TERCERA PARTE
(Revisada por Eidel)
—¿Y ahora qué? —José se volvió con los brazos en jarras. Llevaba pantalones cortos de deporte, un polo en el que se podía leer “Liga de Bolos Marelito”, calcetines negros y zapatillas de lona—. Nos volvemos, ¿*sí*?
—¡Por supuesto! —convino Steve—. Se acabó... No pienso acercarme a ese bicho.
Eleanor se sentó en un leño y empezó a abanicarse con la mano mientras los demás dirigían incómodas miradas a la serpiente. Cuando Dar se acercó, todas las cabezas giraron hacia ella.
—Al infierno con ellos —decidió José—. No tenemos por qué aguantar esto.
La alta y morena ejecutiva puso una mano en cada cuerda y sus botas de excursionismo justo en el borde del puente.
—Bueno... parece que aguantará —murmuró, dando un paso al frente y dejando así todo su peso sostenido por la cuerda.
—Dar... —la voz de Kerry objetó instintivamente.
—Eh... pirada... ¡vuelve aquí, por todos los demonios! —exclamó José.
—Ah... amiga mía... —Duks fue hasta el extremo del puente—. No hace falta que vayas.
—Mierda —maldijo Mark por su parte.
—Shh —Dar giró la cabeza hacia atrás y los miró—. Sólo quiero echar un vistazo, ¿vale?
—Vas a dar con el culo en ese precipicio... y créeme que voy a disfrutar cada segundo —dijo Steve en tono cortante.
Dar lo ignoró y continuó avanzando lentamente, asegurando sus manos sobre las sogas laterales a medida que se acercaba más y más a la serpiente, sintiéndose balanceada arriba y abajo por el viento y su propio peso. El agua rugía a sus pies y podía oír el ominoso crujido de las fibras de cáñamo que la sostenían con increíble nitidez.
El graznido de un pájaro salvaje estuvo a punto de hacerle perder el equilibrio, pero siguió avanzando tras unos segundos. Casi había llegado, y sintió cómo su corazón empezaba a latir con más fuerza y las rodillas le temblaban por el esfuerzo continuado.
—Vamos pequeña... —murmuró—. No te pongas nerviosa...
Las serpientes son sordas. Ella lo sabía. Aun así, hablar con aquel bicho le hizo sentirse más tranquila. Había avanzado diez pasos y podía ver la suave y reluciente superficie del animal descansando cómodamente bajo el sol y su cabeza, grande y angulosa, reposando sobre la cuerda.
Dar avanzó un paso más. Aguardó mientras una ráfaga de aire azotaba el puente haciéndolo oscilar y provocando que la serpiente se moviera ligeramente, agachó la cabeza y avanzó dos pasos más, que la situaron directamente junto a ella.
Al extender el brazo, pudo oír un sobresalto colectivo procedente de la otra orilla. Seguidamente, agarró la cabeza examinándola con curiosidad y, con expresión absolutamente tranquila, se volvió hacia sus compañeros de trabajo.
Todos la miraban fijamente, aguantando la respiración.
—“Fabricado en China” —les informó, sosteniendo la cabeza en alto—. Es de plástico.
Tras un momento de incredulidad, el grupo recobró su capacidad de movimiento.
—¡Hijos de perra! —exclamó Mark ¾ . ¡Estos tíos están chiflados!
Dar dejó la cabeza de goma tal y como estaba y le dio unas palmaditas en el lomo. A continuación, echó un vistazo al resto del puente.
—Voy a continuar hasta el otro lado... No es difícil. Avanzad despacio y agarraos bien —aconsejó a los demás al tiempo que seguía adelante, asegurando bien los pies sobre la soga y alcanzando el otro extremo del desfiladero con un pequeño salto final. Allí descubrió una pequeña máquina parecida a uno de esos chismes que se usan para fichar en el trabajo. Sacó su tarjeta y la introdujo en la ranura.
Cuando se la devolvió, lucía una gratificante marca en la casilla número uno, así que la guardó y miró al precipicio. No le sorprendió ver a Kerry avanzando la primera sobre el puente, con una firme mueca de concentración en el rostro. Steve aguardaba su turno en el borde con impaciencia, y el resto trataban de convencer a Eleanor, que al parecer se negaba a aventurarse sobre las cuerdas. Aquello hizo que Dar se alegrase de estar ya en el otro lado.
