—¿Alguien hizo un chequeo para ver si hay algún cáñamo ardiendo por ahí? —Dar resopló— Los 3270 no flotan —Exhaló—. De acuerdo…déjame comenzar a trabajar en el problema…intenta volver a ponerte en contacto con ellos por teléfono, o llamando a los móviles… —Murmuró mientras volvía a salir meneando la cabeza.
Kerry sonrió ligeramente, al oír en el tono de Dar el interés escondiendo la excitación. Ella amaba esto, comprendió la mujer rubia. Adoraba cuando las cosas se ponían realmente difíciles y se ponía a arreglarlas. Con una suave risita, regresó a su escritorio y consultó el esquema de la red, haciendo una mueca de dolor al ver los puntos rojos parpadeantes que indicaban las secciones que estaban abajo.
—Oh…esto duele —empezó a marcar los números de emergencia.
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—Mira…me importa un maldito comino lo que tengas que hacer para soltarlo —gruñó Dar al teléfono—. Necesito a tu condenado presidente al teléfono en cinco minutos, o la próxima llamada será de nuestro departamento legal. Tú eliges —Levantó la vista cuando María asomó la cabeza y ondeó una pequeña bandeja de cartón. Una mano se alzó y se movió en su dirección—. Yo lo sostendré.
María se acercó con los pastelitos y se los ofreció.
—Hay tres de esos pequeños de queso —susurró la secretaria—. Sé que te gustan.
Los ojos de Dar centellearon ligeramente mientras asentía con la cabeza. Puso una mano tapando el receptor.
—Gracias —dijo con la voz hueca aceptando los dulces y la humeante taza de café cremoso, levantó la mirada y se encontró con los ojos de María.
Era un sentimiento singular, algo desnudo, algo vergonzoso. Dar se encontró a sí misma sonrojándose un poco. Se alegró de que su moreno lo escondiese en su mayoría, pero supo que probablemente las puntas de sus orejas se habían vuelto rojas por la pequeña carcajada que dio María antes de salir misericordiosamente de la habitación.
No era que María no lo hubiera sabido antes, pero…Dar suspiró, y le dio una dentada a uno de los dulces. Solía mantener su vida íntima en privado, incluso su breve interludio con Elana había pasado bajo el manto, hasta aquel último encuentro en público mordazmente sarcástico.
Quizá por eso se estaba sintiendo un poco asustada, ¿hmm? Le había llevado mucho tiempo llegar al punto en el que podía pensar en ello y no encogerse por dentro, aunque exteriormente había mostrado tanta emoción como si Elana hubiera girado meramente sobre su informe.
Rostro de piedra. Le había dicho Duks después de haber tenido bastante consolidada su reputación como el iceberg del primer ministro de la compañía. El modo en como se había cepillado a Elana había sido apuntado con un mero elevamiento de ceja y una tirantez en los labios.
Oh dios si ellos lo hubieran sabido.
Dar contempló su escritorio durante un momento en silencio. Levantó la mirada cuando una voz volvió por la línea.
—¿Y bien? —dijo secamente.
—Stra. Roberts, tenemos un equipo de personas dirigiéndose hacia allí…no estoy seguro… —la voz dudó.
—Mira —gruñó Dar, bajando su voz a su escala más baja—. Necesito saber qué químicos están en la mezcla rociada y necesito saberlo ¡AHORA! —Pulsó en el botón del volumen haciendo que el sonido resonase en su pecho— ¡O tendrás que hacerte responsable de la factura por mandar hacia ahí en avión un equipo de riesgo químico en un maldito Learjet! —La compañía de seguros se estaba negando a permitirle que cualquier empleado entrase en la sala de gestión de redes hasta que los peligros fueran evaluados y ellos tenían tres cuartos de las redes domésticas abajo, tres horas más tarde de cuando ocurrió el accidente.
—Dar… —María asomó la cabeza— Mariana en la línea *número dos* —Le dijo en voz baja.
—Ahora no —Dar puso su actual llamada en espera—. Estoy en medio de un desastre —Observó mientras María desaparecía. Después apoyó su cabeza en una mano mientras volvía a pulsar el botón de llamada en espera con la otra mano— ¿Lo tengo o voy a tener que llamar a mi departamento legal? Si lo hago os harán pedazos .
