QUINTA PARTE
Kerry ahogó un bostezo mientras pasaba por la cocina hacia la máquina de café. Mecánicamente colocó café irlandés en el recipiente destinado a ello y puso la máquina a trabajar. Aún pestañeaba ligeramente cuando se apoyó contra el contador.
Pudo oír la voz de Dar como un bajo murmullo proveniente de su despacho. Supuso que su amante estaba haciendo las llamadas que le había prometido al resto de su desaparecido personal.
—¿Alguna suerte? —le preguntó cuando la oyó colgar el teléfono.
—Oh sí —Dar se había movido hasta la puerta de su despacho y estaba estirándose cogiendo el marco de la puerta con sus dedos mientras giraba su cabeza de un lado a otro para soltar los músculos del cuello—. Ya tengo a Mark…me ha maldecido porque tenía planeado trabajar en una de sus motos, pero dijo que irá y que llamará al resto de su personal para que yo no tenga que hacerlo —La alta mujer de pelo negro soltó la puerta y caminó hacia donde se encontraba Kerry—. Ahora me falta la más difícil…María.
—Ouch —Kerry deslizó una mano por el vientre de Dar sintiendo la calidez de su piel bajo el tejido—. Ya casi no cojeas —Comentó.
—Mm…sí, está mucho mejor —concordó Dar con una sonrisa—. Sin embargo, creo que hoy usaré las muletas para salir sin tener que vestir el traje de trabajo.
Kerry resopló.
—Dar, después de venir anoche el CEO de la compañía para pedirte que te quedaras, ¿crees que alguien diría una palabra aunque fueses vestida con una camiseta y unos pantalones cortos? —hizo una pausa— Espera un minuto…olvida lo que acabo de decir. Dirían cosas, claro, y yo tendría que abofetear a todos esos tontos.
Dar rió.
—Gracias por hincharme el ego —besó la cabeza de Kerry cariñosamente—. Permíteme —Pasó por la mujer rubia hacia la cocina y agarró un cuenco y sus Frosted Flakes del armario— ¿Quieres?
Un suspiro.
—Dar, ¿crees que me podrías hacer sentirme mejor poniendo por lo menos un poco de plátano en eso? —preguntó Kerry lúgubremente— Y, no gracias…estallan demasiado fuerte y me dañan los oídos tan temprano —Apartó a Dar y abrió el frigorífico. Atrapó una fruta y queso danés de un recipiente pulcramente cerrado—. Prefiero un desayuno tranquilo y sosegado.
Dar sonrió abiertamente mientras se alejaba mascando ruidosamente y apretó el botón del ordenador de la cocina.
—Dar Roberts, 656 mensajes nuevos, 234 urgentes —respondió rápidamente el ordenador.
—Oh, Jesús —Dar casi se atraganta con un cereal—. Borra todos los que no estén marcados —Le dijo al ordenador—. Olvídalo…pueden volver a enviarme esas malditas cosas.
—Borrado. Dar Roberts 234 nuevos mensajes, 234 urgentes.
—Borra todos los mensajes con asuntos duplicados —instruyó Dar—. Y también los que tienen el mismo remitente —Miró a Kerry que estaba masticando su queso danés y se apoyó en ella para sacar dos grandes tazas—. Eso debe librarme de la mitad.
—Borrado. Dar Roberts 155 nuevos mensajes, 155 urgentes.
Dar suspiró.
—Bueno, es mejor que más de 600, supongo —examinó la lista—. Veamos…oh…leer el 143.
Sookis, Mariana. Enviado 7:32 am
Dar
Sólo tengo una críptica nota de Les que básicamente dice:
“Está de vuelta. Tiene algo y tiene la autoridad para hacer lo que sea que esté haciendo”
¿De qué está hablando? Asumo que se refiere a ti porque dejó en mi escritorio tu dimisión marcada con un “Rescindido”…intenté llamarte esta noche, pero no hubo respuesta…Me gustaría hablar contigo. Sabes que tenemos algunos problemas de los que hablar.
Mari.
—A veces es como un grano en el culo —Dar rodó los ojos, agarró el teléfono y marcó un número. Esperó—. Buenos días, Mari —Comentó en el receptor manteniendo su voz más o menos neutral.
Una pausa.
—Oh…Dar…Dios…sí, buenos días —contestó la VP de Personal algo vacilante—. Te mandé un e-mail, no sabía si lo ibas a leer o…
—No lo había hecho hasta ahora por la mañana —contestó—. Les estuvo aquí anoche.
Una larga pausa.