Una parte de ella se sentía bastante satisfecha por haber eliminado uno de los obstáculos del camino para el grupo. A la otra, sin embargo, le molestaba que los demás no estuviesen colaborando en nada en absoluto. Miró a Kerry, parada ante la serpiente y examinando la cabeza pensativamente antes de pasar junto a ella sin soltarse de las cuerdas.
La mujer rubia parecía estar algo intranquila, pensó Dar al tiempo que ponía instintivamente sus propias manos sobre las sogas cuando ésta se detuvo para respirar profundamente. El viento sopló haciendo oscilar el puente y Dar pudo adivinar la tensión en la cara de su amante y sus nudillos blancos por la fuerza que estaba empleando para no caer.
—¿Estás bien? —exclamó, un poco preocupada.
Kerry aguardó a que el puente dejase de oscilar para mirar al frente y ver los azules ojos de Dar clavados en ella. Vamos, Kerry… si ella ha podido enfrentarse a una enorme serpiente devoradora de hombres, tú puedes atravesar el maldito puente. Se obligó a dar un paso adelante manteniendo la mirada fija sobre Dar en vez de hacia abajo. Seis pasos, siete. Estaba lo suficientemente cerca como para advertir el ceño levemente fruncido de la mujer morena. Ya estaba en el último tramo, donde un tablón de madera fijaba el puente al borde del terreno. Las manos de Dar se posaron en su cintura, ayudándola a bajar.
—Gracias. —Cerró los ojos y agradeció mentalmente el tener tierra sólida bajo sus pies—. En realidad no me dan miedo las alturas —explicó Kerry a modo de disculpa—. Lo de la pared de alpinismo está bien porque está cerca del suelo y todo eso... pero esto... —Agitó su cabeza y deslizó una mano un poco temblorosa por su pelo—. Vaya... no había tenido una reacción así desde hace mucho tiempo.
A Dar le supuso toda su fuerza de voluntad el no abrazarla, incluso con todos mirándolas desde el otro lado. En su lugar, le dio unas palmaditas en el hombro.
—Tranquila... ¿por qué no te sientas en aquel banco? Estás pálida.
—Dame un minuto —declaró la mujer rubia sacando su tarjeta de la bolsa con austera determinación—. Quiero mi sello. —Esperó a escuchar el seco impacto de la máquina sobre su cartulina antes de decir nada más—. Dar, lo que has hecho es increíble... Todos pensábamos que habías perdido la cabeza. —Levantó la vista hacia su jefa—. Mariana estaba literalmente en estado de shock.
Un encogimiento de hombros.
—Nah... hace frío. —Levantó una mano ante la fresca brisa—. Supuse que la serpiente estaría dormida... porque son de sangre fría —añadió a modo de recordatorio para su amante—. Sólo quería ver si estaba lo suficientemente tranquila como para permitirnos pasar... no me esperaba que fuera de mentira. —Miró hacia atrás, donde Steve atravesaba el puente ya sin ningún problema—. La verdad es que ha tenido su gracia, ¿no? —Una jovial mueca afiló su cara.
Kerry se rió suavemente.
—Sí. —Se dirigió al banco y se sentó, deseando que sus piernas dejasen de temblar. Vio cómo Steve pasaba junto a Dar sin decir una palabra y se acercaba furtivamente a la máquina. Después echó un leve vistazo al camino que tenían delante. Duks cruzó el siguiente y pudo comprobar que Mariana había convencido a Eleanor para que pasase delante de ella. Se preguntó qué argumento habría usado la jefa de Personal para conseguirlo. Después se contentó con observar a Dar, que se encontraba junto a la salida del puente con una mano apoyada en la cuerda.
Oh, chico... Aquello les había dolido de verdad. Se sonrió ante la certeza de que todos se habían llevado un buen puntapié directo a sus egos de machito... Estaba tan orgullosa de Dar que apenas podía contener su alegría al recordar el modo en que se había lanzado sin dudar un momento hacia el lugar en que estaba enrollada la serpiente. Vio que Duks ya había cruzado e intercambiaba algunas palabras con su amante, dándole una palmadita en el hombro y provocando en la mujer un modesto encogimiento de hombros y una risita. Kerry pudo afirmar así que Dar estaba contenta consigo misma, y le sonrió abiertamente cuando ambos se dirigieron a donde ella se encontraba.
—Bueno... —Duks se sentó junto a ella después de haber estampado su tarjeta—. Este ha sido el primero. Me pregunto qué más nos tienen preparado.
Dar apoyó una bota en el borde del banco y dejó descansar el peso de tu cuerpo sobre la rodilla.
