SEXTA PARTE
Kerry se giró y contempló el grupo disperso dentro del gran almacén diseminándose hacia fuera por la puerta e intentando esquivar la hierba y las bolas de polvo que rodaban lánguidamente por la sucia alfombra. Tenía un olor entre un sucio cobertizo y un garaje lleno de moho. Kerry arrugó la nariz por pura reacción.
Pero por lo menos era caliente, más o menos, y no llovía dentro. Dar estaba de pie en el centro de la sala, con las manos en las caderas y los ojos contemplando el espacio en el que tenían que trabajar. Kerry se dio cuenta de que de su chaqueta goteaba bastante agua de la lluvia.
—De acuerdo —dijo finalmente la alta mujer de pelo negro—. ¿Ya ha llegado el camión? —Se giró hacia el gerente del complejo—. Me ha parecido oír un motor fuera.
Él asintió.
—Acaba de llegar…les haré apilar las cajas aquí y empezar a desembalar las cosas.
—Bien…deben tener estantes y una bobina de Cat 5 —le dijo Dar—. Es mejor empezar por que la gente haga cables puente…yo trabajaré con la compañía de teléfonos para conectar las líneas.
—Ok —dijo él frotándose los ojos—. Maldición…desearía que tuviésemos una urna de café aquí dentro —Salió hacia el grupo de técnicos gruñones.
Café. Dar deseaba que él no lo hubiera pronunciado. Pudo sentir el agotamiento del día alcanzándola, mientras ella hacía un esfuerzo consciente para poner en marcha su cerebro enfocándolo en las cosas que aún no estaban hechas. El frío también le había engarrotado los músculos, y su rodilla medio curada llevaba horas doliéndole, desde que se había levantado y caminado. Con un suspiro, se dio la vuelta, casi chocó con Kerry.
—Qu…oh…perdona.
La mujer rubia le puso un bulto de ropa en las manos.
—Toma…ve y cámbiate me estás haciendo castañear los dientes.
Dar levantó las manos en reflejo y se encontró con ropa seca y cálida.
—Dond…um…gracias —le dirigió a Kerry una sonrisa de agradecimiento—. ¿Dónde está la tuya?
Kerry le mostró la maleta que llevaba colgada al hombro.
—Voy a hacer una rápida salida con Mary… —apuntó a la gerente de día que había llamado al personal—. Cuando vuelva, me habré cambiado…están descargando los routers.
Dar asintió.
—Lo sé…vale, voy a empezar por bajar las conexiones del T1.
—Después de cambiarte de ropa —insistió Kerry— ¿Vale?
Una suave risa entre dientes.
—Vale —Dar siguió los rótulos pintados apresuradamente que indicaban los sanitarios, se metió en el que decía “Señoras” haciendo una mueca de dolor al sentir el olor a leche podrida—. Oh dios —Se debatió consigo misma mientras aguantaba la respiración. Después decidió que desmayarse sería una mala idea, así que se limitó a atraer a su mente pensamientos más agradables mientras se quitaba rápidamente la ropa empapada. Fue casi como una experiencia sensual deslizar el limpio y seco tejido de los vaqueros por sus enfriadas piernas. Se puso rápidamente la camisa de franela que Kerry le había traído y la sudadera—. Condenación, esto sabe bien —Comentó a la vacía habitación mientras recogía su camisa y sus pantalones goteantes, los escondía sobre un tenderete divisor y metía sus empapada ropa interior en los bolsillos de los pantalones.
Se sentó en el borde de un barreño de agua mientras se ponía un par de gruesos calcetines calientes y sus zapatos de lona secos. Dejó caer las manos cuando acabó y se regocijó el simple placer de sentirse abrigada y seca tas unas cuantas horas de miserable humedad. Se preguntó brevemente cuánto tiempo le habría llevado hacer esto por sí misma. Se sintió culpable porque Kerry casi le había tenido que dar un codazo para que lo hiciera. Con un suspiro, se levantó, deseando que ella hubiera pensado en traerle algún analgésico para la rodilla. Se miró en el reflejo empañado pasándose los dedos por el pelo ordenándolo un poco.
—Rata anegada —le dijo al reflejo, que le devolvía la mirada irónicamente—. No te extrañes de que todos piensen que estás chiflada.
Regresó caminando pesadamente al almacén. Sólo entonces se preguntó donde habría ido Kerry.
