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Un número de busca. Dar sonrió y se lo metió en el bolsillo de la camisa. Fue cojeando hasta su maletín y, mientras descansaba en una silla, sacó una de sus propias tarjetas. Garrapateó el teléfono de la casa en la parte de atrás y se la dio a él.

—Cambio a cambio —le dijo—. Llámanos de vez en cuando.

Miró fijamente la tarjeta mientras la giraba sobre sus dedos. Se la guardó cuidadosamente sin decir una palabra.

Los dos oyeron el sonido de un coche fuera.

—Apuesto a que son ellos —declaró Dar sosegadamente—. Gracias por quedarte hoy por aquí.

—Eso puedes agradecérselo a kumquat, fue idea suya —masculló Andrew—. Bueno, saldré por detrás y la esperaré, cuídate, ¿oíste, bicho?

Dar lo abrazó sintiéndolo tensarse por un momento y luego relajarse devolviéndole el abrazo.

—Te quiero, papá —susurró—. Te echaré de menos.

Él tomó aire de forma insegura y le dio unas palmaditas en el costado.

—Yo también. —Se soltó y se aclaró la garganta—. Sé buena. —Le dio otra palmada en el brazo y se deslizó en la oscuridad por la puerta de atrás.

Dar permaneció mirando hasta que la silueta se mezcló con el follaje. Se giró cuando escuchó pasos fuera en la puerta central.

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Kerry estacionó el Mustang junto al Lexus de Dar y miró a su pasajero. Les había estado mirando alrededor con gran interés y, a cambio, le dio a ella una oportunidad para estudiarlo. Andaba por los sesenta, de media altura y rechoncho, con el pelo gris y ojos inteligentes. Tenía una cara redonda con una nariz chata y cejas espesas que se movieron cuando se giró para mirarla.

—Bonito sitio. —Habían charlado agradablemente sobre el sitio mientras ella conducía evitando mencionar el trabajo.

Kerry asintió.

—De acuerdo, bien, éste es el apartamento, así que... —Abrió la puerta y salió. Esperó a que él se le uniese antes de seguir y subir las escaleras. En cuanto se acercaba a la puerta dudó y alzó la mano para llamar, pero luego tomó una decisión silenciosamente y, en vez de llamar, fue con los dedos hasta el teclado numérico y abrió la puerta con su código.

Les no hizo ningún comentario.

—Después de ti. —La mujer rubia abrió la puerta y la sostuvo gesticulando con la otra mano. Un rápido vistazo dentro le permitió ver a Dar apoyada casualmente contra el respaldo del sillón contemplándolos. No había señales de Andrew, pero tampoco esperaba que las hubiese—. Hola.

Los ojos de Dar se encontraron con los suyos y le hizo un diminuto guiño.

—Hola. —Su atención se centró en Les—. Hola, Les...entra.

Kerry alzó una mano y retrocedió un paso.

—Hasta luego.

Dar alzó una mano en respuesta, y observó la puerta cerrarse tras su amante tras lo cual volvió su mirada hacia su jefe.

Se contemplaron en silencio durante un momento. Dar exhaló y se levantó.

—Siéntate, ¿quieres una bebida?

—Creo que necesito una —respondió Les irónicamente aceptando la invitación y sentándose en el sofá, recostándose hacia atrás y mirando alrededor—. Bonito sitio, Dar.

La mujer de pelo negro asintió.

—Gracias. —Fue cojeando hasta el armario que estaba contra la pared y cogió una botella. La abrió y vertió parte del dorado licor en dos vasos. Volvió a posar la botella y regresó. Le ofreció a Les su vaso y se sentó en la silla enfrente de él.

—Y bien. —Tomó un sorbo. Sus cejas se elevaron ante el sabor—. Muy bueno —añadió con aprobación.

—Me acordé de que te gustaba el whisky escocés —comentó Dar tomando un sorbo de su propio vaso. El alcohol de veinte años incendió calurosamente mientras descendía.