—Nada excesivamente serio... quiero decir que, después de todo, no estamos en una academia militar ni nada parecido. Tienen que adaptarlo a ejecutivos ñoños y perezosos —comentó—. No esperes hoyos estancados o cosas así.
—Eso es cierto —declaró Duks mientras echaba un vistazo a su espalda, observando el farfulleo de Eleanor a medida que avanzaba, precedida por los halagos y los ánimos de Mark, y seguida por Mariana, que venía la última. Las cuerdas crujían por el peso de los tres cuerpos, pero parecía poder aguantar sin problemas—. Aún no te he perdonado por el modo en que me despertaste esta mañana, Dar... Eso no se le hace a un pobre hombre atontado e indefenso.
—No fue culpa mía —respondió la mujer de pelo oscuro—. Aunque estabais todos condenadamente graciosos allí de pie en calzoncillos, te lo puedo asegurar.
—Mm... voy a hacer como si no hubieras dicho lo que acabas de decir, sólo para conservar mi andrajosa dignidad —contestó Duks—. Y, ya de paso, te informo de que tengo al Señor
Limpiasuelos pegado a mi trasero sobre la sospecha de que vosotras dos sois algo más que amigas —advirtió en voz baja—. Se está poniendo muy pesado, sobre todo después de haberse quitado de encima el estiércol de esta mañana.
Dar y Kerry intercambiaron miradas.
—No es nada que no haya oído antes. —Dar se encogió de hombros—. Y de boca de la mayoría de los que están aquí, de hecho.
—Cierto... cierto... pero desaparecer durante las caminatas probablemente no es una buena idea —comentó Duks cuando los tres compañeros alcanzaron su lado del precipicio—. Y Kerry, mi joven amiga, no te lo tomes a mal, pero tus ojos te delatan —le dijo con una media sonrisa. La mujer rubia se cruzó de brazos y bajó la vista hacia el suelo ¾ . Ya sé que es difícil, pero deberías intentar mirar un poco más los pajaritos y esas cosas, ¿vale?
Kerry suspiró.
—Lo siento.
—No te disculpes —dijo Dar, de repente, cuando surgieron los otros tres—. Al infierno con ellos... que piensen lo que quieran. —Se sacudió el pantalón y caminó hacia el puente. Una vez allí se apoyó en la baranda y observó fijamente el agua que corría por debajo.
Kerry miró con disgusto a Duks, encarando después a los recién llegados.
—¡Eh! Ha sido divertido, ¿verdad?
—Repugnante. —Eleanor seguía limpiándose las manos de tierra con cuidado—. Sencillamente repugnante. —Miró de reojo a la absorta Dar volviendo a centrar después la atención en ellos—. No puedo creer que nos hicieran cruzar esa horrible cosa... Y estad seguros de que redactaré una queja oficial en cuanto volvamos a Miami.
—La verdad es que se han pasado un poco —concordó Mark mientras se sacudía el polvo de las manos—. Menos mal que teníamos a Dar... Tíos, esa mujer sería capaz de darle una buena paliza a Tarzán, os lo aseguro. —Se alejó a beber agua de una fuente excavada en la roca y estampó su tarjeta—. En fin, ha estado genial.
Eleanor resopló.
—Nunca pensé que pudieses disfrutar con algo que no tuviese un ordenador de por medio —dijo Eleanor cortante—. A propósito, ¿cuál es tu afición? ¿Surfear en Internet?
—No... ése es mi trabajo —rió Mark—. Mi afición es restaurar motos... Esa en la que llegué es mi favorita.
Kerry le sonrió.
—¿Me das una vuelta después? —inquirió la joven melosamente—. Siempre he querido poder decir que he montado en una Harley.
Él sonrió.
—Por supuesssssto —concordó haciéndose el interesante—. Pero sólo si alguien nos hace una foto... para que pueda presumir después.
Los demás echaron a andar sendero arriba. Esta vez Kerry tuvo buen cuidado de separarse de Dar y ésta de permanecer a la cola del grupo junto a Mark, quien se había embarcado en la narración de cómo solucionó “el tema de Hong Kong”. Steve encabezaba el grupo buscando el próximo obstáculo, y el resto le seguía en grupos de dos o tres.
Duks se rezagó un poco para poder hablar con Dar, que avanzaba en silencio.
—No pretendía molestarte, colega —comentó él en voz baja.
—Lo sé —contestó concisamente la mujer de pelo negro.