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
—De acuerdo —Kerry esforzó la vista a través del parabrisas—. Necesitamos encontrar un sitio para comprar bocadillos o algo así para todos…deben estar hambrientos —Por supuesto, tenía un motivo personal para decirlo, pero parecía mucho más noble si pensaba primero en el grupo—. ¿Hay algún 24 horas de comestibles por los alrededores?
Mary se la quedó mirando.
—Estás de broma, ¿verdad?
—Vamos…hasta tenemos uno en Saugatuck —le dijo Kerry mirándola—. Bien…un Seven Eleven…un Wal Mart…lo que sea.
—¿Qué tal un Big Fat Boy's Eat Em All ( El Gran Gordo Que Se Los Come Todos) ? —preguntó Mary con el rostro completamente serio—. Tienen un buen pastel.
Kerry aguantó la respiración para evitar una risa nerviosa.
—Oh…vale…claro…
—Y hay un Para y Compra…si quieres —añadió la mujer.
—Los dos —dijo Kerry asintiendo firmemente con la cabeza—. Um…el restaurante primero…¿aceptan cartones de crédito?
Mary se rió.
—De acuerdo entonces…primero al Para y Compra…puede que tengan un cajero —dijo Kerry con un suspiro.
La otra mujer puso el coche en funcionamiento y echaron a andar por los oscuros caminos durante minutos antes de aparecer una tienda solitaria aunque bastante bien iluminada. Salieron del coche y entraron en la tienda. Kerry no se sorprendió al ver que eran las únicas clientes. Kerry fue hacia el obvio cajero nuevo que se encontraba en el lugar de honor cerca de la máquina de helados. Agarró en su cartón de crédito de la compañía, lo introdujo y marcó el código. Pensó durante un momento, tras lo cual marcó una cifra, imaginando que la máquina se bloquearía electrónicamente mientras analizaba su petición. Finalmente, le dio el dinero de mala gana. Extrajo la tarjeta, se dio la vuelta y comenzó a rondar pensativamente por los pasillos del establecimiento.
Menuda selección. Suspiró, y fue hasta el empleado que se encontraba donde la caja registradora observándola con ojos soñolientos.
—¿Puede darme una caja, por favor? —el hombre le dirigió una mirada confundida pero luego fue al cuarto trasero y regresó con una caja de cartón dándosela sin decir una palabra—. Gracias —Kerry la cogió y fue hacia el estante donde escogió entre las escasas opciones de Twinkies y otros artículos. Escogió los artículos reconocibles, dejando atrás algunos paquetes dudosos que contenían dulces. Remolcó la caja hacia la parte delantera—. Márqueme eso, por favor —Le dijo al hombre antes de ir al congelador y estudiarlo. Una breve sonrisa le pasó por los labios, abrió el arca y tomó un artículo que entregó al empleado de la caja—. De acuerdo —Pagó al hombre, agarró la caja y siguió a Mary afuera.
—No me puedo creer que estés haciendo esto —comentó la mujer. Abrió el maletero y la observó mientras ponía la caja dentro.
Kerry estaba para contestar cuando apareció una oscura figura deambulando hacia ellas.
—Hola preciosas —su barbudo rostro estaba ligeramente colorado y caminaba con un pequeño tambaleo—. Parecéis mojadas…dejadme que os seque —Extendió una mano pero Kerry lo esquivó—. Hey…
—No gracias…estoy bien…pero gracias por la oferta —la mujer rubia retrocedió hacia la parte lateral del coche.
—Aw…vamos… —el hombre fue tras ella haciendo eses rodeado de una nauseabunda nube de hedor a alcohol—. Una pequeña cosa bonita como tú…ven aquí…no te haré daño…
—No…en serio…estoy bien… —Kerry aguardó a que Mary abriese su lado y se metiese dentro del coche y le abriese la puerta—. No…detente…
Él le agarró la chaqueta y tiró de ella acercándola. Unos ojos inyectados en sangre la miraban a la cara ávidamente.
Kerry suspiró.
—No estoy de humor para esto —liberó el brazo de un tirón, lo agarró de la mano y lo tiró por encima de su hombro con un movimiento bien aprendido que lo hizo aterrizar de cabeza sobre el helado fango. Entonces, abrió rápidamente la puerta del coche y se dejó caer en el asiento. Cerró la puerta con un portazo y murmuró un comentario mientras meneaba la cabeza.
—Imbécil
Mary arrancó el coche sin articular una palabra y comenzaron a andar.