Un movimiento de papeles y bajos murmullos.
—¿Dónde necesita que se le mande la información?—respondió la voz tensamente— La podemos pasar por donde solemos hacerlo, pero tiene que entender que la composición variará dependiendo de la calidad del agua local, te los tipos de cañerías…y…
—Tan sólo envíala —lo interrumpió Dar y repitió el número de fax de su compañía de seguros de Carolina del Norte. Levantó la cabeza al entrar Kerry y suprimió una sonrisa—. Y quiero saber por qué se descargó ese sistema.
Kerry la rodeó y agarró un dulce, mordisqueándolo mientras se acomodaba en la esquina del escritorio de Dar escuchando un agitado murmullo procedente del otro lado del teléfono.
—Todos están gritando —murmuró.
Dar alzó una de sus manos y la dejó caer.
—Muérdeme —respondió con voz hueca—. No quité las condenadas regaderas.
Kerry soltó el dulce y capturó los dedos de Dar, abrazándolos y mordisqueándole el pulgar.
—Vale.
—Srta. Roberts, aún no sabemos cuál ha sido la causa —la desgraciada voz vino por el teléfono—. Podría ser una falsa lectura de calor, puede haber sido un error mecánico…no tiene sentido especular hasta que no tengamos algún dato. Mi equipo va de camino…tan pronto como lleguen y deduzcan lo que ocurrió, créame, la llamaré.
Dar sintió el agradable cosquilleo de unos dientes blancos raspándole ligeramente la sensibilizada piel del lateral de su dedo.
—Bien —concordó—. Pero tengo todo un centro de datos abajo, y ni siquiera pueden entrar ahí para empezar a limpiar…así que será mejor que muevan sus culos —Colgó y reparó en que la otra línea aún estaba encendida. Pulsó el botón— ¿Mari?
Se oyó un juramento en alto.
—Oh…¿qué? Dar…sí —Mari se aclaró la garganta—. Escucha, dijiste que ibas a ocuparte de una cierta situación…bueno, creo que… —La fuerte voz de Steve se hizo oír de fondo exigiendo algo.
—Mándalo aquí arriba —dijo Dar tranquila pero con energicamente al teléfono.
—¿Qué? —preguntó Mariana.
—Yo me ocupo. Mándalo aquí arriba —repitió Dar con una lenta y peligrosa sonrisa cruzando su rostro—. Después de esta mañana, voy a disfrutarlo.
Un momento de vacilación.
—De acuerdo —accedió renuentemente la VP de Personal—. Pero…
—Hazlo —la atropelló Dar y desconectó. Se reclinó en su silla y sonrió sin ningún atisbo de humor—. Oh sí…voy a disfrutarlo bien.
—Dar —Kerry la observaba tranquilamente— ¿Qué vas a hacer?
Los claros ojos azules la apuntaron.
—Despedirlo —contestó Dar fríamente—. Y verlo retorcer su pequeño trasero fuera de este despacho en medio de dos grandes guardias de seguridad.
Kerry exhaló mientras estudiaba a su amante silenciosamente.
—Dar…escúchame un minuto —se levantó del escritorio y se arrodilló apoyando una mano en el muslo de la alta mujer para equilibrarse—. Él aún te guarda rencor desde hace diez años, ¿cierto? —Preguntó— Por eso empezó todo este estúpido asunto.
Dar arrugó la frente.
—Sí, ¿y?
Kerry pasó ociosamente la mano por el tejido de algodón.
—¿No hay alguna manera de que puedas hacer esto sin perpetuar este odio?
—¿Qué? —la mujer de pelo negro la miró fijamente.
Un suspiro.
—Él te odia por algo que ocurrió hace media vida…es mucho tiempo para mantener esa rabia dentro…ahora esto…es sólo más rabia, y más odio, y mayor necesidad de venganza.
—¿A quién le importa? —preguntó Dar— Kerry, no hay ninguna manera de que no nos vayamos a odiar…y, francamente, me importa un cuerno si lo hace. Tan sólo lo quiero fuera de aquí —Le dijo a la mujer rubia—. Será mejor que salgas de aquí antes de que se presente…no tiene sentido involucrarte.
Kerry tomó una respiración.
