SEGUNDA PARTE
(Revisada por Ellen)
Kerry se aproximó y encendió el ordenador mientras se sentaba en su escritorio, le echó un vistazo a su correo y bebió un sorbo de su fragante y humeante café. Se reclinó en su cómoda silla de cuero y sonrió un poco, descansando la cabeza sobre la confortable superficie, al tiempo que aguardaba a que su ordenador acabara de arrancar.
Cuando lo hizo y ya se disponía a conectarse, sonó el teléfono. Pulsó el botón y contestó:
—Kerry Stuart.
— Hola, ¿Kerry? Soy John Brown de Charlotte. —La voz del hombre sonaba apresurada pero amistosa. Recordó que era el supervisor de la Oficina de Redes.
—Buenos días, John... ¿Qué puedo hacer por tí? —respondió cordialmente.
— Bueno...hum. Tengo un pedido procedente de vuestra oficina, y quería verificarlo con alguien... no quiero hacer algo por lo que luego me puedan patear el culo, ya sabes a lo que me refiero. Intenté contactar primero con el despacho de la Srta. Roberts, pero ella no está.
—Está en el vestíbulo en MIS... ¿cuál es el problema? —inquirió Kerry con curiosidad—. ¿Qué fué lo que te pedimos?
— Es el T1 fraccionario que usamos para transferir los datos del distrito de forma segura, tenemos un pedido para apagar este enlace y redireccionar el tráfico de la red desde vuestra oficina hasta el centro de conferencias de Londres —respondió John—. Se van a volver completamente locos si hacemos eso... por eso...
Kerry enarcó las cejas.
—¿Nosotros os pedimos que hiciérais eso? Espera... no, quiero decir que sé que tenemos un problema con los enlaces ultramarinos al extranjero, pero encontramos una solución para eso... ¿quién hizo el pedido?
Ruido de papeles.
— Alguien llamado Fab...Fabarini o algo así —murmuró—. No entiendo bien la letra... uno de mis chicos atendió la llamada y anotó el recado, y me lo dió para confirmarlo. —Una pausa—. ¿ Quieres que siga adelante con ello?
Kerry tamborileó la mesa con los dedos.
—No —respondió calmadamente—. De hecho, no hagáis nada de esta oficina sin que sea pedido por Dar, Mark o yo.
Una larga pausa.
— Uh... de acuerdo —respondió John, obviamente confuso—. Quiero decir que... no suelo cuestionar así las decisiones del personal... me refiero a que vosotros estáis siempre haciendo pedidos para cambiar las rutas, pero esto parecía un poco drástico, ¿me entiendes?
“Ese estúpido pedazo de...”
—Sí, te entiendo..., hazme un favor, comprueba todo primero a través de Operaciones, ¿de acuerdo?
Incluso por teléfono pudo sentir como él se encogia de hombros.
— Claro —dijo John amablemente—. Mejor para mí... así los departamentos de Seguridad y Comercio Bancario no me morderán el culo cuando encontrasen que su canal habia sido tirado. —Pulsó unas cuantas teclas—. Gracias, Kerry.
—No hay de qué —respondió la mujer rubia y colgó. Recapacitó durante un momento, después se levantó para dirigirse a MIS al encuentro de Dar. Sin embargo, el teléfono sonó antes de que se pudiese mover y volvió a pulsar el botón para contestar—. Kerry Stuart.
— Soy José —la voz de VP sonaba nerviosa—. Estamos teniendo una reunión... baja. No consigo localizar a Dar.
Sus ojos verdes se clavaron en el teléfono.
—Claro —respondió Kerry—. Voy enseguida. —Rodeó el escritório y salió de su oficina a grandes pasos en dirección a la sala grande de conferencias que se encontraba al final del vestíbulo. Abrió la puerta, vio a un grupo de seis o siete personas en su interior y entró.
—¡Vamos directos al desastre! —insistía Steve Fabricini dando un puñetazo en la mesa—. ¿Podeis haceros a la idea de la imagen de perdedores que vamos a dar? —Se giró y vio a Kerry aproximándose—. ¡Y vosotros no movéis un maldito dedo al respecto! ¡Esto es vergonzoso! —Levantó las manos—. ¡Si yo no estuviese aquí no quiero ni imaginar lo que podría pasar! —Una pausa—. Es un bonito detalle por tu parte aparecer aquí a las nueve... y con esa tranquilidad.