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
—¿Mandaron un centro de Ethernet? —Dar se apoyó en los estantes que acababan de ser montados y observó mientras otra caja aun estaba siendo desembalada. El mohoso olor del almacén estaba casi completamente substituido por el aroma a aparatos electrónicos recién abiertos. La sucia y estropeada alfombra estaba cubierta de técnicos de aspecto cansado ocupados en hacer cables y en ensamblarlos.
—Sí…está allí —el hombre al que estaba dirigiéndose apuntó sin levantar la vista, ocupado en su tarea y abstraído de su interlocutor.
A Dar no le importó. Fue hasta la caja que el hombre le había indicado y asomó la cabeza al interior. Descubrió el artículo que estaba buscando, lo sacó de la envoltura protectora de plástico que lo envolvía y le quitó el polvo de encima.
—Genial —fue cojeando hasta una improvisada mesa donde dejó la caja. Sacó la pequeña navaja del bolsillo de sus vaqueros y cortó la tapadera del recipiente. Sus ojos examinaron el aparato. Lo extrajo del paquete y lo llevó hasta el primer estante. Lo deslizó hacia un lugar encima del primer router y lo atornilló—. Ya está…si los ajustes están preparados, podemos empezar a enganchar estas condenadas cosas.
—De acuerdo —concordó fatigadamente el gerente del complejo encendiendo el centro—. Por lo menos enviaron supresores de subidas de tensión…pero me alegro de haber encontrado esas alargaderas en el sótano.
—Mm —dijo Dar mientras pulsaba en los interruptores de los routers instalados—. Oh mierda… —Se frotó los temporales—. Necesito un condenado recto a través del cable de serie y un 9pin para programar estas malditas cosas.
John maldijo por lo bajo.
—Cristo…de acuerdo…déjame ver lo que tenemos…puede que consiga que alguien alambre una pieza de Cat 5 como serie.
Dar se apoyó contra el estante un momento. Se enderezó y fue hasta donde los técnicos de telecomunicaciones se encontraban atornillando y conectando los cables de dos grande bloques.
—¿Cómo va eso? —preguntó examinando los enchufes—. Estupendo.
El técnico que estaba más cerca levantó la vista.
—Ya casi está…tiene suerte, señora…este es el único panel de enchufes múltiples en esta parte de las Carolinas…no tengo ni idea de cómo consiguió inventario para dejarnos.
Los orificios nasales de Dar echaron llamaradas.
—Te lo diría, pero tendría que matarte —bromeó débilmente recordando la conversación de veinte minutos, a pleno pulmón, maldiciendo en dos idiomas con un gerente de infraestructura de nivel medio de la compañía de teléfonos—. ¿Podemos empezar a encenderlo?
Acabó con el último tornillo sobre la desconchada pintura del panel de conexiones.
—Sí…¿tiene los cables de conexión? —levantó la vista viendo que Dar le daba una mano llena de lo que había pedido—. Oh…bien… —Tomó el manojo y empezó a conectarlos al tiempo que Dar conectaba el otro extremo al equipo—. ¿Qué hora es?
Dar consultó el reloj.
—Cuatro y media —dijo haciendo una mueca de dolor—. Muy bien…¿la fibra está conectada?
—Casi —comentó el hombre mientras iba hacia la puerta.
Dar terminó su labor, retrocedió un paso y consideró en equipo ensamblado.
—Que enredo —había cables por todos lados, conectando los routers, los intercomunicadores del centro, sin mencionar los cables de energía que corrían por todas partes. Lucecitas verdes y rojas empezaban a pestañear en los routers. Se pasó una mano por el pelo, mientras trataba de dejar atrás el cansancio imaginando qué necesitaba que ocurriese seguidamente. Oh. Cierto. Agarró su teléfono móvil y marcó un número.
—MIS —contestó una voz.
—Mark…bien…tenemos los… —empezó a decir Dar.
—Circuitos conectados…sí, los veo…pero aún no están terminados —respondió Mark, en medio de un ruido de llaves—. Mierda, eso fue rápido Dar…¿qué hiciste, coaccionar a toda la compañía telefónica?
Dar suspiró.
—Tuvimos suerte…ya había bloques terminales en este maldito almacén…acaban de asignar los pares —encontró una caja donde sentarse y tomó una profunda respiración—. Esa fue la parte fácil…ahora tengo que configurar los routers, y meter el cable de fibra…dios quiera que esos condenados paneles centrales estén aún andando sin el generador, o estaremos haciendo todo esto para nada.
