada una grande y aparentemente cómoda cama. Una puerta en un lado conducía al cuarto de baño y otra en el otro lado al enlosado Jacuzzi. Frente a ellas estaba una mesa redonda, cubierta con una enorme cesta rebosante de todas las variedades de tipos de chocolate. Dar se encontró a sí misma mirándola con una tonta sonrisa.
—Oo.
Kerry la miró a hurtadillas.
—Pensaba que no te gustaban las sorpresas —comentó dándole una palmada a su jefa al pasar a su lado y soltar el bolso.
—Te voy a decir una cosa…siempre que quieras sorprenderme con cincuenta libras de chocolate, adelante —respondió Dar, arrancando la tarjeta de la adornada asa y examinándola—. Es de Les.
—Ohh —sonrió Kerry—. Que sorpresa —Se acercó y miró la tarjeta—. Es muy dulce de su parte.
—Bueno —dijo Dar escarbando entre los contenidos de la cesta—. Considerando que acabamos de salvarle su trasero de franela gris, no es algo sin precedentes —Miró a Kerry—. Habría doce cuentas principales en cola si no hubiéramos puesto a trabajar aquel material esta mañana.
Kerry se detuvo completamente y se la quedó mirando.
—¿Por qué no me lo dijiste? —le preguntó picada.
Dar miró la superficie de la mesa y jugueteó con la tarjeta.
—No tenía sentido que ambas estuviésemos enfermamente preocupadas…supongo…no sé…debí haberlo hecho —miró a Kerry con remordimientos—. No es que hubieras podido hacer más de lo que has hecho —Hizo una torpe pausa—. Lo siento.
Kerry la miró enfadada.
—No…pero ello había explicado por qué estabas tan condenadamente tensa —empezó a decir, después vio una casi imperceptible mueca de dolor en el rostro de Dar. Ahora no, Kerry. La avisó su mente. Ahora no…está cansada, estás cansada, y te ha pedido disculpas por no haberte dicho nada. Déjalo ir —. Jesús, Dar…dímelo la próxima vez, ¿huh? Así podré morderme las uñas contigo —le dijo a su jefa con una sonrisa de lado.
Dar se relajó ligeramente.
—Lo haré —prometió quitándose la chaqueta y colgándola en el pequeño armario—. Me pregunto cuánto tiempo nos llevará dar cabo de esa cesta —Dijo girándose hacia Kerry con una sonrisa.
Kerry miró la enorme cesta con trepidación.
—Creo que nos pondremos enfermas del estómago si lo intentamos —comentó irónicamente, mientras se quitaba la chaqueta y se sacaba la camisa por fuera de los pantalones—. Debe haberse movido bastante rápido…ni siquiera son las nueve.
—Bueno… —Dar se quitó los tenis y los arrojó cerca de su bolsa, después se quitó la sudadera por encima de la cabeza colgándola pulcramente en la silla antes de desabotonarse la camisa de franela y quitársela—. Si yo pude instalar setenta circuitos T1 y routers antes del amanecer, creo que me las arreglaría para conseguir una cesta de chocolate —Se inclinó hacia atrás y se desperezó, estremeciéndose cuando los dos hombros crujieron antes de enderezarse y pasarse los dedos por el cabello para frotarse la nuca—. Dios, estoy cansada —Admitió—. Me alegro de que haya acabado…podemos descansar hasta la hora de cenar, después no iremos a la cabaña. Está más o menos a una hora de aquí…y parece que el tiempo se está aclarando un poco.
—Me parece bien —dijo Kerry andando hacia ella, habiéndose despojado de los pantalones y con la camisa medio abierta, para desabrochar los vaqueros de Dar. Sus dedos se deslizaron fácilmente bajo la pretina y soltó el primer botón, dejando que sus pulgares trazaran los contorneados músculos bajo la piel. Se inclinó y cariñosamente besó la suave piel, sintiendo las costillas moverse bajo sus labios en una respiración irregular.
Aunque el aire de la habitación estaba fresco contra su piel, Dar se quitó la camisa. Las manos de la alta mujer se deslizaron lentamente por sus brazos dejándolos para moverse a través de su caja torácica, causando una sacudida de pura sensación mientras los errantes dedos rozaban sus pechos.
—Pensaba que estabas cansada —dijo Kerry guturalmente mientras acariciaba con la nariz una suave curva.
—El olor de todo ese chocolate debe haberme despertado —respondió Dar, atrapando un pequeño pliegue de piel con sus dientes mordisqueándolo delicadamente—. Pensaba que tú estabas cansada.
Kerry desabrochó el segundo botón y me movió más para abajo, trazando el borde del ombligo de su amante y subiendo hasta el borde del esternón.
—Desearía poder echarle la culpa al chocolate —murmuró inhalando ávidamente—. Pero no es ese el olor que me está poniendo la carne de gallina.
—Mm…sí…mira eso —la yema de un dedo de Dar hizo un perezoso sendero por su hombro, después los labios trazaron la misma parte en cuanto su cuerpo se despertaba por completo, olvidando la larga noche y las frustraciones del día. Incluso los últimos y perseverantes ecos del pasado causados por la aparición se Shari se desvanecieron, reemplazados por la sólida y reconfortante presencia de quien ahora estaba enrollada en su cuerpo. Se quitó los vaqueros, encontrándose a sí misma siendo tirada en dirección a la cama, y se dejó ir regocijadamente, sus brazos llenos de desnuda y cálida piel.