—Dar, yo ya estoy involucrada —dijo firmemente a su amante—. Si te odia a ti, me odia a mí —Miró a Dar directamente a los ojos—. Y no me gusta ser odiada —Una pausa—. Incluso por alguien como él…ahora mismo ya tengo bastante con mi familia.
Dar pestañeó ante ella.
—Eres muy inteligente…¿puedes encontrar una manera de echarlo sin escalar en esto? — Unos ojos verdes la miraron tristemente, leyendo la mirada aturdida en el rostro de la alta mujer— Así no volverá a nosotras cualquier día —Kerry acarició el lateral de la cabeza de Dar, donde aún se podía sentir un pequeño bulto, después se levantó y le dio un beso en la mejilla—. Piensa en ello —Susurró en la perfecta curva de la oreja. Después se giró y salió silenciosamente.
Dar se encontraba sentada en medio de un charco de luz. Los rayos de sol desempolvaban sus pantalones de algodón en los cálidos paneles ocre mientras seguía de frente al sitio vacío donde había estado Kerry arrodillada unos instantes antes. Su mejilla sentía el hormigueo de la suave presión y aún podía oler el perfume de Kerry en el aire que la rodeaba.
Su salvaje solución de cinco minutos antes se había esfumado, se había disipado en una oscura confusión que contraía sus cejas mientras se giraba lentamente en la silla descansando los codos sobre la mesa y rodeando la taza de café con un par de juegos de dedos flojamente entrelazados. Había…sido demasiado fácil. Cortado y disecado. ¿Qué le importaba lo que él pensase de ello?
Oyó altas y enfurecidas voces en la parte de fuera de su despacho. María se había movido rápidamente para detener el avance hacia la puerta interior, la voz de la secretaria sonaba ultrajada.
—¡María! —la llamó Dar— Está bien.
Silencio. Después la puerta se abrió de un golpe y Steve entró furtivamente cerrándola con un portazo y andando hacia donde ella se encontraba sentada, de espaldas a la luz del sol.
—¿Qué diablos quieres? —gruñó él.
Dar bebió un sorbo de su café, saboreando la crema en la parte posterior de su lengua.
—Siéntate —le contestó tranquilamente.
—Mira, no tengo tiempo para jugar contigo, Dar —respondió Steve permaneciendo de pie—. Debería haber sabido bien que te guardarías un as en la manga…pero no te preocupes. Hay muchos más de donde vino ese.
Dar lo estudió. No era mal parecido, o no lo sería si no tuviera la mitad de la cara tapada con una venda y la otra mitad aun enrojecida por las ortigas.
—Voy a despedirte —le comentó en un intento de conversación .
Él resopló.
—Claro…venga…voy a disfrutar del infierno demandando tu culo por ello —dijo apoyando las manos en sus delgadas caderas—. Así no tendré que trabajar durante unos cuantos años.
—Te estoy despidiendo por un motivo —Dar extrajo una carpeta del cajón de su escritorio y examinó el contenido—. Falsificaste tus antecedentes de empleo —Repasó con voz apacible y pensativa—. No es procesable.
Él la miró fijamente.
—¿Qué?
Deslizó una copia de los antecedentes hacia él, con dos datos señalados con un círculo.
—Declaraste que te habías graduado en UM con grado ES. No lo hiciste —taladró el papel con un lápiz—. Y dijiste que habías trabajado para Anderson desde el 96 hasta el 98. No lo hiciste…te fuiste a finales del 97 —Cruzó las manos—. Los antecedentes de empleo declaran que cualquier falsificación conllevará a un cese inmediato —Apuntó—. Y tú lo firmaste.
Silencio de muerte.
—¿Hablas jodidamente en serio? —dijo mitad susurro, mitad grito— Todo el mundo mete mierdas en sus curriculums, eres una loca idiota.
—Mm… —Dar asintió con la cabeza—. La mayoría de la gente lo hace…pero si te pillan, esto es lo que pasa —declaró—. Y sí, hablo en serio —Lo miró fijamente— ¿Quieres sentarte ahora?
Él miró fijamente sus antecedentes de empleo y luego a ella.
—¿Y tú?...estás tirándote a tu maldita ayudante…¿qué te acarrea eso?
Pensó que realmente se debería estar enfadando. Pero, en cambio, casi sintió pena por él.