—Sí que me gusta —afirmó Les—. Sí que me gusta. —Miró alrededor —. Sabes, Dar…no es que haya pensado un montón de tiempo en ello, pero no te imaginaba en un sitio así. —Sus ojos fueron hasta el equipo informático—. Un apartamento de alta tecnología en las afueras de Brickell, claro…pero…

Dar sonrió brevemente.

—Me lo dio una tía mía.

Cayó un silencio embarazoso.

—Entonces —volvió a decir Les—, ¿qué vamos a hacer ahora, Dar? —Bebió unos sorbos de su whisky y la miró por encima del borde de su vaso—. Pienso que comprenderás que tengo a alguien de mucho peso sentado sobre esa demanda de dimisión tuya.

Dar consideró aquello.

—Adulador —comentó brevemente.

—Vamos a dejarnos de mierdas entre nosotros —le aconsejó Les—. Ambos sabemos que te considero una parte esencial de mi equipo de dirección, y me mataría perderte. —Hizo una pausa—. Especialmente por algo tan ridículo… —esperó, pero ella no hizo ningún comentario—. Así que, ¿qué es lo que realmente ocurre, Dar? He oído la parte de Mari y la de José y no lo capto, ¿qué es lo que hizo que abandonases todo y te marcharas?

Dar lo consideró en silencio durante un momento. Exhaló.

—Buena pregunta. —Una pausa y sacudió la cabeza ligeramente—. Tiene que ver con que en el último mes he sido atacada más veces por mi propia compañía que por alguno de nuestros competidores…y quizá haya empezado a preguntarme qué demonios es lo que estoy haciendo allí.

Les pensó en ello dando sorbos a su bebida silenciosamente.

—Eres una chica de perfil alto, Dar, siempre atraerás hondas y flechas y lo sabes —aventuró—. ¿Era tan malo ese tipo como una aguja en los calzoncillos?

Un encogimiento de hombros.

—Quizá. —Contempló la mesa—. Quizá porque era personal, no profesional…quizá el que fuese compañero mío en la universidad y lo hayan traído aquí deliberadamente para atacarme… —comentó cambiando el vaso de mano—. Pero supongo que me podría haber encargado de eso.

Les asintió dos veces.

—¿Pero?

—Pero él fue detrás de mi gente —concluyó Dar—. Y yo ya había tenido bastante. —Levantó la mirada hacia Les— Ya he tenido bastante de ser la perra prostituta del infierno hasta que se necesita algo.

Les se inclinó hacia delante.

—Dar, el hecho de que la mayor parte de las operaciones estén paradas completamente y que tengo más de cincuenta escritorios vacíos, debería decirte que no todos lo sienten así —contestó seriamente—. Y creo que sabes que yo no siento eso en absoluto o no estaría sentado aquí ahora mismo. Estaría en mi casa en Plano, viendo un partido y pensando a quién iba a promover para VP de Operaciones.

Dar se aclaró la garganta ligeramente.

—Debí haberte llamado primero —admitió—. Te lo debía.

Una diminuta sonrisa cruzó el rostro de Les.

—Una disculpa de Dar Roberts, gracias a dios que estoy sentado —bromeó con ternura—. De todas formas, me alegro de haber venido, para ver las cosas por mí mismo. —Se recostó en el sofá—. Tengo que reconocer que tienes problemas aquí. Y quería conocer a esa misteriosa ayudante tuya que parece que está causando todos esos problemas en desproporción con su tamaño.

—Ella no causa los problemas —gruñó—. Los resuelve.

Les se rió entre dientes suavemente.

—Ya me he dado cuenta, por eso le he ofrecido tu puesto.

A Dar le costó todo su autocontrol mantener una cara de medio interés en vez de tensarse.

—¿Y? —preguntó forzando una sonrisa perezosa en su cara—. Quedaría bien en él.

El CEO la miró intensamente. Asintió ligeramente con la cabeza.

—Eso fue lo que le dije, y su respuesta fue que le besase el culo —comentó secamente—. Lo que parece ser una tradición de tu departamento.

La sensación de alivio casi la estranguló. Dar tuvo que tomar aire varias veces, enmascarándolas bebiendo unos sorbos de su bebida, antes de poder contestar.