—Oh —Mariana pensó en ello—. Entonces…¿vuelves con nosotros, es eso? —Preguntó esperanzadamente— Es lo que supuse por su nota.
—Eso parece —respondió Dar—. Tengo algunas condiciones, y él las sabe, así que… —Se encogió de hombros y sonrió a Kerry cuando le ofreció una taza—. Acabo de llamar a Mark…él está llamando a su personal, y veré si puedo hacer que vuelva el resto del personal de Operaciones —Bebió con agrado unos sorbos de su café—. Voy a hacerles poner su tiempo como trabajado.
Mari dudó.
—De acuerdo —murmuró— ¿Qué hay sobre la situación con Fabricini?...concluí por la nota de Les que te encargas tú de ello —Preguntó cautamente.
—Sip —la informó Dar—. Te remitiré la documentación, pero lo resolveré todo cuando llegue ahí.
—Okay —volvió a decir Mariana— ¿Estás segura de venir? Pensé que Kerry me había dicho que el médico te había mandado a casa para descansar —Preguntó sigilosamente—. Quiero decir, Dar…esto puede esperar un día o dos…de veras no quiero verte hacerte daño.
La mujer de pelo negro sonrió irónicamente.
—Todo está bien…le prometí a Kerry que haría media jornada y que la sacaría a cenar —le dijo—. Y no rompo ese tipo de promesas —Pasó una mano por el despeinado pelo de Kerry y le rascó cariñosamente la parte trasera de su cuello causando que la pequeña mujer cerrase sus ojos y ronronease felizmente.
Un suave suspiro.
—Bueno…supongo que te veré en un rato…y, ¿Dar?
—¿Mm? —dijo Dar tomando un sorbo de café.
—Lo siento.
—¿Por qué? —preguntó Dar quedamente.
—Tenías razón…todos retrocedimos dejando que te acertase a ti —respondió Mari calladamente—. Eso no me hace sentirme muy bien.
Dar fijó los ojos en la cara de Kerry mientras la pequeña mujer la consideraba. El sol entraba por la ventana bañando su rostro con una luz dorada.
—Todo está bien —respondió finalmente alzando una mano para acariciar la suave piel—. Antes no me habría importado…no me habría afectado…pero creo que he andado un poco desequilibrada últimamente…y vosotros no tenéis medios para saber eso —Le dijo a Mariana—. Asumisteis que iba a reaccionar como siempre lo había hecho.
—Mm —murmuró Mari—. Bueno, no volverá a ocurrir —Juró—. He preparado reuniones con José y Eleanor para hoy, y vamos a tener algo de charla directa.
Kerry giró la cabeza y besó la palma de la mano que le acariciaba la mejilla.
—Voy a ducharme —dijo con voz hueca frotando el vientre de Dar.
Dar sonrió y asintió con la cabeza.
—De acuerdo…deja que acabe mis llamadas, Mari…y te veré de aquí a un rato —hizo una pausa— ¿Cómo está Duks?
—Gruñón —dijo Mari riendo apesadumbradamente—. Lo desperté y le dije que volvías. Ahora tiene que quitarse el bañador y volver al trabajo —Hizo una pausa—. Eso fue un pequeño tributo para ti, ya de paso —Agregó—. Es la primera vez que llama diciendo que está enfermo en cinco años —Suspiró—. De acuerdo…vamos a volver a normalizar este sitio…conduce con cuidado, amiga.
—No conduzco yo, pero pasaré a hacerlo —le dijo secamente—. Hasta luego, Mari…escucha, tenemos una cena…coméntalo, ¿vale?
—De acuerdo —Mariana pareció aliviada—. Hasta ahora, Dar.
Dar colgó el teléfono y se asomó por la puerta corrediza de vidrio. La empujó hacia atrás y se salió al cubículo de piedra dejando que el sol de la mañana calentase su piel tras la frescura del aire acondicionado de dentro. El mar estaba de marea baja y muy verde a sus ojos. Se apoyó en la baranda contemplando la vista mientras la brisa le echaba el pelo hacia atrás.
Se dio cuenta de que tenía sentimientos mezclados respecto a su vuelta al trabajo. Una parte de ella se alegraba, la que necesitaba de acción y desafío, pero había otra parte, la que se sentía culpable, una parte escondida que había esperado secretamente que su dimisión hubiera sido aceptada…esperando que Kerry y ella hubieran tenido entonces una cuantas semanas para simplemente…
Los ojos de Dar encontraron el horizonte. Se encontró a sí misma queriendo sacar tiempo de su vida y gastarlo conociendo mejor a su amante, yendo a los sitios que le gustaba…incluso ir a esquiar…a Key West…todas esas cosas que ahora no podían hacer por falta de tiempo.