—Ésa no es una ofensa de cese —le informó—. Y la multa por ello depende del supervisor del empleado —Una sonrisa muy breve y fugaz—. Y a menudo depende del valor relativo del empleado afectado.
—Eres un pedazo de mierda —sus ojos la odiaban.
La voz de Kerry hizo eco en sus orejas y apagó el súbito y seductor deseo de lanzarse sobre el escritorio y estallarle la mandíbula.
—Sabes, Steve…si emplearas la mitad de la energía que gastas odiándome en hacer tu trabajo, no habrías sido despedido de tres compañías en los dos últimos años —le aconsejó sosegadamente—. Sigues culpándome…y, francamente, mi vida es demasiado complicada incluso para tenértelo en cuenta.
—¿De qué demonios estás hablando? —le preguntó con respiración irregular.
Dar se inclinó hacia delante.
—Mira…siento haberte denunciado sobre aquel asunto en aquel entonces y meterte en problemas…si hubiera sabido lo que sé hoy. Habría dejado que violaras el sistema y salirte con lo que hubieras podido, ¿vale?
Él la miró fijamente.
—Ya han pasado diez años, Steve…no soy la misma persona…y ya no tengo remordimientos por ti…tan sólo déjalo y sigue —continuó Dar—. Te daré una buena recomendación si quieres…eso te meterá en cualquier Fortuna 500 al que la lleves…tan sólo deja toda esa mierda del pasado, ¿de acuerdo?
Durante mucho tiempo sus ojos se miraron, mientras el silencio transcurría por los tensos minutos.
—No tienes que hacerlo —su voz goteaba amargor—. Sólo pon en tu pequeño y apropiado informe que lo dejé yo, ¿vale? —Se levantó y dejó caer la carpeta en la mesa—. Felicidades…espero que agarres tu pequeña victoria y te la metas por el culo.
Los ojos de ella se apartaron y dio un suspiro.
—Gilipollas —dijo meneando la cabeza y marcando un número.
—Seguridad, Amos —contestó una voz ruda y masculina. Dar le explicó tranquilamente lo que había pasado y recibió una breve y comprensiva contestación. Después colgó y llamó a Mark.
—MIS…oh, hola, jefa —el tono de Mark era alegre y le puso una diminuta sonrisa en la cara—. Maldición que bien sabe oír tu voz.
—Cierra el acceso a Fabricini —Dar suspiró—. Lo acaba de dejar.
—Ooo ooo…ooo… —trinó Mark— Espera… —siguió una rápida sacudida de teclas— ¡Tachán! Hecho —Carcajeó—. Bien hecho, jefa…tu mandas.
—Sí —gruñó Dar—. Tengo que llamar a Mari…¿Cómo anda el redireccionamiento?
—Apesta —respondió Mark—. Vamos a pasarnos aquí toda la noche.
—Mmph —Dar desconectó la línea y suspiró—. Bueno, Ker…lo intenté. De veras que lo hice —Murmuró para sí misma mientras marcaba el número de Personal. La secretaria de Mariana fue quien contestó— ¿Está ella?
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Kerry se encaminó fuera de la parte trasera del balcón, alrededor de la parte de atrás de la sala de copias donde había un pequeño patio que desde donde se podía ver el agua. A veces le gustaba venir aquí y pensar, en la sosegada paz de esta lujosa altitud. Hacía un bonito día, y se dio cuenta anhelosamente de que la actual crisis probablemente iba a sobreponerse a lo de salir más temprano, lo que era un poco deprimente.
Había estado esperando poder pasar algún tiempo tranquilo en el agua, donde se pudiesen limitar a observar el ocaso juntas, y bucear un poco en las cálidas y profundas aguas. Dar se relajaba de verdad allí, y a veces hasta se mareaba un poco y, por supuesto traviesa, algo que Kerry encontraba encantador.
Sólo unos minutos, prometió sabiendo que tenía que regresar adentro y reenfrentarse con el problema. Tan solo unos cuantos minutos para apoyarse en el caliente metal de la baranda, sentir el cálido aire fresco del mar contra su rostro y beber de la luz del sol.
Deseó que Dar estuviese junto a ella, y se preguntó qué habría pensado su amante sobre su petición…la mirada aturdida no le había indicado si realmente lo consideraría, o si la idea era aceptable o no, pero Kerry tenía la sensación de que por lo menos había conseguido que pensase en ello. Y eso tenía que ser bueno, ¿cierto? Con un suspiro, cerró los ojos, y giró el rostro hacia el sol, sintiendo la luz contra sus párpados.