—Hace parte de la integración —pronunció con lentitud—. Ella lo aprendió más rápido que la mayoría. —Bendita seas, Kerry…seguí a mi corazón cuando vine hacia ti y eres la primera persona que no me clava un puñal en él—. ¿Quién es tu segundo candidato?

Les exhaló mientras contemplaba sus manos pensativamente.

—No tengo ninguno, esperaba poder convencerte de que volvieses. —Hizo una pausa—. Sólo quería ver qué diría la Srta. Stuart, y, básicamente, dijo exactamente lo que esperaba. —Hizo otra pausa y la miró—. Sabía que confiabas en ella y quise ver por qué.

La expresión de Dar se ablandó un poco.

—¿Y lo viste?

Él asintió.

—Sí, lo vi. —Esperó a que ella continuase, pero se mantuvo en silencio—. Así que… ¿qué te parece, Dar? Te ofrecería más dinero aunque no creo que eso sea lo que realmente te interesa.

La mujer de pelo negro se aclaró la garganta.

—No, tienes razón… —Alzó una mano dejándola caer enseguida—. Necesito dos cosas.

Les se inclinó hacia delante expectante. Sus ojos se afilaron y esperó.

—Mi estructura de organización permanece intacta —enunció Dar cuidadosamente—, completamente intacta.

El CEO frunció los labios.

—Política sensata, eso es un asesinato.

—Lo sé —respondió Dar—. Pero necesito que sea así.

Él tamborileó con los dedos.

—Vamos a tener que marcar puntos sobre las revisiones y todo eso —murmuró él—. De acuerdo, es una pesadilla de personal, pero lo haré. —Hizo una pausa— ¿Qué más?

—Que José se busque otro ayudante.

Les se rió.

—Lo vi venir. —Se reclinó hacia atrás evidentemente rendido—. Mi problema es que necesito una manera de mandarlo fuera legítimamente —le dijo a Dar—. O de otra manera, ese pequeño bastardo pondrá una demanda por despedimiento injusto, y no quiero ese tipo de publicidad.

Una sexy sonrisa cruzó lentamente el rostro de Dar.

—Yo te daré esa manera, si me dejas que sea yo el verdugo. —Sus ojos brillaron peligrosamente—. Absolutamente legítima.

Les la miró fijamente y dejó salir una bocanada de aire.

—¿Eso significa que te quedarás? —inquirió—. Tuve una larga charla con Mariana, siente que mucho de esto es por culpa suya, piensa que nada de esto habría pasado si ella lo hubiera detenido.

Dar lo dejó un minuto esperando y después asintió con la cabeza.

—De acuerdo, pero te aviso desde ya, no aguantaré más porquerías de ellos —avisó serenamente—. No en mi nombre o cualquiera de mi personal.

Les se mordió el labio.

—Van a ser una cuantas semanas duras, hay muchos resentimientos por allí —contestó—, pero tengo mucha confianza en ti, no estoy preocupado. —Apuró el whisky escocés—. ¿Estás libre para cenar? Nunca consigo verte, Dar, ¿cuánto hace que no nos vemos?, ¿dos años?

Los labios de Dar se tensaron bruscamente.

—En realidad, tenía planes, pero eres bienvenido a unirte a ellos —declaró amablemente—. Hay un pequeño sitio italiano en el otro lado de la isla…y es informal.

Sus ojos centellearon ligeramente.

—Bueno, disfruté de mi conversación con la enigmática Srta. Stuart, ¿seguro que no le importará?

Dar se sintió ultrajada al descubrirse ruborizándose, por lo que se alegró de que la luz del crepúsculo la escondiese.

—Estoy segura de que estará bien. —Se levantó y cojeó hasta la cocina—. De hecho, déjame que le dé un toque.

Les se relajó estirando las piernas y cruzando los tobillos.

—¿Qué te has hecho en la pierna? —le interrogó.

—Estalló la articulación cuando caímos en ese maldito hundimiento de tierra —contestó Dar mientras regresaba con el teléfono portátil y marcaba un número—. Me debes un favor de los grandes por ese pequeño viaje, Les.