Suspiró y se mordió el labio. Bueno, al menos una cosa, si Les sabía lo de ellas y decidían tener la misma semana libre todo estaría bien. De hecho, decidió que eso era exactamente lo que iban a hacer. Se enderezó y regresó dentro. Cogerían una semana y saldrían. Al diablo la compañía. Exhaló y se dirigió a la ducha.
Escuchó el sonido del agua que caía al entrar en su dormitorio. Una figura desnuda esperaba pacientemente apoyada contra la puerta, con los brazos cruzados y con ojos verdes oscurecidos observándola con seductoras intenciones.
Oh sí. Dar tomó una respiración cuando una sacudida sensual le acertó justo en la ingle. Al diablo la compañía.
—Bueno, bueno…¿Qué tenemos aquí? —inquirió acercándose y desplazándose hacia el fibroso cuerpo que tenía ante ella. El aspecto de Kerry había mudado bastante desde que se habían conocido tres meses antes. Su palidez interior había pasado a una capa dorada y su dolorosa delgadez había desaparecido, reemplazada por una suma de veinte y cinco libras de sólido músculo esculpido cubierto por una agradable capa de suavidad. Dar siempre la había encontrado atractiva, pero los cambios le habían traído a Kerry una nueva confianza en sí misma que parecía brillar dentro de ella casi hipnotizando los apreciativos ojos de Dar.
—Tengo que asegurarme de que no vas a resbalar y caer mientras te duchas, Dar —le informó Kerry alegremente al alcanzarla y desabotonar el primer botón de su camisa—. Acabo de tener a mi jefa de vuelta…y no quiero perderla de nuevo —Desabrochó el segundo botón— ¿Te molesta compartir la ducha?
—Heh —Dar deslizó ambas manos por sus costados y trazó suavemente con el pulgar los ya casi invisibles bordes de las costillas—. Oh, creo que podría soportarlo —Bajó su cabeza y la besó—. Más o menos…
—Mm —Kerry desabotonó el tercero y el cuarto botón. Le quitó la camisa deslizándola sobre los hombros de Dar y la dejó caer al suelo. Trazó un suave descenso por el alto cuerpo hasta llegar a los pantalones cortos, que también desvistió—. Apuesto que podrás —Mordisqueó la suave piel sobre la yugular de Dar y dio un paso en frente, haciendo que sus cuerpos se rozasen—. Sabes tan bien… —Murmuró.
Dar sintió como el corazón le daba una sacudida y comenzaba a bombear.
—¿Ah sí? —se acercó más y deslizó sus brazos alrededor de Kerry. Sintió como sus omoplatos se movían mientras ella respondía y surgió la calidez de sus cuerpos en contacto. Bajó la cabeza y capturó una oreja, trazando su contorno con la punta de la lengua— Tú también —Ronroneó suavemente y oyó el suave sonido de Kerry tomando una respiración.
Lentamente fueron hasta la ducha. Cambiaron el frío aire por la cálida llovizna y el penetrante olor del gel preferido de Dar emanando alrededor de ellas. Dar colocó un poco de gel en sus manos y empezó a enjabonar la espalda de Kerry moviendo sus dedos sobre los fuertes hombros y bajando hasta sus caderas.
La mujer rubia dejó escapar un suave sonido. Ella también había empezado a enjabonar los costados de Dar. Se apartó ligeramente permitiendo que los dedos de la alta mujer continuasen su camino por su vientre mientras ella deslizó los suyos por los muslos de Dar.
—Mi pastor siempre me enseñó… —murmuró volviendo a juntarse al enjabonado cuerpo de Dar— Que la limpieza anda al lado de la piedad…
—¿Ah sí? —Dar inclinó la cabeza y dio un pequeño mordisco en el hombro de Kerry.
—Mm…tengo que mandarle una postal un día de estos diciéndole cuánta razón tiene —profirió Kerry iniciando una lenta y atormentadora progresión hacia el centro del cuerpo de Dar con desvíos a este y oeste.
Dar rió entre dientes.
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Era una experiencia bastante rara. Kerry caminaba tranquilamente al lado de Dar, que iba con sus muletas, llevando el maletín de su amante además del suyo. Normalmente se separaban al entrar en el edificio, pero esta vez…no. Esta vez mantuvo la cabeza erguida y contempló a la gente que las rodeaba sabiendo que eran, sin ninguna duda, el centro de atención.
—Buenos días. Srta. Roberts, Srta. Stuart —las saludó el guarda guiñándole un ojo a Kerry.