La puerta de detrás de ella se abrió y se giró pestañeando de sorpresa al reconocer la delgada figura de Steve caminando en su dirección. Cautelosamente, se acercó contra la baranda y lo observó mientras se acercaba.
—Así que… —él la estudió— Aquí tenemos a la pequeña mascota de la Reina perra…¿este es tu espacio privado? —Caminó hacia la baranda y se apoyó— Oh…no te preocupes —Sus ojos la rastrearon— . Tu señora me acaba de despedir…tengo a los monos limpiando mi escritorio.
Kerry lo contempló pensativamente.
—Siento lo de tu nariz —le comentó.
Él la miró fijamente.
—Y bueno, ¿cómo es eso de tirarse a la jefa?
La mujer rubia sintió un profundo traqueteo de rabia hacer erupción en su intestino.
—¿Te gustaría saberlo? —le respondió— Pero ella no te echaría ni una segunda mirada a tu feo trasero —Suspiró interiormente. “ ¿Qué era lo que le estabas diciendo a Dar sobre lo de que no te gustaba ser odiada? Refinado, Kerry…muy refinado…de cualquier modo, ¿qué pasa con este idiota que consigue sacar a tu parte cabrona del infierno?—. Y retiro lo dicho…no lo lamento en absoluto —Añadió—. Perdona —Se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta.
—Debí habérmelo imaginado antes —gritó tras ella—. Pero Dick McMasters es un compañero mío…me dijo que no lo publicarías.
Kerry se giró, con la mano en el picaporte de la puerta, y lo miró, feos recuerdos la inundaron.
—Ah…veo que lo recuerdas… —la voz de Steve asumió un tono salvaje— Sí…me lo dijo todo sobre ti…la homosexual atada y atrapada de la alta sociedad…casi se parte el culo de risa cuando le conté la pequeña y patética perdedora en la que te has convertido.
Le llevó varias respiraciones hacer bajar sus náuseas y vencer la familiar sensación de miedo que había sentido durante aquellos largos y oscuros meses.
—Tú eres el que está sin sueldo —le dijo finalmente— ¿Así que cuál de nosotros es el perdedor? —Hizo una pausa— Espero que algún día empieces a tomar responsabilidad de lo que te ocurre…en vez de culpar a todos los demás. Quizá acabes siendo una persona feliz —Abrió la puerta y salió cerrándola, marchándose tan rápido como pudo encaminándose ciegamente hacia la sala de descanso. Se zambulló dentro y se apoyó contra el contador. Levantó la vista cuando una mano le toco el brazo.
—Qu…oh, hola Duks.
Uno amables ojos castaños la consideraron.
—Hola, Kerry…¿te encuentras bien?
Kerry tomó una respiración y la soltó.
—Sí…sí… —se puso una mano en el estómago— Creo que fue un pastelito de carne que no me ha sentado bien —Se obligó a sí misma a sentarse—. Eh…estás quemado del sol.
La cara de Duks mostró una sonrisa torcida.
—Sí…sí, me puse el bañador y bajé a la piscina por primera vez desde que me mudé a este condenado sitio —le dijo soltándole el brazo y caminando hacia la máquina de café. Se sirvió una taza y la miró por encima del hombro— Eh oído que tenemos un transportador AVP.
Kerry contempló el suelo durante un momento.
—Sip —concordó finalmente—. Está siendo escoltado —Intentó sentirse mal al respecto, pero el tormento de sus tripas no la dejó—. Yo…tengo que volver al trabajo —Le dirigió una breve sonrisa a Duks—. Te veo luego.
El vestíbulo parecía más ancho de lo normal y se alegró al meterse en su pequeño despacho con la puerta cerrada. Se quedó de pie durante un largo rato apoyada contra la fresca madera, después, se apartó y se dirigió hacia su escritorio. Se sentó en el fresco cuero de su silla y plegó las manos sobre la superficie de madera. Un suave golpe vino desde la puerta interna y suspiró.
—Adelante.
Dar entró, con un toque de preocupación en sus ojos azules.
—Hey.
Kerry juntó todas sus fuerzas y se medio giró para encarar a la alta mujer.