Él se rió.

—Ya oí hablar de ti y la serpiente, después hice que Beatrice llamase al presidente de esa medio compañía de burros y les dejase caer las palabras negligente y pleito.

Dar se rió entre dientes mientras se acercaba el teléfono a la oreja para escuchar las llamadas.

—Hey —dijo suavemente cuando respondieron—, ¿dónde estás?

La voz de Kerry sonaba rendida.

—Abajo por Southpoint, paseando por la playa, ¿por? —preguntó—. Acabo de llegar, supuse que os llevaría un rato.

—Nop —le informó Dar—. Te estamos esperando para cenar, así que vente para acá.

—¿De veras? —preguntó Kerry.

—De veras —le aseguró Dar.

Una débil pausa.

—¿Vas a volver?

—Sip.

—¿Aún eres mi jefa?

—Sip.

—Impresionante —la voz de Kerry se iluminó inmensamente—, eres simplemente impresionante, Dar…no te haces idea de lo que me alegra oír eso. —Se oyeron sonidos de pasos por la arena—. Estaba aquí sentada en mi coche intentando pensar en para quién me gustaría trabajar, viendo si podría tener alguna oferta decente por los alrededores.

—Bueno, ellos no pueden tenerte. —Dar medio se giró y bajó la voz—. Eres mía.

—Oo —Kerry rió con total deleite—. Me produces escalofríos.

Dar sonrió sintiendo que su mundo volvía a estabilizarse alrededor de ella.

—Además, me he enterado de que rechazaste una buena oferta. —Observó a Les mientras se levantaba y vagaba alrededor de la sala deteniéndose para examinar las fotografías enmarcadas de los estantes.

—¿Qué of…? Oh —Kerry resopló—. Eso…sí bueno. Como si lo fuese —se aclaró la garganta un poco y cambió de asunto—. Tu padre es un encanto, me dio un regalo para ti. Me dijo que le daba demasiada vergüenza dártelo a ti directamente.

—¿Un regalo? ¿Por qué? —preguntó Dar con curiosidad.

—Hum…¿tu cumpleaños? —le recordó Kerry—. ¿Recuerdas?, ¿aquella fiesta que hicimos?

—Oh —dijo la mujer de pelo negro—. Eso —hizo una pausa, mirando a Les—. ¿Qué es?

Kerry rió suavemente.

—Una caja —dijo chinchándola.

—Kerrryyyyy… —gruñó Dar mansamente.

—Bueno, ¡es lo que es! —se burló su amante—. No tengo rayos X en la vista, ¿sabes?

La mujer de pelo negro suspiró.

—Tan sólo date prisa y vuelve a casa.

—Jesús, Dar…estoy en el barco…¿quieres que salte y reme? —protestó Kerry—. Yo quiero…pero a los marineros les daría un ataque…ya sabes como se ponen. —Hizo una pausa, escuchando el agradable sonido de la respiración de Dar contra el receptor—. Te quiero —murmuró—, no hace falta que respondas…sé que Les está ahí contigo —añadió.

—Yo también te quiero —respondió Dar encajando el golpe—. Te veré en unos minutos. —Y colgó.

Kerry se quedó allí sentada mirando fijamente el teléfono durante un rato antes de plegarlo y meterlo en su bolso.

—Uau. —Se reclinó hacia atrás en el asiento y apoyó una rodilla contra el volante.

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Dar miró su reloj cuando entraron en el apartamento.

—Jesús, ya pasa de medianoche —comentó sorprendida—. No pensé que fuese tan tarde.

—Uh huh —bostezó Kerry, caminó dentro y se derrumbó en el sofá—. Fue una agradable cena, creo…él es una persona interesante. —Recogió a Chino que había salido corriendo del cuarto de útiles, así que Dar le abrió la puerta—. Hey cielo…uo…uo…no mastiques los dedos de mamá, ¿vale?

Dar regresó cojeando con dos grandes vasos de leche con chocolate y puso uno sobre la mesa.

—Toma. —Se sentó en el sofá junto a su amante y se deslizó hacia atrás estirando las piernas y quejándose—: Ay.