—Sólo es un consejo de amigo... Ya sabes qué tipo de problemas puede echarte encima algo así —continuó el VP de Finanzas—. Y no necesitas más mierda de la que de hecho ya descargamos los demás en ti.
La mandíbula de Dar se tensó. Levantó la mano, partió una rama muerta y la utilizó para fustigar la maleza a medida que avanzaba.
—Para serte sincera, no estoy segura de que me importe tanto a estas alturas— admitió—. Es tan absurdo... que me apetece mandarlo todo al infierno y simplemente... —Se detuvo y suspiró.
—Eso pone a Mari en una situación muy comprometida —comentó Duks entre susurros—. Y tú lo sabes... Venga, Dar... conoces de sobra las consecuencias.
Ella miró fijamente al otro lado de los árboles.
—Claro que sí... Es que esto está volviendo mucho más complicado de lo que esperaba, Duks... Tal vez más de lo que puedo manejar. —Clavó la mirada en él — . Y si tengo que escoger, la compañía no va a salir ganando.
Duks ahogó una exclamación.
—Ah... —Sus labios se fruncieron—. No esperaba oír eso... Bien, ¿y si trasladamos a Kerry a otro departamento? —razonó él—. Sería una solución... ya que es el contacto directo lo que hace sospechar.
—Ya lo he pensado —susurró Dar—. Pero la presión estaba a punto de acabar conmigo cuando decidí contratar a Kerry... No sé si seré capaz de estar sin ayuda... Y buscarme a otra persona... Ni hablar. —Se echó el pelo hacia atrás—. No... quizá es que toda esta historia con Steve me está llevando al límite... pero lo superaré. —En este punto, enterró temporalmente esa línea de pensamiento—. Perdona lo de antes... creo que me hace falta un poco de chocolate.
Duks la miró, riendo entre dientes con alivio.
—Tú y tu chocolate... —Miró a Dar mientras sacaba algo envuelto en papel plateado—. Si me dices que tienes bombones de chocolate voy a tener que tirar mi escaso desayuno detrás del primer arbusto que vea, Dar.
La mujer morena se detuvo y lo miró con la mano abierta, sonriéndole abiertamente con un toque de timidez.
—¿Quieres uno? —le ofreció en voz muy baja—. Yo... em... —Señaló con la cabeza al grupo que marchaba delante de ellos—. Creo que Kerry los está distrayendo.
—Oh, qué maquinadoras... —se carcajeó Duks—. Sé que haciendo esto me convierto en cómplice...— dijo, agarrando sin embargo un bombón—. Nunca en mi vida hubiese pensado que tuvieses guardado este as en la manga, amiga mía.
Dar paladeó alegremente su bombón, deleitándose con el dulce sabor que llenaba su boca.
—Sí bueno... cada día que vives te reserva una sorpresa —comentó, cuando un grito procedente de la parte frontal del grupo indicó que habían llegado al siguiente obstáculo—. Veamos de qué se trata esta vez.
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Al parecer el siguiente reto era un laberinto. Por lo menos, eso es lo que pensó Kerry al ver la multitud de caminos constituidos con maderos entrecruzados. Debían tener unas seis pulgadas de ancho, y le recordaron a las barras de equilibrio que siempre habían sido su perdición.
—¿Y ahora qué? —dijo mirando confundida la estructura.
—Tenemos que llegar allí —dijo Steve apuntando a una plataforma que se encontraba a unas cien yardas—. Simplemente se trata de escoger bien el camino. —Se detuvo mirando al frente y estudió las diferentes opciones—. Creo que éste es el bueno.
—¿Por qué? —discrepó José golpeando el que se encontraba más cerca de él con un dedo del pie—. ¿Por qué no éste?
—¿O éste? —Duks estaba investigando uno que pasaba por la periferia.
—Mirad... éste va directamente hacia allí... y es el que está más cerca —argumentó Steve—. Ese va en otra dirección, en zigzag... y ese otro está demasiado cerca de los bordes.
—Bueno... ¿pero no es más lógico pensar que el bueno no sea el más obvio? —preguntó Mariana razonablemente—. Si no, ¿dónde estaría la dificultad? —Vio que Mary Lou se acercaba a otro de los caminos—. No sé... quiero decir... supongo que podíamos probar cada uno hasta encontrar el que...