—Suenas agotada —comentó Mark quedamente.
—Ha sido un largo día —reconoció Dar, reposando los codos sobre las rodillas y cerrando momentáneamente los ojos—. Desearía tener algo de… —Dejó de hablar y levantó la vista cuando el aroma a café recién hecho le acertó en la nariz. Encontró unos cálidos ojos verdes mirándola fijamente—. Oh, eres una visión para mis pobres ojos —Murmuró.
Mark carcajeó en su oreja.
—Dile hola a Kerry de mi parte —remarcó irónicamente.
Kerry le entregó una grande taza de café.
—Hola Mark…¿te podemos llamar de aquí a un momento? —aguardó la respuesta y después colgó—. Siento haber tardado tanto…no te haces idea de lo difícil que es encontrar lugares abiertos en esta zona a estas horas —Echó una mirada alrededor—. Wow.
Dar sorbió el café sin hacer comentarios, sintiendo como regresaba algo de vida a su interior junto con el cálido y dulce brebaje que iba hacia su estómago.
—Estaba a punto de mandar una patrulla de búsqueda —notificó a su amante—. Tenemos los circuitos conectados, pero… —Dar dejó entrar un poco de duda—. Maldición, Kerry…no sé si podemos hacerlo…falta demasiado por hacer —Lanzó una mirada por encima del hombro al sistema medio ensamblado—. Quizá estaba chiflada al intentarlo.
Kerry la contempló con inquietud…la cara y los brazos de Dar estaban cubiertos con borrones de polvo y suciedad procedentes del equipamiento. Tenía oscuros círculos bajo los ojos, visibles incluso bajo la escasa iluminación.
—Dar…si tú no crees que esto va a funcionar…no podrás lograrlo —se sentó junto a su jefa—. Compré comida para todos…eso ayudará…y puedo programar los routers, si me dejas ir a cambiarme primero.
Unos ojos azules inyectados en sangre se elevaron y la contemplaron.
—Eso está bien…eres certificada en Cisco, ¿verdad? —una renuente sonrisa tiró de sus labios—. Ve a cambiarte…tengo montados los cables para los portátiles…si las dos trabajamos en ello, podremos avanzar bastante para que los otros técnicos se puedan conectar y empezar a descargar las tablas de asignación de rutas.
—Hecho —Kerry se colgó su bolsa del hombro y se encaminó a la sala de descanso. Se cambió rápidamente y colgó su ropa mojada junto a la de Dar. Regresó y encontró a su jefa encorvada sobre una caja, estudiando la pantalla del portátil. El reflejo plateado titilaba sobre el bronceado rostro, el cual mudó cuando Kerry colocó su portátil junto al de ella—. Ok —La mujer rubia sonrió cuando un técnico le extendió un cable—. Gracias —Lo conectó, y después comunicó el otro extremo con uno de los routers—. Oh. Vuelvo enseguida.
Dar asintió con la cabeza absorta en su pantalla.
—Espero acordarme de cómo se hace esto —murmuró apartando de un empujón su desagrado por no poder usar el sistema informático del complejo, significando que sólo Kerry y ella sabían cómo conectarse y programar los complicados dispositivos—. Esto llevará un rato —El aroma a comida cocinada se esparcía por la sala y muchos de los técnicos habían vagado hasta donde Kerry había colocado las cajas, dejando a Dar en un relativo aislamiento mientras se rompía la cabeza con el programa.
La pantalla comenzó a parpadear y se detuvo ante lo que parecía como la vigésima pantalla. Se reclinó hacia atrás y se frotó los ojos, mientras su espalda protestaba por su encorvada postura.
—Creo que es esto —comentó a Kerry, que se había arrodillado a su lado—. Qu…
—Abre la boca —le indicó Kerry tapándole los ojos.
Dar la miró de hito en hito, sin comprender. Después, con vacilación, abrió la boca. Se sobresaltó cuando una cucharada de frío helado de chocolate fue depositada dentro. Pestañeó varias veces.
—Mm —tragó la sabrosa crema—. ¿Es Haagen Daz?
—Sí —la informó Kerry ofreciéndole otra cucharada—. Y no me preguntes dónde he encontrado Haagen Daz en medio del quinto pino de Carolina del Norte, ¿vale? —Observó cómo toda la pose de Dar se mostraba más alegre. Estaba convencida de que si la mujer de pelo negro tuviese un rabo, lo estaría moviendo con entusiasmo—. Es fabuloso lo que te hace el helado, ¿sabías?