—Te dije que usases las muletas —le riñó Kerry dándole unas palmaditas en la pierna a la alta mujer—. Te vi intentando no cojear delante de Les.

—No es eso —dijo Dar tomando un sorbo de leche—. Es el resto de mi cuerpo intentando compensarlo…la espalda me está matando —se quejó.

—Ah…ya veo. —Kerry deslizó suavemente una mano por la espalda de Dar—. Uau…tienes la espalda toda tensa. —Apoyó la mejilla contra el hombro de Dar—. ¿Qué tal unos minutos en la bañera con agua caliente?

Unos ojos azules se giraron hacia ella centelleantes.

—Eso sí que es una fantástica idea —le felicitó Dar—. Hace una noche estupenda…vamos. —Se apoyó en Kerry mientras se dirigían hacia el dormitorio y cambiaron sus vaqueros por los trajes de baño.

—Me gusta como te queda ese bañador. —Dar se había colado furtivamente tras Kerry y deslizó los brazos alrededor de su tronco abrazándola cariñosamente—. Es del color de tus ojos. —El bañador de Kerry era de un azul verde ligeramente brillante y casi translúcido con la luz baja, acentuando el contorno de su cuerpo…

Kerry se reclinó contra ella y plegó sus brazos sobre los de Dar.

—Gracias. —se giró cogiendo una cajita pequeña—. Casi me olvido de esto…es de tu padre —anunció extendiéndoselo.

—Oh… —Dar la cogió examinándola cuidadosamente como si tuviera miedo de que se abriera de un salto. Desembrolló lentamente el papel y encontró un recipiente cerrado que se abrió suavemente—. Uau.

Dentro, junto al negro terciopelo, descansaban dos perlas negras opalescentes que brillaron ante ella. Tenían el tamaño de los garbanzos secos y hacían un buen par.

—Uau —exclamó Kerry al mirarlos—. Son espléndidos.

—Sí —asintió Dar—, desde luego que lo son. —Cerró la caja suavemente y la cerró sacudiendo la cabeza ligeramente—. Sus regalos son siempre como éste…nunca sabes cuando te va a dar uno, pero cuando lo hace…siempre es… —Contempló la caja—. Siempre es algo especial.

—Puedes usarlos para que te hagan unos pendientes —sugirió Kerry—. Te quedarían de maravilla.

Dar soltó la caja en la cómoda y la empujó con un largo dedo.

—Quizá —concordó—. Venga…vamos a empaparnos un rato.

Salieron fuera, llevándose los vasos con ellas. Kerry sostuvo los vasos mientras Dar se metía en el agua.

—Ungh. —La mujer de pelo negro estiró los brazos y cogió su vaso de leche—. Esto sabe genial —Miró a Kerry cuando se le unió acurrucándose inmediatamente contra ella—. Dejemos los vasos —le aconsejó Dar dejándolos en la barandilla. Después pasó un brazo alrededor de los hombros de Kerry.

Durante unos minutos apenas se quedaron allí sentadas, absorbiendo la sensación del agua, una mezcla de cálido agua con cloro flotando por sus rostros. El océano había subido y las olas golpeaban contra los diques. En la distancia, ellas conseguían oír las campanas de las boyas balanceadas por el viento.

—Está bonito aquí fuera —murmuró Kerry reclinando su cabeza hacia atrás y contemplado el cielo estrellado con una asilada nube.

Dar giró la cabeza y observó la silueta junto a ella bajo la luz de la luna.

—Vaya si lo está.

Kerry captó su mirada y sonrió ligeramente ruborizándose.

—Entonces —se aclaró la garganta—, todo ha salido bien, ¿eh?

—Mmm. —Dar meneó los dedos de los pies alegremente—. Les me pidió que lo reconsiderara, y le dije que tenía dos condiciones, se las dije y hecho. Eso fue todo. —Ahogó un bostezo—. Tú eras una de las condiciones, y Steve era la otra.

Kerry ponderó la frase final.

—Entonces…sabe lo nuestro, o… —dejó la idea flotando.