—Buenos días —respondió Dar mientras pasaba junto a él dirigiéndose al ascensor. Afortunadamente, parecía que todos ya habían subido por lo que se encontraban solas en el ascensor—. Bueno —Dar la miró— ¿Estás lista?
Kerry estudió el reflejo en las puertas del ascensor y tomo una profunda respiración.
—Más o menos…voy a ir a mi despacho y ver lo que tengo sobre la mesa…¿vas a convocar una reunión?
—¿De Operaciones? —preguntó Dar— Será lo mejor…probablemente sobre las diez…¿quieres mandar una nota? —Dar salió por la puerta cuando llegaron a su planta y esperó a que Kerry se le uniera— Eso debe darme tiempo suficiente para asentar unas cuantas cosas —Caminaron por el corredor y Kerry le abrió la puerta esperando a que la alta mujer entrase.
Dar se detuvo en la puerta y la miró con una amable sonrisa cruzándole el rostro.
—Gracias —comentó antes de volverse y adentrarse en el cuarto.
María se encontraba allí, sentada tras su escritorio con las manos plegadas en la superficie. Se levantó al entrar Dar y tomó una respiración.
—*Buenos días*, Dar.
La ejecutiva paró apoyándose en sus muletas.
—Buenos días, María…gracias por venir —le dedicó una sonrisa a la secretaria— ¿Tuviste un buen día de descanso?
María le devolvió la sonrisa.
—*Sí…sí...* mi hija me llevó a Sea Escape…jugué en las máquinas tragaperras y gané cincuenta dólares —declaró—. Pero me alegro de que me llamases…me alegro de que vuelvas.
Dar rió.
—Así que, esa es tu manera de pasar el tiempo… —miró a Kerry—. Tenemos que intentar esa este fin de semana —Sus ojos regresaron a María, observando la débil mirada de entendimiento—. Me alegro de que aceptases regresar…hubiera odiado de veras tener que substituirte, Maria —Pasó a su despacho dejando a su secretaria y a su amante mirándose mutuamente.
Kerry se sintió ruborizarse cuando Maria le dedicó una sonrisa cómplice.
—Um…creo que es mejor que trabaje algo —se aclaró la garganta—. Yo…voy a…uh…tomar un café…¿quieres uno? —Le preguntó tocándose la mejilla y sintiendo el calor contra la yema de sus dedos.
María se acercó y le cogió las manos.
—Kerrisita.
Unos ojos verde mar la miraron con incertidumbre.
—¿Sí?
—Has sido un regalo para ella —le dijo María suavemente—. Que dios te bendiga.
Kerry bajó los ojos y sintió intensificarse su rubor mientras asentía ligeramente con la cabeza. Tomó varias respiraciones y finalmente volvió a mirarla.
—Gracias —susurró—. Creo que este sentimiento es el mejor regalo de dios a cualquier persona —Consiguió decir—. Me alegro de haber estado en el lugar adecuado en el momento adecuado.
—*Sí* —María sonrió—. Ve a tu despacho…yo voy a bajar…te traeré un café y algunos dulces —Soltó las manos de Kerry y le dio un pequeño empujón—. Ve…le haré caras como esta… —Saco la lengua— A todas las otras secretarias.
Kerry se rió.
—De acuerdo… —dijo rindiéndose— Gracias —Salió al vestíbulo y se dirigió a su despacho. Mark la detuvo—. Oh…hey…
—Hey —dijo él dándole un pequeño golpe en el brazo con el puño—. Oí decir que pateaste traseros ayer…bien hecho —Su cara estaba bronceada e hizo una mirada un poco aburrida— ¿La jefa está aquí?
Ella exhaló.
—Sip…acaba de entrar en su despacho…seguro que vamos a pasarnos una semana enderezando las bombas del correo electrónico —este súbito y casual reconocimiento de la unión de ella y Dar fue, tuvo que admitirlo, un poco perturbador.
Pero también agradable. Era como relajar una tensión de la cual no había sido consciente.
—Gracias por venir tan rápido.
Mark se rió entre dientes.
—Sí…bueno…supongo que la motocicleta tendrá que esperar hasta el fin de semana…tengo demasiada porquería apilada en mi escritorio, y tengo que contratar a Mel Fisher para encontrarlo —volvió a dar una palmada en el brazo de Kerry—. Te veo luego.
Kerry le dijo adiós con una mano y siguió por el vestíbulo. Entró en su despacho y se dejó caer en la silla apretando el interruptor de encendido de su ordenador y esperando a que éste arrancase.