Dar se lamió los labios.
—Hey…son drogas de recreo —remarcó irónicamente— ¿Qué le has traído a todos esos tipos?
Kerry echó un vistazo por encima del hombro.
—Lo mejor del buffet de El Gran Chico Gordo Os Comerá a Todos —le dijo a su jefa, tomando una cucharada de helado—. Y una caja de Twinkies, Bolitas de nieve, Ping Dings y Mallomars.
La mujer de pelo negro se tapó la boca rápidamente sofocando una risa casi histérica.
—¿Trajiste algún buffet? —se las arregló para preguntar—. Maldición…pensé que era más…uh…
—Estás de broma, ¿verdad? —dijo Kerry dándole más helado—. Me gustaría vivir para regresar a Miami, gracias…y me sé el sermón de que sí, durante el día, es mucho más sofisticado por aquí…pero estos lugares lo cierran todo por la noche, porque todos los trabajadores se han ido a casa.
—Bueno… —Dar aceptó otra cucharada y la saboreó con alegría—. Fue una buena idea, creo…les dará a todos suficiente energía para aguantar hasta por la mañana —Hizo una pausa y observó a su amante—. Y entonces, ¿no hay buffet para ti?
Kerry chupó la cuchara.
—Um…no…en realidad…yo… —hizo una pequeña mueca—. Tengo una debilidad por las Bolas de Nieve —Admitió un poco avergonzada—. Eso tiene bastante azúcar para mantenerme en funcionamiento.
Dar rió.
—¡Ah! Ya veo… —bromeó cariñosamente—. ¿Esas blancas que llevan chocolate dentro?
Unos ojos verdes parpadearon con sus doradas pestañas ante ella.
—Sí —confesó, un poco ruborizada.
—¿Quieres compartir un paquete? —preguntó Dar alzando una ceja.
Kerry se aclaró la garganta.
—Oh…no, estoy bien…yo… —después levantó la vista—. Bueno, quizá uno.
Dar sonrió, encontrando energía para levantarse y desperezarse. Sintió regresar su propia determinación. Miró por la habitación, planeando el próximo movimiento.
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
El alba apareció, tornando la oscuridad de fuera en un apagado gris en cuanto la lluvia continuaba. Dentro del almacén, sólo se denotaba por la suspensión del aroma a café, procedente de la multitud de termos que llenaban la sala.
—De acuerdo, Mark —Dar se apoyó contra la pared, cruzando los tobillos y liberando el peso de la rodilla— ¿Puedes verlos?
Sonidos de clicks.
—No…no…espera —más sonidos de clicks—. Ah…sip…ahí están…
Dar cerró los ojos en profundo alivio.
—¿Todos?
—Espera…tengo Unicenter cargado —murmuró el jefe de MIS—. Espera…espera…ok…sí —Confirmó—. Estoy viendo todas las puertas, y dos canales centrales —Un golpe—. Wow…un trabajo tremendo, jefa…eso sí que es patear traseros.
Dar dejó su cabeza reposar contra la pared.
—He tenido mucha ayuda —murmuró—. Vale…ahora…voy a iniciar el canal de fibra —Se incorporó y pulsó un interruptor.
A lo largo de la sala, se encontraban cuerpos tirados sobre la alfombra, o apoyados contra las paredes. La puerta estaba abierta caprichosamente dejando entrar el aire frío y húmedo.
—No lo veo —la voz de Mark sonó cortante a través de su extenuación.
—Mierda —Dar se apartó de la pared de un empujón y examinó el equipo—. Yo no…está conectado…déjame ver…
—¿Determinaste el IP? —preguntó Mark delicadamente.
Dar pensó sobre ello.
—No me acuerdo —levantó la mirada al acercarse Kerry—. Mark ve los canales centrales y los routers…pero no ve esta caja…¿la programamos?
Kerry trajo el portátil, lo conectó y marchó por varias pantallas.
—Nop —tecleó varios comandos y después reinició la unidad—. Inténtalo ahora.
Mark cliqueó un poco y soltó un gruñido.
—Lo tengo —introdujo unos cuantos comandos rápidamente—. Aunque necesita las tablas secundarias…aguardad…ya estoy allí…puedo bajarlas de aquí…esperad…vale —Suspiró—. Lo tengo…lo tengo…sin embargo, vais a tener que IPL los paneles centrales.
Dar y Kerry intercambiaron miradas.