Kerry se detuvo y lo miró fijamente. Después avanzó hacia una silla vacía y se sentó cruzando las manos sobre la mesa.
—¿Te importa empezar desde el principio? No sé muy bien de lo que me estás hablando.
José arrojó un lápiz sobre la mesa.
—Tenemos una condenadamente importante conferencia con la oficina transoceánica en Londres... y las líneas han caído.
Kerry asintió lentamente.
—La línea principal intercontinental... sí... fuimos informados —respondió con tranquilidad, saboreando lo que sabía que se acercaba—. Me avisaron con el busca esta mañana. —“Bueno, no exactamente pero...”
—Y no hiciste nada —repuso Steve encolerizado—. Bueno, ya me encargué yo... tengo al departamento de redes colocando algunas líneas artificiales para nosotros, con lo que lo solucionaremos.
La rubia irguió la cabeza.
—No, así no —replicó con calma—. Netops nos pidió aclaraciones y le dije que no lo hicieran.
—¿Qué? —José se levantó—. ¿Estás loca?
—¡Eso es! Lo sabía... tratáis de sabotearnos —acusó Fabricini levantando las manos.
Kerry exhaló.
—Esos circuitos extra pertenecen a una cuenta activa que tú ibas a tirar abajo sin notificación previa... por eso, sí, le dije que no lo hicieran —se levantó y posó las manos en sus caderas—. Además, no es necesario porque ya tenemos un enlace alternativo.
Silencio.
—¿Qué? —volvió a preguntar José mirando a Steve—. Dijiste que no había nada. —Volvió a mirar a Kerry—. No había nadie en vuestro departamento... ¡llamamos tres veces!
La rubia se encogió de hombros.
—Nadie me contactó por el busca —arguyó simplemente—. Ni por mi teléfono móvil, ni dejando mensajes de voz... ni contactando con María. Me parece que alguien no se esforzó demasiado en ver si estábamos haciendo algo. —Sacudió un poco de polvo que tenía en una manga y luego caminó triunfante hacia el ordenador de presentaciones, encendiéndolo con la tecla que haría salir la información hacia la pantalla superior. Esperó. Después accedió a la red interna e inició la sesión de conferencia. Una lista de oficinas remotas apareció inesperadamente, destacando la posición central de Londres—. Aquí la tenéis. —Levantó la mirada—. ¿Hay algo más que pueda hacer por vosotros? Tengo bastante correo que limpiar antes de irme esta tarde.
Steve aún no había acabado.
—Vale... ¿a quién robaste las líneas? —preguntó sarcásticamente.
Kerry le sonrió, sin rastro de humor en su cara.
—A nadie. Alquilamos un satélite y usamos un enlace —respondió brevemente—. Además, lo hicimos antes del amanecer, por lo que supongo que puedes decir que estoy trabajando desde tres horas antes de que empezases tú. —Les dirigió una mirada a todos y rodeó la mesa encaminándose hacia la puerta.
—Deberías habérnoslo hecho saber —le interrumpió José—. No nos puedes censurar por haber pensado que no estábamos al día, Srta. Stuart… tengo un departamento y una compañía que proteger.
Kerry se giró cuando estaba en la puerta y lo miró fijamente.
—Tienes razón —le dijo sinceramente—. Deberíamos haberte llamado al busca… pero esperábamos tener la ruta alternativa en funcionamiento antes de que nadie supiese que había un problema. —Admitió—. Te pido disculpas… me aseguraré de que te lo notifiquen la próxima vez.
José jugueteó con el nudo de su corbata.
—Exacto… exacto… sí. Bien —asintió y se removió en su silla—, mantén esta conferencia en línea, ¿de acuerdo?
Kerry salió. Echó una mirada hacia atrás mientras la puerta se cerraba y contempló unos ojos hostiles observándola. Suspiró, y cerró la puerta tras de sí inclinándose contra la pared cuando consiguió que su cuerpo dejase de temblar. Odiaba aquel tipo de enfrentamientos cara a cara. De repente, su estómago se reveló y consiguió entrar en los lavabos de mujeres justo a tiempo para perder su desayuno. Su cuerpo estaba reaccionando violentamente contra el repentino e inesperado estrés. Luego se apoyó en la pared y cerró lo ojos esperando que su estómago se asentase.