Kerry le dio la vuelta y se colocó encima de ella, acabando con el lóbulo de una de las orejas de Dar ágilmente atrapado entre sus impecables dientes blancos.
—Hazme saber… —susurró en un tono amortiguado—. Cuando empiece a aplastarte, ¿vale?
Dar se rió entre dientes bajo su garganta y le dio una palmada en el trasero.
—No hay problema…apenas lo puedo sentir —lo que no era del todo cierto, pero estaba cerca. Estrechó y enrolló sus piernas alrededor de las de Kerry y se rindió a una placentera oleada de pasión.
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El teléfono sonó, sacando a Kerry de un profundo sueño. Agarró a tientas el recibidor, arreglándoselas para ponerlo en algún lugar cerca de la oreja.
—¿Sí? —se aclaró la garganta—. Lo siento…quiero decir, ¿hola?
—Hey… —la voz de Mark resonaba de manera extraña—. ¿Kerry?
Llamó a su conciencia, apartándose suavemente del cálido cuerpo de Dar.
—Hey. Estoy aquí…dime —hizo una pausa—. ¿Mark? —Una rápida mirada al reloj le hizo saber que eran cerca de las cuatro de la tarde, se frotó los ojos habiendo estado en un extraño pero interesante sueño.
—¿Dar está ahí? —inquirió Mark.
Kerry bajo la vista hacia el largo y poderoso brazo que rodeaba su estómago y sonrió.
—Está aquí…está durmiendo…¿Qué ocurre?
—Oh…nada en realidad…um…probablemente debería…uh…echarle un vistazo a su e-mail cuando tenga oportunidad —dijo Mark inocentemente—. Sabes…nada urgente.
—En realidad…iba a mandar los portátiles de vuelta a Miami…esperaba estar unos días sin ellos —admitió Kerry—. Mark, ¿es algo importante?
Él se rió entre dientes suavemente.
—Nah…el domingo por la noche estará bien…ella debe revisarlo antes del lunes por la mañana, supongo —un sonido de teclado—. Ya de paso, chicas, hoy sois las heroínas del día aquí .
—Apuesto que sí —Kerry se apoyó en la almohada y se acurrucó contra Dar, que inmediatamente la estrechó más fuerte—. Mm.
—¿Qué fue eso? —preguntó Mark.
—Uh…sólo estaba concordando contigo —Kerry se abofeteó mentalmente—. Bueno, me alegro de que todos estén contentos por ello…supongo que tendremos una tremenda reunión el lunes, ¿huh? —Suspiró—. Será una aventura…puedo imaginarme la programación.
Mark carcajeó.
—Uh…bueno, sí…va a ser todo un lunes —concordó—. Escucha…pasároslo bien, ¿vale? Relajaros, con calma…desligaos un poco.
Kerry bostezó.
—Lo haremos…te llevaré almíbar de arce o nueces o lo que sea que haya aquí —lo escuchó reírse y colgó, dejando que su cuerpo se sumergiese en el cálido regazo donde yacía, mientras, soñolienta, contemplaba el pacífico cuarto.
Dar estaba profundamente dormida, lo supo mirando por encima del hombro. La alta mujer se había quedado dormida después de que hicieran el amor, y apenas se había movido una pulgada en las pasadas horas. Kerry se debatió entre volver a dormirse, pero entonces reparó en que era mejor empezar a moverse en breve si querían ir a la cabaña.
—Primero lo primero —decidió, alcanzando el teléfono—. Lo único que hemos comido en las últimas veinte y cuatro horas ha sido media docena de Bolas de Nieve y un vaso de café. Ni siquiera Dar puede vivir con eso.
—Claro que puedo —el suave musitar le hizo cosquillas en la oreja—. Esos…son…dos de los grupos alimentares, ¿cierto?
—Shh —Kerry marcó un número en el teléfono tras examinar la tarjeta que había en la mesita de noche—. Hola, soy…oh, sabes el número de mi habitación, genial —Dijo cuando alguien respondió— Vi que tienen pizzas, vale…quería dos pequeñas… —Sintió un codazo en las costillas—. Um…lo siento…dos pizzas medianas…una vegetal, la otra con… —Miró a Dar—. Embutido y pepperoni —Otro codazo. Kerry suspiró—. Y extra de queso.
Dar sonrió y le acarició la nuca con la nariz.
—Gracias…y una jarra de té helado, por favor…¿perdona? Oh…sí, no…eso estará bien —Kerry finalizó el pedido y colgó el auricular. Se retorció en los brazos de Dar y la contempló afectuosamente—. Mark dice que somos unas heroínas.
—Apuesto que sí —respondió adormecidamente la mujer de pelo negro, con los ojos aún cerrados—. Supongo que tenemos que movernos, ¿huh?
—Mm… —Kerry trazó ociosamente una pequeña cicatriz del mentón de su amante—. Dijiste que querías estar allí antes de que oscureciese —Observó mientras los párpados de Dar se abrían trémulamente, revelando sus ojos alarmantemente azules, permitiendo que Kerry los contemplase fijamente.