Se preguntó que iría a hacer Dar. Sabía que terminaría haciendo que Steve Fabricini saliese pero…¿cómo? ¿Iría Dar se limitaría a amenazarlo o tenía algo más en la manga? Su jefa no había entrado en detalles, diciéndole tan sólo que le había dicho a Les que tenía una forma de despedirlo que absolvía a la compañía de cualquier litigación.
Kerry tamborileó con sus dedos en el escritorio. La falta de información era agravante. Dar le había asegurado que no estaba preocupada con que Kerry se lo contase a alguien, lo que pasaba es que aún no había pensado bien cómo iba a hacer las cosas, por eso…Pero era frustrante, porque sentía mucha curiosidad por lo que Dar habría encontrado.
¿Sería Steve un felón y Mark habría encontrado un largo registro delictivo de él?
¿Sería en realidad un espía de la IBM?
¿Un agente secreto de la CIA, aparentando ser una repugnante bola de fango ? Nah. Decidió. No era tan buen actor. Él era un bola de fango de verdad.
¿Sería quizá que el padre de Dar había descubierto que se trataba de un terrorista cubano…enviado aquí para destruir la economía americana?
Hmm. Volvió a centrar su atención en su correo electrónico que se había reproducido alarmantemente de la noche a la mañana. El correo principal ahora tenía muchos e-mails hijos, algunos de ellos habían muerto dejando los asuntos originales huérfanos.
—Jesús —dijo pasando las páginas—. Me pregunto si podría eliminarlos todos.
Sonó el teléfono y pulsó el botón para atender.
—Operaciones, Stuart.
Una voz aterrada respondió.
—Oh…genial…uh…Señorita Stuart…soy Roger, de Charlotte…uh…tenemos un problema.
—De acuerdo —Kerry se inclinó hacia delante, pateando su problema y poniendo las células de su cerebro en el engranaje— ¿De qué se trata?
Un fuerte sonido de salpicar llegó por el teléfono.
—Uh…¡ow! —gritó Roger— Um…el sistema de riego vino hacia aquí…y umm. ¡Yeeoww! —El teléfono producía sonidos como si caminase a ciegas y sonó con estrépito, tras lo cual fue recogido— Una maldita silla me dio en…uh…bueno, de cualquier modo, estamos inundados.
—Inundados —repitió Kerry cuidadosamente— ¿Bajo agua?
—¡Mierda! —gritó él— Uh…lo siento…sí…la sala de control está con tres pies de profundidad…y no se está poniendo nada…¡wow! —Se oyó Un fuerte estallido y un chasquido— Yow…creo que eso fue el panel central…
—¿Roger? —Kerry habló alto al teéfono.
—¿¿Sí?? —contestó— Oh…espera tengo que subirme al escritorio…
—¡Sal de ahí! —gritó Kerry, después puso la llamada en espera, marcó la extensión de Dar y esperó a que su jefa atendiese— ¡Ayuda! —Ladró en el teléfono y regresó a la otra línea— ¿Roger?
—Uh…tengo un problema, Señorita Stuart —contestó el hombre nerviosamente.
—Más de uno —le dijo Kerry— ¿Qué es?
—No sé nadar —contestó—. Y creo que acabo de ver un 3270 flotando por ahí —El teléfono se desconectó de repente.
—Mierda —Kerry levantó la vista al oír los pasos de alguien corriendo y, a seguir, su puerta, que estaba medio abierta, se abrió con un estallido. Dar entró con sus claros ojos azules chispeantes y cada pulgada de su cuerpo erizada de la energía acumulada.
—¿Qué ocurre? —dijo secamente.
La mujer rubia tomó una respiración.
—Dios, te pones muy sexy cuando haces eso.
Dar se encontraba obviamente fuera de sitio.
—Qu…buh… —exhaló— ¡Kerry! Gritaste pidiendo ayuda…¿qué demonios está pasando?
—Oh…cierto…Charlotte se está inundando —explicó rápidamente—. Perdona lo de antes…están con un gran problema —Se acercó y puso un brazo alrededor de su amante—. Lo siento, Dar…no pensé que lo fueras a entender como que yo estaba…um… —Le dio vueltas buscando la frase.
—¿En peligro de muerte? —Dar se relajó ligeramente— ¿Sabes?, acabo de golpear a un técnico de la fotocopiadora tan fuerte hacia un lado que probablemente lo van a tener que quitarle el paquete de tinta de la garganta quirúrgicamente —Suspiró y se frotó la cara—. Vale…así que tenemos un potencial desastre, ¿cierto?
—Mm…El chico de Netops acaba de decirme que le pareció ver un panel central 3270 flotando en la sala de control —la informó Kerry.