—Vale, Kerry… relájate… ya te has visto en situaciones más tensas que ésta… ¿Qué pasa contigo? —se preguntó interiormente. Era verdad, lo había estado… con su padre, con Dar, por el amor de dios… ¿por qué aquel bastardo le hacía sentirse así? Suspiró. Avanzó penosamente hacia el lavabo, se lavó la boca y se refrescó la cara, que sentía como si estuviera ardiendo, con agua. Se estaba secando la cara con unas toallitas de papel cuando escuchó unos pasos que se aproximaban, levantó la vista y la puerta osciló, abriéndose y dando paso a una cabeza oscura y familiar que se asomaba—. Oh… hola… —saludó a Dar—. Te estaba buscando.
Dar se deslizó dentro y dejó que la puerta se cerrase.
—Yo también te estaba buscando… —miró fijamente a Kerry—. ¿Te encuentras bien?
Kerry asintió embarazosamente.
—Sí… sí… estoy bien… —decidió que Dar no necesitaba más estrés del que ya tenía—. Sólo me aseguré de que la conferencia estuviese en marcha… la conecté y confirmé que los servicios de Londres estuviesen accesibles desde la sala grande de conferencias.
Los ojos azules la estudiaron por un instante con cierta sospecha.
—Bien… bien… te lo agradezco… —Dar miró atrás y se acercó más tocando cariñosamente la mejilla de Kerry—. Estás muy pálida… ¿seguro que te encuentras bien?
Kerry miró alrededor consciente de lo público que era el sitio donde se encontraban.
—Sí… seguro… algo me debió de sentar mal… quizá aquel pastelito de carne que comí… —puso una mano sobre su estómago—. Pero estoy bien.
Dar dio un paso atrás y asintió con alivio.
—Oh… sí, hoy estaban muy aceitosos —comentó—. Bien, como esta crisis ya está resuelta, tengo otra para nosotras.
Kerry suspiró.
—Dispara —respondió—. ¿Qué ocurre ahora? —Siguió a Dar fuera y se dirigió vestíbulo abajo oyendo los débiles sonidos de la reunión que se estaba realizando en la sala de conferencias.
—Nosotros cuidamos del IS de las plantas de manufactura y tenemos algunas estructuras principales que se han ido abajo —contestó Dar.
—¿Y? —inquirió Kerry—. No parece tan malo.
—Esas estructuras están en Hong Kong —espetó Dar—, que ahora tiene restricción tecnológica, por lo que no podemos ayudar a fijarlas.
—Oh —la mujer rubia se mordió el labio—. Eso cambia las cosas.
—Mm…
—¿Y si pasamos los circuitos clandestinamente dentro de las galletas de la fortuna?
Dar se rió entre dientes irónicamente mientras se dirigían corredor abajo.
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—¿Dar? —la voz de María quebró su concentración cuando se encontraba absorta estudiando unos diagramas de circuitos. Dar echó un vistazo hacia arriba volviendo repentinamente a tener consciencia del tiempo.
—¿Sí? —preguntó mientras consultaba su reloj. Mierda.
— Mariana acaba de llamar… y el autobús ya ha llegado —le comunicó la secretaria—. Pregunta si ya estás preparada.
Dar se reclinó en su silla contemplando con disgusto el montón de cosas que tenía encima del escritorio.
—No… pero eso no va a impedir se lleve a cabo la excursión, ¿verdad? —murmuró en respuesta—. Tengo una montaña de papeles que necesito pasar…y tres informes esperando… —suspiró frotándose las sienes—. Dile que me cambiaré y bajaré en diez minutos… ¿podrías llamar a Kerry y ver si ella ya va para abajo?
—Aún no —respondió una suave voz procedente de la puerta interior.
Dar levantó la vista para mirar la cabeza de Kerry que asomaba al interior de su despacho.
—Olvida eso último, Maria… ella está aquí mismo.
— Vale… cubriré las cosas aquí, Dar… intenta pasar un buen fin de semana, ¿de acuerdo? —incluso María parecía poco convencida, ya que conocía la situación—. Buena suerte .