—¿Y no creéis que sería más rápido si cada uno de nosotros probase uno, y quien vea que se va acercando a la plataforma que avise a los demás para que le sigan? —inquirió Kerry siguiendo cada una de las posibles rutas. Los maderos estaban suspendidos sobre una gruta compuesta de hoyos, cuestas intransitables llenas de arbustos y paredes de piedra—. Y por cierto, ¿qué es esto?
Dar se situó a su espalda y echó un vistazo.
—Supongo que debía ser un lago —declaró—. ¿Ves cómo la tierra se va estrechando a medida que vas hacia abajo? —apuntó—. Y eso debía ser el fondo... de coral y caliza formados por el agua.
—Ahórranos el comentario Discovery Channel, por favor —dijo Steve mirándola con impaciencia—. Acabemos con esto —sentenció acercándose al camino que había escogido en primer lugar—. Vosotros haced lo que os dé la gana... yo me voy por aquí.
—Esto es de locos —murmuró Eleanor—. Van a tener noticias mías en cuanto lleguemos a Miami. —Puso un pie vacilante en uno de los maderos—. Jesús... como me caiga, les denuncio.
Dar fue la última en escoger. Esperó a que todos los demás se pusieran en marcha y fue hacia una de las esquinas del laberinto para mirarlo detenidamente. Kerry estaba a su izquierda, así que escogió el camino que con más probabilidad se encontrase con el que seguía ella. No era particularmente difícil. El madero era de unas ocho pulgadas de ancho, por lo que apenas necesitaba tener cuidado al andar. La caída no tenía por qué ser grave (aunque sí embarazosa) a menos que fueses un tío y al perder pie te quedase una pierna a cada lado del travesaño... o tuvieses tan poca vista como para irte de cabeza contra el fondo.
—¿Veis? Os lo dije —gritó Steve triunfalmente a medida que su camino se acercaba a la plataforma—. Ya podéis empezar a seguirme...
Dar dio dos saltitos sobre el madero, probando su consistencia.
—Tal vez tenga razón... —afirmó por una vez, a favor de Steve, aunque dirigiéndole una mirada torcida a Kerry cuando la miró—. Yo no... —Se detuvo cuando sintió un débil temblor corriendo sus piernas—. ¿Qué ha sido eso?
Kerry se concentró.
—¿El qué? —Parecía confundida.
—Como un... un temblor o algo así. —Dar esperó, pero la sensación no se repitió—. ¿No? Me lo habré imaginado. —Sacudió la cabeza y siguió adelante, observando cómo los caminos de Duks y Eleanor se iban acercando poco a poco. De repente, la vibración se volvió a repetir—. ¡Eh, chicos! ¿Habéis sentido eso?
—¿Qué? —Mark había escogido el camino que rodeaba el perímetro—. Dar, ¿te encuentras bien?
La mujer de pelo oscuro se detuvo y se concentró.
—Sí... creo que... —Esta vez, fue más fuerte—. Eh... no me digas que no... como cuando pasa un camión por una autopista.
—Yo lo he sentido —reconoció Kerry, mirando a su alrededor nerviosamente—. ¿Es un terremoto?
—¡¡Un terremoto!! —Eleanor la había oído—. No digas tonterías... En Florida no hay terremotos.
Dar frunció el ceño.
—Tiene razón... Todo el estado está formado de piedra caliza sobre una base de agua... no puede haber temblores... —Abruptamente, el travesaño de madera se tambaleó bajo sus pies—. ¡¡Eh!!
—¿Qué…? —José se vio igualmente sacudido de un lado a otro—. Todo esto es una especie de farsa... maldita gente... —Levanto los brazos par equilibrarse—. ¡Jesús!
En ese momento, Dar escuchó un crujido.
—Oh mierda... —Sus ojos se abrieron de par en par en espera de lo que se les venía encima—. ¡¡¡¡Agarraos!!!! —Instintivamente, echó a correr hacia Kerry al tiempo que la gruta entera se derrumbaba bajo sus pies con un estruendo de piedras y madera astillada.
Y cayó, como todos los demás, entre un torbellino de arena y árboles. Los gritos del grupo quedaron así ahogados a medida que la tierra se abría bajo sus pies. Dar se cubrió la cabeza durante la caída para protegerse del impacto de las ramas y el truco le funcionó hasta el momento en que una piedra impactó directamente contra su cuerpo, mandándola sobre uno de los bordes sobre los que descendía la avalancha de arena.
Se agarró a una raíz pero el peso de la tierra la empujó hacia abajo y siguió resbalando por la pendiente al tiempo que las piedras y las ramas le golpeaban sin cesar.