—Hey —frunció los labios—. ¿Cómo fue?
Dar se subió un poco los pantalones y se sentó en el borde del escritorio de Kerry.
—Lo intenté —le dio una mirada torcida a la mujer más pequeña—. Hasta le ofrecí una carta de recomendación —Se encogió de hombros—. No sirvió de nada.
—Ya lo sé —Kerry apoyó una mano en la pierna de Dar, consolándose con la calidez—. Tropezó conmigo en la terraza —Su voz asumió un tono ligeramente ronco—. Yo también lo intenté —Sus claros ojos verdes se alzaron—. No sirvió de nada.
—Mmph —Dar deslizó una mano por encima de la suya—. Estás fría…¿te encuentras bien? —Le preguntó vacilantemente observando la palidez en la piel de su amante donde normalmente había un tono dorado— ¿Ker? —Agregó suavemente al no contestar la mujer rubia.
—Sí…estoy bien…yo... —Kerry tuvo que resistirse al impulso casi aplastante de reposar su cabeza sobre el muslo de Dar y dejar que la alta mujer la acariciase como un gato—. Me trajo unos recuerdos desagradables…eso es todo —Levantó la mirada, hacia los amables ojos azules y dejó que la generosa mirada se asentase sobre ella—. Es un gran imbécil .
Dar se rió entre dientes, un poco aliviada.
—Sí…lo sé…pero se ha ido, así que podemos concentrarnos en el desastre actual —hizo una pausa un poco torpemente—. Um…¿quieres compartir los recuerdos, o…?
El teléfono de Kerry y sus dos buscas sonaron simultáneamente.
—Podemos hablar luego —dijo la mujer rubia haciendo una mueca—. No era nada grande…de veras —Alcanzó el teléfono—. Operaciones, Stuart.
Una apresada voz le contestó.
—Kerry, soy John Collins…tengo la oficina de Nueva York respirando bajo mi cuello y no consigo localizar a Dar…tienes que darme algo para decirles.
—¿John? —lo interrumpió Dar llanamente—. Espera un minuto —Puso la llamada en espera y encaró a su ayudante, alzándole la barbilla con los dedos para que sus ojos se encontraran—. Podemos hablar ahora si lo necesitas —Se ofreció tentativamente.
Un silencio pacífico se estableció sobre ellas mientras se limitaban a estar sentadas contemplándose la una a la otra. Las pestañas de Kerry acabaron cerrándose temblorosamente y una débil sonrisa torció las comisuras de su boca.
—Cuando me uní por primera vez a Asociados, tenía un supervisor que se llamaba Richard McMasters —declaró—. Y én en realidad no estaba subcrito al EEOC —Esto era explicándolo por encima.
—Ah —las cejas de Dar se contrajeron y un tono gris apareció en sus ojos— ¿Te acosó?
Kerry exhaló.
—Oh sí…aprovechaba cada oportunidad para tocarme y hacer algún comentario sobre mi aspecto, hasta que no pude mirarlo sin que me temblasen las manos preguntándome qué sería lo próximo que saldría de su boca —se detuvo por un momento—. Y entonces una noche me lo encontré en la biblioteca y me dijo que quería…conocerme mejor…y que si no cooperaba me despediría.
El zumbido del ordenador sonaba muy fuerte en el silencio. Un suave ruido procedente del protector de pantalla que había vuelto a la vida
—Te… —Dar dudó—. Yo…quiero decir, te… —se encontraba honestamente chocada y un poco herida por Kerry no habérselo contado antes.
—Me acorraló en el cuarto trasero dos días más tarde, y le dije que si no me dejaba en paz, tenía a mi padre que haría que el IRS lo atacase —el rostro de Kerry se tensó en una sombría sonrisa—. En cierto modo, eso empeoró las cosas…se mantuvo tras de mí de otras formas, desechando mi trabajo, expandiendo rumores…hasta un día, una buena persona como Arthur Anderson lo contrató lejos —Hizo una pausa—. Él dijo que era una prerrogativa de los jefes para poner fuera a la mayoría de sus empleados… —Sus ojos investigaron la cara de Dar—. Creo que puedes ver por qué nunca te hablé de ello —Concluyó, un poco melancólicamente .
—P… —Dar apenas podía articular las emociones— Yo…nunc…