—Gracias —la mujer morena suspiró—. Un buen fin de semana para ti también, María. —Le echó una mirada a Kerry—. ¿Preparada?
Kerry entró, ya vestida con vaqueros y una sudadera.
—En la medida de lo posible —miró irónicamente a Dar—. Acabé todo lo que pude, pero aún hay un montón de asuntos pendientes, la semana que viene va a ser de locos.
—Lo sé —suspiró Dar. Se levantó y enderezó sus más de seis pies de estatura mientras giraba el cuello para relajarse—. Vaya día… de acuerdo, deja que me quite este traje para monos e iremos para abajo. —Rodeó el escritorio con unos pocos pasos y estiró los brazos—. ¿Uno para el camino?
No obtuvo argumentos en contra por parte de Kerry, que se deslizó dentro del abrazo de Dar sintiendo la fresca seda bajo sus brazos, la cual se iba poniendo más cálida al tiempo que apretaba los brazos alrededor del cuerpo de la alta mujer.
—Mmm… —sintió la presión de unos labios contra su cabeza y se sumergió en la dulce sensación deseando quedarse así como estaba en vez de tener que subirse a aquel maldito autobús.
Tras un largo momento, se separaron con desgana y Dar pellizcó la mejilla de Kerry con sus dedos.
—Me molesta tener que gastar todo un fin de semana fingiendo que no estoy desesperadamente enamorada de ti —declaró seriamente—. Creo que me molesta más eso que el hecho de tener que ir.
Kerry se ruborizó ligeramente.
—Sólo espero no meter la pata y olvidarme de que sólo eres mi jefa —admitió—. Es mejor que permanezcas lejos de mí esta noche —le advirtió dándole una palmada cariñosa a Dar—. Ve a cambiarte…voy a por mi mochila.
Dar suspiró, pero accedió. Se quitó el traje oscuro y vistió unos cómodos vaqueros y un polo. Metió los faldones del polo dentro de los vaqueros, se abrochó el cinturón al tiempo que echaba un rápido vistazo al reflejo en el espejo y se peinaba antes de colgar el traje y volver al despacho.
—Dar, fuera hace frío —le regañó Kerry—. Ponte un jersey o algo, vas a resfriarte. —Inspeccionó en la mochila de su jefa y extrajo una sudadera suave y algodonada—. Ponte esto.
—Sí, mamá —rió Dar entre dientes, pero hizo lo que le había dicho deslizando la prenda por su cabeza y ajustándola a su cuerpo—. ¿Mejor?
Kerry observó el extraordinario color carmesí contra la piel bronceada de Dar y su pelo negro y sonrió.
—Oh… me gusta… el rojo te sienta muy bien —se colgó la mochila al hombro y exhaló—. Bueno, vamos allá.
Fueron hacia el vestíbulo y cogieron el ascensor. Descendieron en silencio intercambiando una última mirada antes de que la puerta se abriese.
El resto del grupo se encontraba esperando y las observaron con irritación cuando se les unieron.
—Perdón —se dirigió a la mujer que las había mandado buscar vivamente—. Sólo intentaba acabar algunos asuntos.
La mujer, una rubia desenvuelta de risa contagiosa asintió.
—Bien, estupendo… me alegro de que os unáis a nosotros —comprobó su carpeta—. Vosotras debéis de ser Roberts y Stuart, ¿cierto?
Dar asintió: —Sip.
—Excelente. Bien, de acuerdo… me llamo Skippy, y seré vuestra guía durante el seminario —comprobó su lista—. Lo que vamos a hacer es subirnos al autobús y comenzar… el campamento se encuentra a unas tres horas y media al norte y durante el camino rellenaremos algunos cuestionarios. Hay algunos aperitivos en caso de que alguien tenga hambre, ¿de acuerdo?
—¿Un aperitivo? —objetó José—. Hey, vamos… la mayoría de nosotros no hemos almorzado. —Miró alrededor abrochándose la chaqueta—. Son casi las seis. —Unas cuantas personas del grupo asintieron ante su comentario.
—De acuerdo —Skippy no se dio por abatida—. Tenemos algunas cenas completas a bordo… así que vamos, os explicaré más sobre el programa cuando nos pongamos en camino. —Los examinó y se subieron al enorme autobús alquilado—. Ahora bien, nadie lleva ninguna cosa nauseabunda como ordenadores ni nada por el estilo, ¿verdad? —les recordó—. Vamos a intentar llevar vuestras mentes a un espacio diferente este fin de semana.