—¡Kerry! —gritó justo antes de que un contundente pedazo de roca la sumergiera a medias en una negra y aterradora niebla oscura, anulando cualquier defensa contra la inminente caída al fondo de la gruta, sintiendo el impacto como si medio mundo hubiera caído sobre ella.
Kerry, por su parte, a pesar de haber gritado en el momento en que la madera se desintegraba bajo sus pies, había encontrado diversos puntos de apoyo al caer y consiguió llegar hasta uno de los bordes del hoyo, escarbando para detener el descenso. Los gritos de sus compañeros la habían rodeado durante lo que pareció una eternidad. Luego asió fuertemente una rama y se mantuvo a pulso, con la esperanza de aguantar hasta que todo pasara.
Aun así, no fue por mucho tiempo. Cuando el anaquel de tierra que le servía de apoyo cedió, se encontró a sí misma dando volteretas sobre un montón de tablones, directamente hacia el fondo de rocas.
—¡Jesús! —Sin saber cómo, se las arregló para no quedar atrapada y, aferrándose a uno de los árboles que les acompañaban en la caída, consiguió llegar abajo, aunque el impacto hizo que saliera despedida hacia el centro del agujero.
La suerte hizo que aterrizara sobre un montón de tierra y piedras pequeñas en vez de la superficie de piedra caliza, por lo que puedo protegerse detrás de uno de los troncos más gruesos de las ramas que aún seguían cayendo sobre sus cabezas, mientras el rugido de la tierra la rodeaba. Sobre él, oyó su nombre y alzó la cabeza hacia el lugar de donde provenía el sonido. El cuerpo de Dar caía a plomo en medio de la polvareda, quedando a continuación semienterrado por la avalancha.
—¡Dar!
No esperó más. Saltó fuera de la barrera que la protegía y se precipitó avanzando sobre la inestable masa de tierra y roca, atravesando densas nubes de polvo y fintando las piedras que caían rodando a su alrededor, pendiente abajo.
—Dar... Oh Dios...
A la vista, lo único que quedaba de ella era un brazo, emergiendo inerte entre las ramas. Salvando el último tramo que las separaba, cayó de rodillas junto a su amante y apartó frenéticamente los restos que la cubrían.
—¿¿Dar?? ¡¡¡Eh!!!
Tras apartar la arena que le tapaba la cara, fue obsequiada con un débil gemido.
—Eh... eh... vamos...
—Vale... vale... tranquila —masculló Dar, recuperando parte de su movilidad y emergiendo de la cantidad de tierra que tenía encima. Las piedras y demás restos del desastre seguían bajo su cuerpo, así que, ayudada por Kerry, terminó de incorporarse—. Vaya... mira lo que has conseguido por no mirar dónde pisas... —Se las arregló para bromear débilmente, al tiempo que se frotaba la cabeza en el lugar en que la piedra la había golpeado momento antes con una mueca de dolor—. Maldita sea...
Kerry se sentó a su lado y le sacudió suavemente la tierra que aún tenía sobre la ropa.
—Jesús... ¿estás bien? —preguntó al tiempo que le examinaba la cabeza con preocupación —. ¿Qué ha pasado? ¿No habías dicho que no hay terremotos en Florida?
—Tranquilízate. —Dar la tomó de las manos y se las frotó con fuerza para que entrara en calor, puesto que hasta a simple vista podía ver que estaba temblando—. No ha sido un terremoto... —Echó una ojeada a su alrededor a medida que la polvareda se iba asentando, y llegó a escuchar el lamento de sus compañeros de aventura—. Ha sido un corrimiento.
—¿Un corrimiento? —Kerry se acercó más a ella, apoyándose contra su hombro y deslizando un brazo alrededor de su cintura—. Un corrimiento de tierra... vale... Entonces esto no forma parte de la prueba, ¿verdad?
—Así es. —Dar la miró fijamente—. ¿Estás bien?
—¿Qué? Oh, sí... estoy bien... perfectamente —aseguró Kerry—. Unos golpes, nada más.
—¿Seguro? —inquirió su amante bajando el tono de voz.
—Sí... en serio —declaró la mujer rubia.
—De acuerdo... Bien... ¿Entonces podrías soltarme el brazo? Estoy perdiendo la sensibilidad en los dedos. —Los ojos de Dar centellearon ligeramente.
Kerry bajó la vista hacia su propia mano, pálida por la fuerza con que estaba aferrada a la muñeca de Dar.