—Lo sabe —confirmó Dar riendo sosegadamente entre dientes—. Dijo que lo supo en cuanto vio aquellas primeras fotografías, aquellas de Orlando, pero que en el fondo estaba contento de que ocurriese.

—¿Y no supone un problema? —preguntó Kerry—. Quiero decir… llevamos jugando al gato y al ratón desde hace meses, porque era una de las grandes reglas, ¿y entonces?

Dar se encogió de hombros.

—Se ha venido abajo, ¿qué es más importante?, ¿las reglas de la compañía o las ganancias? —le comentó a su amante secamente—. Pueden hacer excepciones… y sí, es un problema, pero no es como si no hubiera pasado antes, Kerry, y esa regla es principalmente para proteger al empleado más nuevo.

—¿Proteger? —Kerry irguió la cabeza—. Oh, ¿de acoso y ese tipo de cosas?

Un asentimiento.

—Exactamente, es para que los jefes no se aprovechen de sus subordinados, y es una buena regla. —Extendió una mano y apartó una gota de agua de la mejilla de Kerry—. Pero le dije que te necesitaba…y él se alegró de que no estuvieses siendo presionada o coaccionada en ningún sentido, así que tan sólo va a ocuparse de ello.

—Oh —Kerry pensó en ello—. Impresionante. —Besó el hombro de Dar—. Entonces puedo llevarte el almuerzo y no sentirme culpable, ¿cierto?

Unos claros ojos azules me movieron hacia ella.

—Ahora puedo pasear por ese pasillo varias veces al día sin sentirme llamativa —respondió Dar secamente—. Quiero decir, es como otra cosa cualquiera…nos trataremos profesionalmente en la oficina, es sólo que no tendremos que estar preocupadas con lo que la gente averigüe lo que hacemos fuera.

—Hmm —Kerry asintió ligeramente—. Entonces, ¿puedo llamar al resto del personal y decirles que vuelvan mañana? —preguntó anhelosamente—. Porque no creo que consiga aguantar más días como el de hoy.

Dar dudó.

—Yo… hum… podría llamarlos por la mañana —se aventuró.

Unas bolitas verdes como el mar giraron y se fijaron en ella.

—Podrías si fueses al trabajo, cosa que no vas a hacer. —Kerry pestañeó ante ella—. ¿Cierto?

La mujer de pelo negro tamborileó con sus dedos en la barandilla.

—Estoy mucho mejor de la cabeza —declaró—. De veras…y también de la rodilla…sería mucho más relajante para mí empezar con algún material que quedarme aquí sentada preocupada por ti. —Apartó un mechón mojado de la frente de Kerry—. Además, tengo que hacer una cosa allí mañana.

Kerry suspiró.

—Quiero que te quedes en casa. —Pasó sus dedos por el cuero cabelludo de Dar y palpó suavemente la zona del golpe. Tuvo que admitir que casi había desaparecido—. Pero puedo ver que no es eso lo que va a pasar…así que, ¿podemos al menos hacer una jornada corta?

Una lenta sonrisa.

—Te lo prometo, cena al ocaso, fuera en el agua —ofreció Dar con una ceja alzada a modo de invitación—. Tú, yo, el barco…algunas gaviotas… ¿qué te parece? —Se inclinó hacia delante y robó un beso—. ¿Hmm?

Kerry mordisqueó el cuello de Dar.

—De acuerdo —convino susurrando las palabras junto a la oreja de la mujer alta—. Estás admitida.

—Estupendo. —Dar volvió a agachar la cabeza encontrando los acogedores labios de Kerry. Tiró de ella hacia su regazo y pasó un brazo firmemente alrededor de la cintura de la rubia mujer. Sintió las manos de Kerry descendiendo por sus hombros y sus ojos se cerraron en reflejo cuando sus cuerpos se unieron en armoniosa familiaridad.

Ya tratarían de todos los problemas mañana. Ése sería otro día. Ahora mismo, todo lo que importaba era la agradable brisa nocturna, las estrellas y ellas dos.

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Continúa en la QUINTA PARTE

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