—Me pregunto cuánta gente le habrá pedido crema de cacahuetes —comentó Duks en un murmullo provocando que Dar riese entre dientes—. No me puedo creer que esté haciendo esto, amiga… ni que lo estés haciendo tú, ya que estamos.
Dar se encogió de hombros.
—No nos hará mal —respondió lacónicamente mientras observaba a Kerry subir al autobús.
Subió tras ella agradecida por dejar atrás el denso olor a diesel. El autobús estaba forrado por dentro con terciopelo y tenia dos filas de asientos que iban hasta el final y que estaban separadas lo suficiente como para proporcionar un espacio decente en el que ubicar las piernas. En realidad no había motivos para estar apretados, por lo que Dar desganadamente pasó la fila donde se había sentado Kerry y se deslizó a la fila posterior, colocando el brazo entre los dos sitios y desperezándolo. Si se inclinaba contra la ventana podía ver la cabeza de Kerry haciendo lo mismo. Cuando la miró, la mujer rubia se volvió para atrás y se asomó por la separación.
Sacó la lengua haciendo que Dar sonriese, sonrisa que Dar ocultó rápidamente al ver que Steve se sentaba en su misma fila, clavando sus amenazadores ojos negros. Duks ocupó el sitio posterior a ella y Mariana ocupó el que estaba detrás de Steve, haciendo que Dar se reprendiese severamente a sí misma por no haber acordado con Kerry hacer lo mismo.
Genial. Ahora estaba obligada a ver el obsceno hocico de Steve durante tres horas. Con un suspiro de resentimiento, Dar subió una rodilla y apoyó el brazo contra la misma mientras el autobús salía del aparcamiento encaminándose hacia el débil ocaso.
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—Aquí tienes. —Skippy sonrió a Kerry mientras le tendía su carpeta con un montón de papeles dentro—. Rellénalos todos y si tienes alguna duda, pregúntame.
Kerry cogió los papeles.
—De acuerdo… ¿para qué es todo esto? —preguntó echándole un vistazo a los cuestionarios.
Skippy apoyó una mano en el respaldo del asiento que se encontraba a su lado.
—Bueno, es para que podamos conocerte mejor… y así podamos ajustar el seminario de acuerdo a tus necesidades.
—Ah… ¿no sería más eficiente si nos los hubierais entregado antes de recogernos? —inquirió con curiosidad—. Me refiero a que… no parece que tengáis mucho tiempo para hacer ajustes.
La viva sonrisa de Skippy se desestabilizó.
—¿Por qué?, estaremos levantados toda la noche si es necesario… no te preocupes… sólo rellena los cuestionarios.
Kerry tiró la capucha de su bolígrafo y estudió las hojas.
—Si la conociera mejor… diría que esto es sólo para mantenernos ocupados durante el viaje —murmuró sacudiendo la cabeza—. Porque no sé que tipo de ajustes vais a hacer con la lista de mis libros favoritos.
—Bueno, bueno…tan sólo déjanos hacer nuestro trabajo… esa información dice mucho sobre ti a nuestros analistas —le informó Skippy mientras huía pasillo abajo extendiéndole a Dar su carpeta y volviéndose para ofrecerle a Steve la suya—. Aquí tenéis… ¿alguna…hum…pregunta?
—Sí… ¿tiene un asiento asignado o puede ayudarme a rellenar mi carpeta? —le preguntó Steve dedicándole una sonrisa a la joven rubia.
Skippy le brindó una radiante sonrisa.
—Bien, déjame repartir el resto y volveré a echarte una mano, ¿vale? —se apresuró por el pasillo asegurándose de que todos tuviesen una carpeta—. ¿Sí? —Se inclinó donde Duks estaba sentado—. ¿Necesita alguna cosa? ¿Un bolígrafo?
Duks levantó uno de sus inagotables abastecimientos de bolígrafos mecánicos.
—No, gracias.
—Tú debes de ser contable —le sonrió—. Los contables siempre tienen de esas cosas.
Duks asintió solemnemente.