—¿Qué? —preguntó Dar— ¿Pensaba que estaban encendidos?
—Y lo están —dijo Mark—. Pero los puertos se apagan cuando no tienen actividad hasta un cierto punto…es un defecto de programación o algo así…tenéis que reiniciarlos.
Dar dejó salir una explosiva respiración.
—Hijos de puta…Mark, no podemos entrar allí dentro —le dijo—. ¿Puedes hacer el IPL desde ahí?
—Tiene que ser una reiniciación del hardware —respondió el jefe de MIS—. Dios, Dar…lo siento…lo sabía, en el fondo de mi cabeza, debí habértelo dicho antes…no me di cuenta…
No. Dar golpeó la pared con la cabeza, maldiciendo por lo bajo mientras respiraba.
Kerry se mordió el labio pensativamente, mirando con ansiedad a su amante.
—¿Y si apagamos y volvemos a encender el generador del edificio? —preguntó de súbito—. Está fuera.
Dar se la quedó mirando, colgó el teléfono en el estante de fibra, agarró a la mujer rubia y le plantó un sonoro beso en medio de la sala.
—Te quiero —dio una palmadita en la mejilla de Kerry y se encaminó hacia la puerta.
Kerry permaneció petrificada en el sitio, aturdida y sin habla. Estaba de espaldas a toda la gente y casi podía sentir los ojos de todos clavados en su nuca. Finalmente, agarró el teléfono celular y se aclaró la garganta.
—Um…hola.
Mark también se aclaró la garganta.
—Hola —respondió—. Supongo que le gustó la idea, ¿huh?
—Uh…sí —dijo Kerry sobresaltada y girándose lentamente, descubriendo a la mayoría de los técnicos desmayados y sin prestarle atención. Aunque, había un puñado de rostros estupefactos. Hizo acopio de una débil sonrisa para ellos—. Por lo menos espero que funcione.
—Hey…seguro que golpea a esos cabrones —un técnico rió—. Creo que me mudaré a Miami…tienen un plan de bonos mejor —Siguió una ronda de cansadas risas.
Kerry se pasó una mano por el sonrojado rostro y suspiró.
—Voy a matarla por esto —murmuró y levantó la vista cuando Dar volvió a entrar en el edificio.
—De acuerdo chicos…tenemos quince minutos, y sabremos si todo esto habrá valido la pena —anunció la mujer de pelo negro—. Si lo ha valido como si no…me gustaría agradeceros a todos el haber permanecido aquí…se que os hemos pedido mucho.
Un desanimado silencio cayó sobre ellos y todos se sentaron para observar los routers, cuyas luces de tráfico de información estaban apagadas. Dar caminó hacia donde estaba Kerry y se sentó contra la pared, agarrándose las manos frente a ella.
Espera.
Kerry se sentó junto a ella y sujetó el teléfono con el cuello mientras cruzaba las piernas y apoyaba los codos en las rodillas.
Pasaron quince minutos, y no había cambios en las luces. Dar cerró los ojos y dejó caer la cabeza derrotada, apenas sentía la mano de Kerry en su brazo. De todas las veces que podía fallar tenía que haber escogido esta. Se negó a oír el murmullo de frustración que reverberaba por la sala débilmente iluminada, hasta que los cansados gestos cayeron sobre ella.
—Fue un condenado buen intento —Kerry apoyó la cabeza contra el hombro de Dar.
—No lo bastante bueno —fue la susurrada respuesta.
La mujer rubia se acercó más, accidentalmente dio un tirón de la clavija de encendido del canal de fibra del muro.
—Oh…mierda —lo apartó de un empujón con una mueca de disgusto—. Por todo lo bueno que hicimos —Murmuró centrando la atención en su amante—. Hey…vamos…nadie podría haber hecho nada más, Dar.
—¡Hey! —una pequeña voz la distrajo, y alzó el teléfono.
—¿Qué pasa, Mark? No ha funcionado —admitió Kerry.
—¡¡Y una mierda…sí que lo ha hecho!! —gritó el jefe de MIS—. ¡¡Estoy recibiendo información!!
La cabeza de Dar se irguió de un tirón al oír aquello y ambas miraron el estante de los routers, donde unas lucecitas estaban volviendo a la vida en una danza electrónica.
—Hijo de perra.
Los técnicos empezaron a gritar apuntando a los routers.
—¡Wow! —dijo salir Kerry con sorpresa y con una risa de regocijo—. Me imagino que llevó unos cuantos minutos más…