—Cuando te gradúas en la universidad con el título de finanzas te dan una docena de cajas de bolígrafos —le aseguró—. Con tu nombre grabado en ellos. —Le enseñó uno—. ¿Ves?
—Oh…sí. —Skippy se apartó de él sigilosamente y dirigió una resplandeciente sonrisa a Dar, que se encontraba escribiendo su nombre limpiamente—. ¿Y tú qué eres?
—Un problema —respondió Dar mirándola fijamente bajo sus negras pestañas y dejando asomar una vaga sonrisa a sus labios.
—Ah —Skippy retrocedió—. Bueno, ¿qué tal unos refrescos, eh? Tenemos de cola, naranja y lima.
—Leche —respondió Dar intentando sacarle la máxima diversión posible al fin de semana, lo que incluía atormentar a pequeñas rubias que estaban lejos de ser como la suya.
—Leche… vale… creo que tenemos algo de eso… déjame ir a ver —huyó por el corredor en dirección a la parte delantera del autobús, donde Eleanor y su ayudante se encontraban instalados en un suntuoso esplendor. La VP de Marketing llevaba una colorida y gruesa tela trenzada alrededor de sus rodillas, y su ayudante, un hombre alto y delgado cuyos ojos pestañeaban nerviosamente tras gruesas gafas, se encontraba encorvado sobre sus cuestionarios. Todos los demás habían optado por llevar vaqueros, excepto José, que llevaba unos pantalones chinos impecablemente planchados y una guyabera.
Dar encogió las rodillas y reposó la carpeta sobre ellas mordiendo su bolígrafo mientras estudiaba los cuestionarios. Constaban de una colección de preguntas significativas para probar su perfil psíquico interno, razonó, pero por otro lado, ¿por qué preguntaban si prefería pollo o pescado, o si en un viaje de avión cogería el asiento que daba al pasillo o el que daba a la ventana? En parte pensaba que Kerry tenía razón y este material era sólo para tenerlos ocupados por un rato, hasta que llegasen o hasta que el aburrimiento del viaje se asentase y se quedasen dormidos.
Skippy regresó y le extendió a Dar un pequeño paquete de leche. Después se sentó junto a Steve y comenzó a abordar las preguntas del cuestionario con él.
—Psst —un suave susurro llamó su atención y le echó un vistazo al respaldo del asiento delantero. Los ojos verdes de Kerry estaban clavados en ella.
—¿Si? —preguntó suavemente.
—¿Ganamos puntos si conseguimos contestar más del diez por cien de las preguntas con “ninguno de los indicados”? —inquirió la mujer rubia—. Detesto todos los animales de la pregunta seis.
—Hey… —dijo a modo de protesta la voz de José— ¿Qué quieren decir aquí “relaciones con animales”? ¿Qué tipo de personas piensan que somos?
—Señor… se refiere a mascotas —Skippy le sonrió vivamente—. Ya sabe, como perritos y gatitos… ¿tiene alguna mascota que adore? —Su sonrisa se extinguió—. No es sobre si usted… uh… ama… no es en ese sentido… hum… nosotros no… no tenemos interés en saber eso.
—¿Qué tal mi pitón? —contestó Duks secamente desde su oscura esquina—. ¿Considera también mascotas las ratas que le doy de comer?
Dar se cubrió los ojos ahogando una risa.
—Hum… bueno, no… porque ellas son… mmm… transitorias, ¿cierto? Nos referimos a mascotas permanentes —respondió Skippy—. De las que están todo el tiempo.
—Como mi Dulcecita —dijo Mariana abstraída desde su asiento al otro lado de Dar—. Es la papagayo más bonita.
Skippy le sonrió.
—¿Ven? Sí… a eso me refiero…
—Mm… la quería mucho, la disequé cuando murió —añadió la VP de Personal—. Ahora ella es la cosa más permanente de mi casa.
Dar apretó fuertemente los músculos del maxilar.
—Sois muy irrespetuosos —dijo repentina y astutamente Steve—. Esta mujer está aquí para hacer su trabajo y todos os lo tomáis a broma. —Les dijo con tono irritado y Skippy le sonrió agradecida—. La compañía lleva esto en serio y vosotros también deberíais hacerlo. —Se sentó sonriendo a la guía, que estaba más relajada, en el asiento de al lado.
Dar suspiró. Iba a ser un fin de semana muy largo.